Archive for December, 2008



Jesus y los testigos oculares

Wednesday, December 3rd, 2008

Es muy probable que el mejor libro escrito durante el año 2006 sea Jesus and the Eyewitnesses (Jesús y los testigos oculares por Richard Bauckham. En esta obra magna, Bauckham argumenta en forma persuasiva que los Evangelios reflejan (por sus nombres) el testimonio de testigos oculares. De acuerdo a Bauckham, la fuente ideal en la literatura antigua Greco Romana no era el observador desapasionado, sino el testigo ocular. Los evangelios escritos, de acuerdo a Bauckham, contienen historia oral relatada a la transmisión personal del testimonio de testigos oculares, no simple tradición oral la cual es el resultado de la transmisión colectiva y anónima de material. En la página 93 de su libro, Bauckham plantea su tesis de la manera siguiente:

“Es el punto de vista de este libro que, en el período que comprende hasta la escritura de los Evangelios, las tradiciones de los evangelios estuvieron conectadas con los nombrados y conocidos testigos oculares, gente que había escuchado las enseñanzas de los labios de Jesús y las habían encomendado a su memoria, personas que habían sido testigos de los eventos de su ministerio, su muerte y su resurrección y han formado las historias acerca de los eventos que ellos relataron. Estos testigos no establecieron un simple proceso de transmisión oral que pronto siguió su propio camino sin referencia hacia ellos. Ellos permanecieron durante todas sus vidas con las fuentes…”

En este contexto, los doce sirvieron como “un colegio autoritativo.” En este aspecto es especialmente importante la frase “desde el principio,” la cual se encuentra en varios puntos estratégicos en los registros de los Evangelios y del Nuevo Testamento (por ejemplo Lucas 1:2; 1 Juan 1:1; comparar con Juan 1:1). Se utilizan algunos otros dispositivos literarios para enfatizar el carácter de los Evangelios del testimonio de los testigos, tal como “el inclusio del testimonio de los testigos” (ver especialmente Marcos 1:16 al 18 y 16:7 para Pedro; Juan 1:40 y 21:24 para el discípulo amado). De acuerdo a Bauckham, el proceso de transmisión de la tradición acerca de Jesús que produce nuestros evangelios canónicos se comprende mejor como una tradición formal controlada en la cual los testigos oculares juegan una parte importante y constante.

El texto de los evangelios fue transmitido no solamente por la búsqueda de identidad de una comunidad sino por razones teológicas profundas, con la seguridad que los eventos de la historia acerca de Jesús tuvieron un significado histórico considerable cuando se comprende desde un punto de vista más amplio, desde el punto de vista de la actividad redentora y salvacionista del Dios de Israel. Jesús no solo era visto como el mero fundador de un movimiento, sino como la fuente de la Salvación. El cristianismo no era solamente un movimiento; celebra el cumplimiento de las promesas de Dios en el Mesías Jesús quien ahora había venido, muerto y resucitado.

Con respecto al evangelio según Juan, Bauckham sostiene que el discípulo amado debería ser conservado como el autor, pero se identifica con el anciano Juan, no con Juan el apóstol, el hijo de Zebedeo, como autor, principalmente, parece, debido a que su lectura de la evidencia patrística (Papias, Polícrates, Ireneo) y debido a su comprensión de la referencia a “los hijos de Zebedeo” en Juan 21:2. Con respecto a este último aspecto, Bauckham encuentra el anonimato del discípulo amado a través del evangelio como un obstáculo insalvable para la autoría apostólica del evangelio según Juan, debido a que “los hijos de Zebedeo” son nombrados; él cree que el Discípulo Amado es uno de los discípulos anónimos de esa lista.

Esto puede ser cierto, pero parece no haber una buena razón por al que Juan el apóstol (si él fue el autor) no se colocara claramente en la escena sin eliminar el anonimato del autor. Visto de otra manera, debido a que el Discípulo Amado debe ser uno de los siete discípulos mencionados en 21:2, y ya que no puede ser Pedro, Tomás o Natanael, hay un 25% de posibilidades que sea Juan el hijo de Zebedeo, y si su hermano Santiago es eliminado (como bien se debería hacer), la posibilidad sube a 33%. El argumento a favor de Juan el apóstol como el autor se hace más probable cuando uno considera la siguiente lista de inquietudes acerca del argumento de Bauckham:

(1) Marcos 14:17–18 claramente ubica a los doce en el Aposento Alto con Jesús en la última cena: esto gravita en contra de la tesis de Bauckham acerca de que el autor no es uno de los doce y parece confrontar un testigo apostólico (Pedro como fuente para Marcos) contra otro testigo ocular (el del discípulo amado).

(2) ¿Cuál es la verosimilitud histórica que alguien diferente a uno de los doce haya estado al lado de Jesús en la última cena, y más aún cuando sabemos que Judas (uno de los doce) estaba en el otro lado?

