En nuestro libro en inglés, God, Marriage & Family Dios, matrimonio y familia, sostenemos que el matrimonio es un pacto, de hecho, incluso más que un pacto. Tambien notamos que el matrimonio es una institución divina con características de pacto.
Algunos que se aferran al punto de vista de “no permitir el divorcio y ni el segundo matrimonio” han objetado esta caracterización debido a que no afirma completamente la indisolubilidad del matrimonio bajo todas las circunstancias como lo requiere este punto de vista. Ellos caracterizan al matrimonio como un “pacto en el cual Dios participa” y presuponen que los pactos del Antiguo Testamento tales como el pacto Abrahámico son paradigmáticos para la relación entre esposo y esposa.
Pero, ¿es acaso Dios una parte del pacto matrimonial en la misma y exacta manera en la que es parte del pacto Abrahámico y otros pactos del Antiguo Testamento?
El pacto Abrahámico fue entre Dios y Abraham (representando al pueblo de Dios); el matrimonio es entre un hombre y una mujer ante Dios y basada en el hecho de que Dios instituyó en matrimonio en el momento de la creación. Dios es una parte en el pacto Abrahámico (al entrar al pacto con compromisos, al hacer ciertas promesas, prometer cumplir, etc.); Dios es testigo del pacto matrimonial entre el hombre y la mujer, así como el Creador. Él no es una parte en matrimonio particular alguno de la misma manera en que Él es parte de los pactos que Él ha iniciado directamente e ingresado, como el pacto Abrahámico.
Desde mi punto de vista, el discurso de Albert Mohler es perfectamente correcto cuando dice que “el matrimonio se presenta [en la Biblia] como una institución sagrada, un pacto hecho entre el hombre y la mujer delante de su Creador.”
Por esta razón, si un matrimonio falla, no es porque Dios haya fallado, ni por ser él Creador y testigo garantice la indisolubilidad de un matrimonio en particular (como lo enseña la iglesia Católica, al llamar al matrimonio un “sacramento” y desaprobando el divorcio). Los matrimonios pueden resquebrajarse, muy probablemente por adulterio, el cual se castigaba en el Antiguo Testamento con apedreamiento hasta la muerte. Los matrimonios en aquel entonces eran disciplinados estrictamente con la muerte del cónyuge adúltero. ¡No eran indisolubles!
Si los pactos del Antiguo Testamento fueran indisolubles, ¿por qué hubo una necesidad de un “nuevo pacto” (ver el libro de los Hebreos” al citar Jeremías 31)? Y, ¿por qué tantos individuos israelitas no entraron al reposo de Dios (la salvación) como nos recuerda la carta a los Hebreos?
La razón, propongo, es porque solo en Cristo y en el nuevo pacto que instituyó con la iglesia que los verdaderos creyentes están de manera inextricablemente conectados con Dios en una relación de pacto inquebrantable. Es el plan y la voluntad de Dios que los matrimonios sean monógamos y de por vida, pero como Jesús y Pablo lo permiten, los matrimonios pueden ser corregidos en determinadas circunstancias claramente delineadas.
Por esta razón deberíamos tener cuidado de no equiparar simplemente todos los pactos en las Escrituras y permitir, en cambio, que las Escrituras mismas informen a nuestro entendimiento acerca de la naturaleza del matrimonio.
Algo más: ¿Es simplemente una coincidencia que el término “pacto” tal como la palabra griega para pacto, diathēkē) no sea usada para el matrimonio en el Nuevo Testamento? Por el contrario, Pablo, en su mayor discurso acerca de este asunto en Efesios 5:21 al 33, utiliza una analogía de la relación entre Cristo y la Iglesia. Esto implica los principios de liderazgo y sumisión, auto sacrificio, amor y respeto. En Cristo, la relación matrimonial es restaurada como la unión de “una carne” que debió haber sido desde el principio, así como Cristo y la iglesia mantienen una unión íntima, con Cristo como la cabeza y la Iglesia como el cuerpo de Cristo.
El matrimonio es un pacto, definido como una “institución divina a la cual ingresan un hombre y una mujer ante Dios,” pero es más que eso. Es una unión en una carne, redimida y restaurada en Cristo, de manera que la pareja Cristiana pueda traer gloria a Dios testificando de su señorío, su auto sacrificio y amor en toda sumisión y respeto.

El matrimonio es una institución creada por Dios. Históricamente, un pacto es un acuerdo entre dos o más partes. Hombre y mujer en acuerdo delante de Dios para formar el matrimonio. La Biblia establece clara y objetivamente que la gran idea del matrimonio, llámese pacto, no viene precisamente del hombre ni de la mujer; sino que viene del propio corazón de Dios.
Ante este sencilla exposición, vemos que en el pacto de matrimonio, indefectiblemente, sí entran tres actores: Un hombre enamorado, una mujer enamorada, y Dios que ama a ambos y es el diseñador del hermoso pacto que solo será interrumpido por la muerte o el adulterio.
Con ágape,
Abraham