NOTA: El Dr. Andreas J. Köstenberger presentó esta conferencia durante la Asamblea anual de la Sociedad de Literatura Bíblica (SBL) en San Diego, en el estado norteamericano de California, el 19 de noviembre de 2007. Ésta conferencia es una adaptación de su ensayo What We Have Heard From the Beginning: The Past, Present, and Future of Johannine Studies “Lo que hemos oído desde el principio: Pasado, presente y futuro de los estudios acerca del evangelio de Juan. (ed. Tom Thatcher; Waco, TX: Baylor University Press, 2007).

Stephen Neill dijo que los alemanes nunca entierran sus cadáveres eruditos, “ningún fantasma se acuesta en Alemania.” Resaltaba que en los escritos de Bultmann, por ejemplo, “encontramos la procesión completa de los fantasmas.” No estoy seguro que algunos de nosotros en algunos otros países la estemos pasando algo mejor. No importa donde esté la verdad en un momento determinado, ciertamente, no todo lo que los eruditos proponen debe ser considerado como progreso genuino. Pero si no lo es, al menos algunos de nuestros avances en trabajo de erudición pueden considerarse pasos hacia atrás (aunque a muchos de nosotros, claro está nos cueste trabajo admitirlo), a no ser que usted sea un post modernista de línea dura (si tal cosa realmente existe). Esto me lleva a reflexionar en la pregunta que traigo para discutir hoy: “¿Qué constituye progreso en cuanto a estudios Bíblicos en general, y en cuanto a estudios acerca de los escritos de Juan en particular?”

Para mi mente, el asunto más fascinante presentado en el ensayo de Don Carson es precisamente acerca del “progreso” en erudición Bíblica. En 1990, Moody Smith podía decir sin temor a ser contradicho que la versión de Lou Martín acerca de la “hipótesis de la comunidad de la teología de Juan” constituía uno de los seguros paradigmas en lo que estudios acerca de la teología acerca de Juan se refiere sobre la que otros podrían edificar con confianza sus hipótesis. Una década y media después, este consenso se ha erosionado significativamente. De hecho, algunos proponentes iniciales de esta hipótesis han renunciado a ella públicamente, mientras que otros la han criticado con severidad alegando que toma el testimonio de la iglesia primitiva en forma inadecuada y por estar en desacuerdo con el cristianismo del primer siglo, sin mencionar la dificultad que presenta la misión de la teología acerca de Juan para lecturas sectarias más radicales que el evangelio según San Juan.

Lo que hace apenas poco tiempo parecía ser un fundamento común de la erudición en teología sobre Juan ha dado así a un estado de cosas en el cual “el centro no se sostiene.” Don Carson habla de la “balcanización” de los estudios acerca de la teología acerca de Juan y nota la ausencia de paradigmas ampliamente aceptados. De hecho, parece que a pesar de los esfuerzos de integración (tales como nuestra discusión de aquí hoy), la disciplina está en considerable fermento si es que no está en desintegración.

El estado de los asuntos, a mi punto de vista, está atado a la noción de “progreso” en erudición Bíblica. Frecuentemente, ciertos puntos de vista en erudición acerca de la teología sobre Juan han sido volcados no basados en nuevas y mejores evidencias, sino debido a diferentes presuposiciones filosóficas que llevaron a los eruditos a abandonar puntos de vistas establecidos por aquellos que conservaban una perspectiva mayor sobre las Escrituras. Al final de este ensayo, Don Carson sugiere que debe haber ciertos beneficios de lo que él llama la erudición “confesional” acerca de estudios en teología acerca de Juan (así como los peligros de “anti-confesionalismo dogmático”). Pienso que él ha puesto el dedo sobre una pregunta clave, sea que se rechace o no se rechace varios compromisos doctrinales como fuera de los límites para la erudición Bíblica haya realmente producido avance alguno en la disciplina que ha llevado a un progreso discernible.

De hecho, yo iría más allá que Carson. Al punto al cual la erudición reciente en estudios teológicos acerca de Juan lleva a ser un callejón sin salida, si no es un paso en la dirección equivocada, en lugar de halagar amablemente tal erudición por su valiosa contribución al campo, deberemos rechazarla el intentar llamar a esto “progreso.” “Progreso” en la erudición de estudios Bíblicos de teología acerca de Juan no debería ser considerado en términos evolutivos como si lo “más reciente” necesariamente significara “más acertado.” En su lugar, la prueba debería colocarse en teorías más recientes para mostrar como son superiores a las maneras establecidas de concebir la naturaleza del evangelio según Juan.

Así que pregunto: ¿Es posible que lo que es visto por algunos como progreso pueda, por el contrario, ser una regresión? En este mundo post moderno los paradigmas son cada vez más extraños. Más aún, el futuro testificará un aumento en la atomización y polarización entre erudición “confesional” y crítica. Idealmente, el texto del evangelio según Juan y la evidencia disponible podrían servir como puntos de referencia comunes y como campo de pruebas para las hipótesis de los eruditos desde una variedad de puntos de vista y compromisos de fe. El tiempo dirá si esta es una posibilidad realista.

Entretanto, pienso que tal vez deberíamos seguir el ejemplo de Nicodemo (y de José de Arimatea) y dar a algunas teorías eruditas acerca de los estudios eruditos acerca de teología en el evangelio de Juan su bien deseado sepelio. En el esquema de cosas salvacionista historicista, el entierro precede a la resurrección. Muchas gracias.

by akostenberger - May 6th, 2008.
Filed under: Escritura, Santa Biblia, Teología.

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