(3) Bauckham no hace nada con el fuerte enlace histórico entre Pedro y Juan el apóstol en toda la evidencia disponible del Nuevo Testamento (todos los cuatro evangelios, los Hechos, y Gálatas); esto es especialmente significativo a la luz del hecho que Pedro y el Amado Discípulo son indisputable y consistentemente vinculados en el evangelio de Juan.

(4) La presencia de la palabra “Supongo” (oimai) en Juan 21:25 como un dispositivo de modestia del autor (al mantenerse con la etiqueta de “Discípulo Amado”) apoya la integridad del evangelio completo escrito por un mismo autor, quien es identificado en el Evangelio como testigo y puntos estratégicos (por ejemplo 13:23, 19:35)

(5) Metodológicamente, la pregunta que surge es cuan legítimo es darle tanto valor a lo que una persona lee acerca de la evidencia patrística por encima de la evidencia interna de los evangelios mismos.

(6) ¿Qué tan probable es, a la luz de la propia teoría de Bauckham, que el testigo principal detrás del evangelio según Juan no sea un apóstol, sino uno cuyo testimonio es superior incluso al del mismo Pedro? A este respecto, la pregunta surge si el primero hubiera recibido al evangelio, especialmente si fue escrito una generación posterior a la de los evangelios sinópticos y a la luz de la importancia crucial dada al proceso de apostolicidad en la canonización.

(7) ¿Por qué dejó el autor por fuera el nombre de Juan, a no ser que fuera el del Bautista? Con seguridad es sorprendente que alguien tan importante como el apóstol Juan fuese mencionado en el evangelio del todo (aparte de 21:2). ¿No sería más probable que él sea en verdad el Discípulo Amado y el autor del evangelio?

(8) ¿Cuál otro Juan (además del Juan de Hechos 4:6, por Polícrates) recibió alguna vez el crédito de la autoría del evangelio de Juan en la iglesia primitiva?

La fuerza cumulativa de la lista sugiere que el argumento de Bauckham, aunque generalmente lógico cuando recalca la importancia del testimonio ocular de los evangelios, está excesivamente parcializado cuando examina la evidencia de la autoría del evangelio según Juan. De hecho, uno tiene la impresión que la autoría por alguien que no fuese apóstol no es asumida desde el comienzo del argumento de Bauckham. Esto es más sorprendente a medida que parece seguir toda la tesis general de Bauckham. Después de todo, el tema de Bauckham no es simplemente que el testimonio de los testigos oculares sea importante para los evangelios, sino al contrario que estamos tratando aquí con el testimonio ocular apostólico, esto es con el testimonio ocular que es confiable porque proviene de aquellos que estuvieron más cerca de Jesús durante su ministerio terrenal. A este respecto, es difícil ver como el testimonio de uno llamado “Juan el anciano” que es mayormente desconocido y quien no es mencionado en ninguno de los sinópticos o en carta alguna, aparte de las de Juan en el Nuevo Testamento) podría satisfacer el propio criterio de Bauckham. Por otro lado, la autoría apostólica del evangelio de Juan, junto con la importancia de Pedro como testigo secundario, podría encajar perfectamente con la teoría general de Bauckham.

Por estas y otras razones aceptamos y concordamos con la tesis general de Bauckham con respecto al carácter de los testigos de los evangelios aunque no hayamos convincente el tratamiento en contra de la autoría del evangelio de Juan. Más aún en nuestra opinión, el evangelio según Juan, como los otros evangelios canónicos, están fundados en el testimonio ocular apostólico, y que Juan, de hecho, es un evangelio escrito por el apóstol que estuvo más cerca de Jesús durante su ministerio terrenal, algo que cuadra históricamente solo con el apóstol Juan, quien de acuerdo con el testimonio unificado de Mateo, Marcos y Lucas era uno de los miembros del círculo íntimo de Jesús junto con Pedro y Santiago el hermano de Juan.

El Nuevo Testamento apócrifo

Wednesday, December 3rd, 2008

En abril de 2007, J. K. Elliot, crítico textual reconocido mundialmente, presentó una conferencia en el seminario que yo enseñaba ese semestre acerca de Temas Actuales en estudios acerca del Nuevo Testamento. Elliot es además el autor del libro en inglés “El Nuevo Testamento Apócrifo” The Apocryphal New Testament (Oxford: Clarendon, 1993; edición 2005), el cual es una recopilación estándar de la literatura apócrifa del Nuevo Testamento en el campo. Lo que sigue a continuación es un extracto de su conferencia a fin de presentar la relevancia del estudio de los libros apócrifos con respecto a los estudios del Nuevo Testamento.

