Hay pocas tareas más urgentes que la de la iglesia en reflejar sobre la naturaleza de su misión y formular un claro entendimiento de su tarea en el mundo de hoy. Como escribió Pablo, “Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire” (1 Corintios 9:26). He desarrollado los siguientes 12 tesis como una contribución humilde a la conversación en curso sobre este tema. Por favor, lee las tesis y comenta sobre cualquier cosa con lo que no estás de acuerdo o algo que he omitido. Esto será muy útil mientras modifico el contenido para una publicación próxima.
LOS DOCE TESIS
(1) La misión de la iglesia—tanto en la creencia como en la práctica—debe ser fundada
en la teología bíblica de misión. Esto requiere la reflexión sostenida sobre la enseñanza bíblica de misión en ambos Testamentos; una conciencia de las complejidades involucradas en captar el significado de tal teología bíblica de misión; y la adopción de una posición humilde hacia la Escritura como la única fuente legítima de revelación divina y en consecuencia de la comprensión de la iglesia de su misión.
(2) Reflexión sobre la misión de la iglesia debe ser basada en la afirmación de la
autoridad única y completa de la Escritura. A menos que las convicciones de la iglesia con respeto a su misión y las estrategias que ella concibe a base de estas creencias son completamente comprometidas y rendidas a la autoridad de la Escritura, la pureza del pensamiento y de la práctica de la iglesia con respeto a su misión será comprometida, y pensamientos concebidos de las ciencias sociales inevitablemente echará levadura a la masa de su misiología.
(3) La misión de la iglesia debe ser comprendida fundamentalmente en términos de la
fidelidad de la iglesia y de la receptividad al mandato misionario dado por el Señor Jesucristo como está grabado en la Escritura. Si la iglesia debe participar en la misión como está impulsada por la iniciativa de Dios en Cristo (como seguramente es el caso), entonces la misión de la iglesia debe ser concebida como esencialmente receptiva y figurativa por naturaleza. No hay necesidad de “sobreponer” o “ir más allá de” la Escritura en las creencias de la iglesia y en la práctica de su misión.
(4) El entendimiento de la iglesia de su misión debe ser hermenéuticamente sólido. Esto
requiere la consideración de hechos tales como que mientras los Sinópticos enfoquen en la enseñanza de Jesús sobre el “reino de Dios,” en lugar de esto Juan habla de la “vida eterna.” Esto parece advertir contra elevando el “reino de Dios” como la única paradigma por lo cual la misión de la iglesia debe ser entendida. También, Pablo enfatiza la centralidad del evangelio (por ejemplo: Romanos 1:1–2, 16–17) y provee enseñanza sobre la iglesia como el cuerpo de Cristo, los dones espirituales, y la organización apropiada de la iglesia incluyendo las calificaciones de sus líderes (Romanos 12:3–8; 1 Corintios 12–14; y las Epístolas de prisiones y pastorales).
(5) La misión de la iglesia debe comprendida en última instancia en términos
teocéntricos en vez de antropocéntricos. Misiones son parte de la obediencia a Dios de la iglesia, igual como morir en la cruz por los pecados del mundo fue parte de la obediencia del enviado Hijo a quien le envió, Dios el Padre (ver, por ejemplo, Juan 17:4, 19:30). Por lo tanto, el evangelio y su verdad que perdura y relevancia para los pecadores perdidos debe ser el punto principal de referencia mientras que la iglesia se dedica a su misión en vez de necesidad humana y los contextos contemporáneos culturales, políticos, económicos y sociales.
(6) La misión de la iglesia comprendida correctamente y bíblicamente debe ser trinitaria
en su orientación, pero no al costo de descuidar los papeles definidos de las tres personas de la Deidad. La misión de la iglesia debe ser impulsada por la iniciativa de Dios Padre, avanzada en la base de la misión de redención y la comisión de Cristo, y apoderada por el Espíritu Santo. En este sentido, no hay dicotomía entre la misión de la iglesia siendo Trinitaria y Cristo céntrico—debe ser ambos.
