“¿Tienes 30 años de edad y aún soltero? Es tu propia culpa”—una edición de la publicación en inglés, Cristianismo hoy, Christianity Today review resume así el mensaje, al menos en parte, del controvertido libro, también en inglés, Enseriándose acerca de casarse: Nuevo análisis del don de la soltería (Getting Serious About Getting Married: Rethinking the Gift of Singleness), por Debbie Maken. La autora misma hizo el propósito de casarse a los 28 años de edad, se inscribió en una agencia cristiana en la red de Internet y en poco tiempo se casó. Sin embargo, la posición que aquellas que pasan los veinticinco años y están por llegar a los treinta sin haberse casado y que solo deberían culparse a sí mismas por escuchar enseñanzas evangélicas erróneas en este asunto ha creado revuelo entre aquellas que se declaran “inocente” y cuestionan la categórica premisa de Maken (las solteras deben casarse y aquellos que enseñan el “don de la soltería” deberían dejar de representar erróneamente las enseñanzas de la Biblia acerca de una soltería ordenada por Dios), ni para que mencionar su teología de la soltería.
¿Qué dice la Biblia acerca de la soltería? En mi libro en inglés, Dios, Matrimonio y familia: Reconstruyendo las fundaciones bíblicas, (God, Marriage, and Family: Rebuilding the Biblical Foundation), publicado por la misma editorial que el libro de Maken, dedico todo un capítulo, el nueve, titulado en inglés “Dedicación exclusiva al Señor: El divino don de la soltería,” (“Undivided Devotion to the Lord: The Divine Gift of Singleness”), a esta pregunta. La primera parte de este capítulo presenta una teología Bíblica de la soltería en el Antiguo y Nuevo Testamento además de una descripción de la soltería en la iglesia primitiva. Esto es seguido por tópicos relacionados con la soltería como la soltería y el ministerio, la cohabitación y el sexo prematrimonial, cortejo y citas, y la enseñanza acerca de la soltería dirigida a grupos en particular.
El espacio no me permite reproducir el capítulo entero, y refiero a los lectores de esta columna digital a la versión impresa para una cobertura completa. Unos pocos aspectos sobresalientes deben ser suficientes. En pocas palabras, lo que encuentro en los tiempos del Antiguo Testamento, es que la soltería era escasa entre los individuos con edad de casarse. Había aquellos que estaban en el inevitable estado de viudez como Noemí y Ruth (quien eventualmente se casó); eunucos a quienes ampliamente se les menospreciaba y excluía de la adoración congregacional y el sacerdocio (Levítico 21:20; Deuteronomio 23:1); aquellos que no se podían casar debido a enfermedades como la lepra o problemas económicos; aquellos que no se casaron debido a algún tipo de llamado divino (esto fue, sin embargo extremadamente extraño; ver Jeremías 16:1–4); los divorciados (Deuteronomio 24:1–4); y los solteros jóvenes en edad previa al matrimonio.
La situación parece marcadamente diferente en el Nuevo Testamento. Juan el Bautista, Jesús y Pablo fueron solteros, y tanto Jesús como Pablo mencionan el celibato. Jesús los llama “eunucos por causa del reino de Dios” (Mateo 19:12) y Pablo habla de la soltería como un “don de Dios” (1ra a los Corintios 7:7). Tanto Jesús como Pablo indican que tal llamado a la soltería le permite a hombres y mujeres solteros dedicar mayor y exclusiva atención al servicio religioso (ver especialmente 1ra a los Corintios 7:32–25). No hay duda, por lo tanto, que la soltería puede ser la voluntad de Dios para ciertos individuos; en aquellos casos, al menos, la soltería no es una maldición sino un don divino, tal y como “todo don perfecto desciende de lo alto” (Santiago 1:17). De hecho, en ciertas ocasiones y en ciertos momentos la soltería es preferible al matrimonio (1ra a los Corintios 7), aunque el matrimonio continúe como la norma (Matero 19:4–6).
