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DEJA QUE DIOS SEA VERAZ Y QUE CADA HOMBRE UN MENTIROSO

Tuesday, July 13th, 2010

En el curso de la historia del mundo, muchos han creado varias maneras de la salvación.  Casi todas las religiones hechos por hombres tienen una cosa en común: están basadas en una esfuerza humana propia.  Entre las religiones principales, el cristianismo es único en que, si bien, el énfasis cae típicamente en lo que la persona debe hacer para obtener la salvación, el cristianismo enfoca en lo que un hombre—Jesucristo—ha hecho para todos los humanos y lo que ahora está disponible para todos a base de una confianza sencilla en Cristo.

Por lo tanto, las palabras de Pablo suenan en su carta a los romanos: “Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas.  Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen.  De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó” (Romanos 3:21–24).

En su día, Jesús fue preguntado por judíos religiosos, “¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios exige?” (Juan 6:28).  Esto siempre ha sido, y siempre será, la búsqueda humana equivocada para complacer y apaciguar a Dios por una esfuerza humana propia.  Pero ¿cuál fue la respuesta de Jesús?  Fue esto: “Ésta es la obra de Dios: que crean en aquel a quien él envió” (Juan 6:29).  Jesús y Pablo están de acuerdo: la confianza en Jesús para la salvación en base de su obra en la cruz es lo único que se requiere.

¡Qué evangelio tan glorioso!  ¡Qué noticias tan maravillosas!  Por si dependiera de nosotros, nunca pudiéramos hacer lo suficiente para superar nuestra naturaleza pecaminosa o reparar el daño hecho por nuestro pecado.  No sólo murió Jesús, el Dios-hombre, una muerte perfecta que expiaba los pecados, sino también vivió una vida perfecta y sin pecado.  En un intercambio maravilloso, la vida y la muerte de Jesús son acreditadas a la cuenta de los que confían en Cristo: “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios” (2 Corintios 5:21).