En una columna reciente de Baptist Press First Person, Mark Coppenger publicó una corrección de algo que había dicho cuando fue conferencista en el Seminario Southern: que el diezmo de la gente no debe ser basado en su ingreso neto sino su ingreso bruto. En esto, Coppenger presuponía la respuesta (afirmativa) al asunto más fundamento: ¿En primer lugar, deberían diezmar los creyentes (i.e., dar por los menos el diez por ciento de su ingreso, sea neto o bruto)? Coppenger no está solo en esta creencia. De hecho, está asumido regularmente en un nivel popular y en muchos de nuestras iglesias, un “diezmo” mínimo requerido de diez por ciento. Sin embargo, como personas del Libro, debemos tomar nuestra indicación de la Escritura, interpretada correctamente, que requiere una inspección de cerca de enseñanzas escriturales sobre el tema de diezmar y, en términos más generales, la mayordomía cristiana.
La palabra “diezmo” literalmente significa “décimo” y es usado comúnmente para referirse al requisito que uno dé el diez por ciento de su ingreso a Dios. Sin embargo, desde el principio, hay que notar que en ninguna parte fue diezmado el dinero. El diezmo del Antiguo Testamento siempre se refería al producto de la tierra o de la manada. Algunos pueden responder que este fue el caso porque la gente vivía en una sociedad agrícola. Mientras esto es cierto, sin embargo, el “dinero” está mencionado aproximadamente treinta veces sólo en Génesis (e.g., Génesis 17: 12, 13, 23, 27; 31:15; 33:19; etc.). Por lo tanto, antes de que se mencione diezmar en la Ley Mosaico (Levítico 27:30), se ha aludido al dinero aproximadamente cuarenta veces. ¡Hasta la última alusión al dinero antes de que se mencione el diezmar en la Ley Mosaico aun provee reglas para un sistema bancario anciano (Levítico 25:37)!
Los dos Testamentos ven el diezmo dentro del cuadro más grande de dar y adorar. Antes de dar la Ley Mosaico, el diezmar no fue una práctica sistemática y continua sino una forma de dar aislado, hasta excepcional (Génisis 14:20; cf. Hebreos 7:4; Génisis 28:22). La Ley Mosaico incluye estipulaciones respeto al Diezmo Levítico, Festival y al Pobre (o Beneficencia) (Levítico 27:30–33; Números 18:21; Deuteronomio 14:22–29). En conjunto, el diezmo anual de los Israelitas superó el diez por ciento de su ingreso, sumando más del veinte por ciento. De las siete referencias al diezmo en los libros históricos y proféticos del Antiguo Testamento, la referencia más importante es la de Malaquías 3:8 (cf. 2 Crónicos 31:5–6, 12; Nehemías 10:38–39; 12:44–47; 13:5, 12; Amos 4:4), donde la gente es instruida a traer sus “diezmos y ofrendas” (Levíticas) al “alfolí,” o sea el fondo del Templo, y se prometen bendiciones agrícolas para los que acceden.
Hay que notar que en Malaquías, el retener los diezmos fue una señal de un patrón más grande de desobediencia. El diezmo mencionado por el profeta es el Diezmo Levítico (Números 18:21). Esta ofrenda, a que se refiere, fue una fuente principal de los ingresos para los sacerdotes y fueron ofrendas requeridas (no voluntarias). La invitación de probar a Dios es limitada al contexto de Malaquías 3 y no debe ser universalizada. Por esta razón, la prometida recompensa (agrícola), asimismo no se aplica a la gente quien diezma hoy. Además, si este pasaje fuera aplicado consistentemente hoy, las ofrendas–las que los defensores del diezmo llaman la porción dada libremente que ocurre después de que uno haya diezmado–no son de la voluntad propia alguna, sino son requeridas iguales que los diezmos. Por lo tanto, si alguien sólo diera el diez por ciento (no que sólo dieron el diez por ciento los Judíos), esta persona todavía estaría en pecado por robar la “ofrenda” de Dios.
Las referencias al diezmo en el Nuevo Testamento son limitadas a tres pasajes. En Mateo 23:23, el requisito del diezmo del Antiguo Testamento es entendido por el público de Jesús. Los escribas y Fariseos fueron denunciados por establecer un orden de prioridades de las minucias de la Ley sobre asuntos más importantes. Jesús no hablaba a los miembros de una iglesia, sino a los judíos todavía bajo el Pacto Antiguo y así obligados a diezmar. Asimismo, en Lucas 18:9–14, Jesús denuncia el orgullo religioso inoportuno a base de guardar la Ley. Por fin, Hebreos 7 se refiere a la ocasión cuando Abraham dio una décima parte a Melquisedec en el contexto de que el sacerdocio de Melquisedec es superior a lo del Levítico. Ninguno de estos pasajes tienen el diezmo como su tema primario, y ninguno manda el diezmo para la era del nuevo pacto. El caso para diezmar a base de consideraciones sistemática-teológica o pragmática más amplias de la misma manera falla en que, parecido a la circuncisión, Jesús cumplió el requisito de diezmar y lo sustituyó con un mandato a los creyentes del Nuevo Testamento para dar de sí mismos a Dios y dar liberalmente de sus medios (1 Corintios 9:1–23; 16:1–4; 2 Corintios 8–9; Filipenses 4:15–17).
¿Donde deja esto a los creyentes del Nuevo Testamento? No estamos diciendo que está bien ser negligente con el dar. De hecho, el Nuevo Testamento contiene la orientación suficiente para nuestro dar. Segunda Corintios 8 nos dice que nuestro dar debe ser impulsado por las afinidades, por la gracia, y por el amor. Sin embargo, no se menciona nada con respeto al diez por ciento. Además, 1 Corintios 16 nos enseña que cada creyente debe dar; que debe dar regularmente y sistemáticamente (aunque la referencia allí sea para una colección especial); y que la cantidad es relativo al ingreso de uno. Segunda Corintios 9 estipula que la cantidad debe ser basada en la disposición del corazón de uno (v. 7); que debemos dar con el propósito de hacernos carga de las necesidades de otros creyentes; y que nuestra motivación debe ser una de gratitud a Dios por todo lo que él ha hecho por nosotros. Esto es solamente una muestra de los muchos principios que da el Nuevo Testamento para los creyentes con el propósito de dirigirles en su dar.
Para estudiar más de este tema, puede ver la serie de dos partes “’Will a Man Rob God?’ (Malachi 3:8): A Study of Tithing in the Old and New Testaments” (“’¿ Robará un hombre a Dios?’ (Malaquías 3:8): Un estudio del diezmo en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento”) y “Reconstructing a Biblical Model for Giving: A Discussion of Relevant Systematic Issues and New Testament Principles,” (Reconstruyendo un modelo bíblico de dar: una discusión de temas sistemáticos pertinentes y principios del Nuevo Testamento”) Bulletin of Biblical Research 16/1 (2006): 53–77 y 16/2 (2006): 237–60, publicado en http://biblicalfoundations.org/pdf/pdfarticles/bbrtithing1.pdf y http://biblicalfoundations.org/pdf/pdfarticles/bbrtithing2.pdf.