(7) El contexto contemporáneo de la misión de la iglesia, mientras importante, no
debería anular la obligación de la iglesia a la autoridad de la Escritura, su necesidad de ser fundada en la teología bíblica de la misión, y la comprensión de su tarea en términos de fidelidad al evangelio. Una vez que se pone el contexto y la experiencia al mismo nivel de la Escritura, el primero, de hecho, toma precedencia, y la autoridad de la Escritura está debilitada con el resulto inevitable que la integridad del evangelio está comprometida.
(8) La iglesia es el agente ordenado por Dios para su misión en el mundo hoy. De la
misma manera que es en Cristo que Dios ha escogido centrar su programa de salvación-histórico, Cristo es la cabeza de su cuerpo, la iglesia. Como escribe Pablo, “En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Éste garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13-14). El deseo de Pablo es que, “¡a él [Dios] sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén” (Efesios 3:21).
(9) La manera en que se extiende el reino de Dios en el mundo hoy es por creyentes
regenerados viviendo su fe cristiano en sus esferas de la vida asignadas por Dios: la iglesia, sus familias, su lugar de trabajo, las sociedades en donde viven (Efesios 5:18-6:9; 1 Pedro 2:13-3:7). Esta realización excluye tanto una escatología demasiado desarrollada como un escapismo o un heroísmo de otro mundo que tiene el efecto de eludir las estructuras sociales y familiares principales en este mundo ordenadas por Dios.
(10) No hay una transformación social verdaderamente duradera aparte de la
conversión personal por medio de arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo. Yo creo que Enoch Wan tiene la razón al enfatizar la indispensable naturaleza personal e individual de la fe en Cristo y al advertir contra una reacción exagerada contra un entendimiento excesivamente individualista de la enseñanza bíblica sobre misiones. Al mismo tiempo, se debe reconocer que las misiones son la tarea de la iglesia, no la tarea de individuos aparte de su membrecía en una iglesia local dada.
(11) La organización humana no implica necesariamente una falta de reconocimiento
de Dios y su iniciativa en misión. Aunque esto puede ser, y ha sido, el caso en la historia de la iglesia y su misión, también es cierto que el opuesto de organización es caos, y las escrituras del Nuevo Testamento (especialmente el libro de los Hechos) indican que la iglesia primitiva tomó pasos decididos para organizarse para llevar a cabo su misión exitosamente. Designó y comisionó a misioneros; plantó redes de iglesias y estableció líderes; etcétera.
(12) La tarea de la iglesia hoy es cultivar, renovar, y plantar iglesias compuestas de
una membrecía regenerada espiritualmente y constituidas en conformidad con la enseñanza bíblica respeto al liderazgo de la iglesia. Esta es la tarea inconclusa de la iglesia hoy indicada por la naturaleza abierta del Libro de Hechos y mandado por los pasajes de comisión del Nuevo Testamento. Como dijo Jesús, “Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14; cf. Marcos 13:10).
PARA MÁS ESTUDIO
Ver Christopher J. Wright, The Mission of God: Unlocking the Bible’s Grand Narrative (La misión de Dios: abriendo el gran narrativo de la Biblia) (Downers Grove: InterVarsity, 2006); Andreas J. Köstenberger, The Missions of Jesus and of the Disciples according to the Fourth Gospel (La misión de Jesús y sus discípulos según el cuarto evangelio) (Grand Rapids: Eerdmans, 1998); Andreas J. Köstenberger and Peter T. O’Brien, Salvation to the Ends of the Earth: A Biblical Theology of Mission (Salvación hasta los confines de la tierra: una teología bíblica de misión) (NSBT 11; Leicester, UK: InterVarsity, 2001); and Eckhard J. Schnabel, Early Christian Mission (La misión cristiana primitiva) (2 vols. Downers Grove: InterVarsity, 2004). See also Andreas J. Köstenberger and Scott R. Swain, Father, Son and Spirit: The Trinity and John’s Gospel (Padre, Hijo y Espíritu: la Trinidad y el Evangelio de Juan) (NSBT 24; Leicester, UK: InterVarsity, 2008).