Lo que es más, Jesús enseñó que el estado final de las personas no será casados sino que serán como los ángeles del cielo (Mateo 22:30). Es decir, que todos nosotros ¡pasaremos la eternidad como ángeles! Cuando investigué para escribir este capítulo de God, Marriage, and Family, me sorprendí al hallar que en las Escrituras hay una trayectoria, o un patrón, desde la soltería sea extraña y altamente indeseable (Antiguo Testamento) pasando por la soltería presentada como ventajosa para el servicio en el reino y un don divino (Nuevo Testamento) y llegando hasta la soltería como estado universal de la humanidad en el cielo.
En el libro discuto brevemente las posibles razones para este llamativo hecho (ver especialmente la tabla en la página 198 y los comentarios en las páginas 198 y 199). Para nuestro presente propósito es suficiente cerrar con las siguientes observaciones breves.
Primero, algunos grupos como la iglesia católica romana yerran gravemente cuando requieren el celibato para todos sus sacerdotes. Esto contradice explícitamente las enseñanzas de los primeros apóstoles (1ra a los Corintios 9:5); las instrucciones Paulinas acerca de los ancianos y obispos (1ra a Timoteo 3:2, 4–5, 12; Tito 1:6–7); y descartan de plano las severas advertencias de Pablo en pasajes tales como 1ra a Timoteo 4:3 que en el que la prohibición de casarse es equivalente a propagar las “doctrinas de demonios” (1ra a Timoteo 4:1). Ya he escrito acerca de esto abundantemente en inglés en alguna otra parte.
Segundo, aunque no requiramos la soltería en todos los líderes de la iglesia, no debemos ubicar la soltería como un estatus de segunda categoría o indeseable en la iglesia. Si Pablo llama a la soltería un “don divino,” esto implica que el don es bueno (aunque obviamente, no todos lo tienen). Además, si es llamado un don, es dado por alguien más, Dios, en lugar de originarse en la persona que tiene el don. Lo que nos lleva a la tan repetida pregunta, “¿Cómo sé yo si tengo o no el don?”
Para hacerla breve, mi respuesta a esta pregunta frecuentemente es, “Si te haces esta pregunta por temor a caer y pecar, probablemente quiere decir que no tienes este don.” Habiendo dicho esto, es imposible saber con certeza si alguien tiene o no el don hasta que uno muere. En algunos casos, puede ser la voluntad de Dios que una persona permanezca soltera por un tiempo y luego, en su vida, Dios le provee un compañero o una compañera matrimonial. Y hay muchas situaciones diferentes. En cualquier caso, como he mencionado, Jesús y Pablo aclaran que la soltería tiene sus ventajas para los cristianos y que no debe ser despreciada.
¿Tienes 30 años y aún estás soltera? ¿Tiene razón la autora del ya mencionado libro en su consejo para las mujeres en esa situación que lo mejor es que se despierten y se inscriban en una agencia de citas? No necesariamente. El espacio no me permite una revisión detallada del libro y del argumento de la autora. Es suficiente decir que el liderazgo de Dios es individual y personal y no puede ser reducido a una y solo una forma de guía. ¿Quién es ella para decir como puede Dios guiarte si eres mujer con unos treinta años y aún soltera? A la vez, puede haber un elemento de verdad en lo que ella dice. En algunos casos, y usted necesita examinar si este es el suyo o no, la soltería puede ser auto impuesta (si es en verdad la voluntad de Dios que una persona se case), y puede haber cosas que usted pueda y deba hacer para cooperar con el propósito de Dios en su vida (recordando por encima de todo, que Dios es soberano). Saber esto atrae a la sabiduría, oración, discernimiento, y confianza en el Dios quien solo te conoce y te cuida íntimamente, el Dios que tiene un plan maravilloso para tu vida, un plan que puede, pero no en la mayoría de los casos, incluir la soltería.
Para más información, ver el libro en inglés Dios, Matrimonio y familia God, Marriage, and Family así como mi commentary comentario en inglés de las epístolas pastorales.

[...] mis anteriores columnas aquí y [...]
[...] Dice Pablo, que ser soltero es bueno, si alguno tiene ese don (vea mi diálogo con Debbie Maken aquí, aquí, y aquí al respecto), e incluso allí, aquellos que no se han casado pero que no tienen el [...]
creo aceradamente su comentario, mas bien pienso que la señora Maken es un tanto extremista al hacer las aceveraciones sobre el matrimonio..