Elliott proveyó una asesoría eminentemente sobria acerca del valor de este cuerpo de literatura altamente amorfo. Describió su valor principal en términos de su expresión de piedad popular. Hizo notar con respecto al título de su libro que “las” necesidades que leerían tomarse en cuenta debido a que no hay realmente una delineación definida de este cuerpo; y que “apócrifa” tampoco es ideal, debido a que “apócrifa” significa “oculto” y, por supuesto, tenemos esta literatura. Por estas razones, Elliot mismo sugiere un mejor título para esta colección y que debería ser “escrituras cristianas iniciales no canónicas.”

En esencia, y muy útilmente, Elliot estructura su colección bajo cuatro encabezados principales: (1) Evangelios apócrifos; (2) Hechos apócrifos; (3) Epístolas apócrifas; y (4) Apocalipsis apócrifos. Estos encabezados aclaran que el carácter de la literatura apócrifa del Nuevo Testamento es la imitación de los escritos primitivos, ahora canónicos del Nuevo Testamento. Es interesante que Elliot no incluya ninguno de los escritos gnósticos encontrado en Nag Hammadi y en otros lugares, porque estos documentos reflejan un marco filosófico diferente no característico de la literatura apócrifa del Nuevo Testamento. Yo considero esto muy útil. Desafortunadamente, en mucha de la literatura popular y en los medios de comunicación los evangelios gnósticos tales como el evangelio según Tomás y otros evangelios no canónicos a menudo son agolpados juntos. Se puede evitar mucha confusión si la gente aceptara la distinción que aquí hace Elliot.

Al igual que los apócrifos del Antiguo Testamento, mucha de la literatura apócrifa del Nuevo testamento fue motivada por la curiosidad y un deseo de llenar “brechas” imperceptibles en los escritos canónicos de las escrituras. Un buen ejemplo de esto son los evangelios de la infancia, tales como el evangelio de la infancia, escrito por Tomás (el cual no se debe confundir con el evangelio según Tomás). En el capítulo 4 de este evangelio, por ejemplo, leemos que como un muchacho, Jesús fue golpeado contra su hombro por un muchacho que iba de paso. Jesús, enojado, pronunció un juicio contra el muchacho, e inmediatamente murió. Entonces los padres del muchacho vinieron al padre adoptivo de Jesús, José, y le recriminaron diciéndole: “¿Qué tipo de muchacho tienes, que hace tales cosas?”

En el resto de su conferencia, Elliot se centró en muchas áreas en las cuales varios de los escritos apócrifos del Nuevo Testamento han influenciado una piedad popular, la más notable de ellas es la tradición Católica Romana. Las enumera de la siguiente manera:

(1) Devoción a María, especialmente su asunción y el énfasis en la virginidad perpetua de María.

(2) Celibato y ascetismo extremo. Ver Hechos de Tomás 12.

(3) Pobreza: Prácticas monásticas.

(4) Sentimientos en contra de los judíos

(5) Veneración de reliquias: Hechos de Tomás, especialmente el pañuelo de Verónica.

(6) El llamado “infierno desgarrador” por 1 Pedro 3:19: vea el evangelio de Nicodemo, escenas de misterio medieval.

(7) Arte: Pedro crucificado cabeza hacia abajo, Tecla, la apóstol femenina, arrojada al foso de los leones (Hechos de Pablo); Verónica, El evangelio árabe de la infancia (una palmera doblando hacia abajo); Juan y el cáliz envenenado (Hechos de Juan); el asno y el buey en la escena de la Natividad (Evangelio según seudo Mateo; ya en la tapa del sarcófago dos siglos antes); el ciclo de María en la catedral de Cartrés (Protoevangelio de Santiago); El infierno de Dante (Apocalipsis de Pablo); El paraíso perdido de Milton (escenas en el infierno); El poema de Herder de “San Juan” (Hechos de Juan); y

(8) Drama: la película de Hollywood ¿Quo Vadis? (Hechos de Pedro); Frederick Buechner, Lion Country; El himno de Jesús (Hechos de Juan) de Gustav Holst en 1924.

Mientras que los libros apócrifos del Nuevo Testamento no dan luz en la interpretación por sí mismos, proveen un destello importante en la piedad popular siguiente al período apostólico. Si reexamina a esta luz, el estudio de los escritos apócrifos del Nuevo testamento puede ser instructivo. Ayuda especialmente la manera en que estos documentos presentan los recursos de muchas tradiciones de la Iglesia Católica Romana que no están basadas en las escrituras.

La conferencia de Elliot en inglés está aquí.

Si se desea mayor información en ingles, ver el libro de J. K. Elliott, The Apocryphal New Testament (Clarendon: Oxford, 2005); y la obra de David Cartlidge y J. K. Elliott, Art and the Christian Apocrypha (London: Routledge, 2001).