Archive for January, 2008



Aplicación: La parte más difícil en la interpretación

Tuesday, January 29th, 2008

Así que usted ha completado los dos primeros pasos en interpretación, “La observación”y “La interpretación.” Usted ha buscado determinar lo que el texto “significaba”en su contexto original, para sus lectores originales, como se propuso su autor original, al explorar lo que algunos llaman el “primer horizonte” de la interpretación Bíblica. Usted ha estudiado las palabras difíciles, ha subrayado su pasaje como parte de su análisis de flujo de pensamiento y ha revisado los aspectos de trasfondo histórico cultural.

Usted ha tomado la labor de interpretación en oración y ha hecho a un lado sus propias presuposiciones (a través de un hecho que algunos llaman “distanciamiento”) a fin de ser capaz de percibir lo que está en el texto Bíblico (practicando lo que Schatter llamó “hermenéutica de percepción”) en lugar de imponer su propio significado al texto. Ya casi ha terminado. Sin embargo, la parte más crítica, discutible y difícil permanece: la aplicación del texto a usted mismo, a sus estudiantes o a la audiencia.

¿Cómo aplico el mensaje de un texto bíblico hoy en día? Se han dado diferentes respuestas a esta pregunta. Tal vez una de las concepciones populares más comunes es que cada texto de las Escrituras se aplica a todas las personas (y en forma directa). Pero hay claros problemas con este punto de vista. Cuando Pablo le dice a Timoteo que traiga su abrigo y que intente venir a él antes del invierno, ¿Cómo aplica usted y yo esta orden? O ¿Cómo aplicamos el pasaje en el libro de Hechos que narra la historia del pobre Eutico quien se cayó por la ventana durante una de las largas sesiones de predicación de Pablo? ¿Y qué acerca de los pasajes que explícitamente tratan con Israel antes o durante uno de sus exilios, amenazándoles con castigo divino o prometiéndoles restauración? De seguro que no estamos en la misma situación hoy en día, de manera que cualquier aplicación será indirecta en el mejor de los casos. Esto puede no congraciarme con algunos de ustedes quienes leen esta columna digital, pero en mi opinión es evidente que no todo pasaje en las escrituras se aplican en forma equitativa a toda persona hoy en día (o en cualquier momento de la historia eclesiástica), y esto no implica necesariamente un punto de vista inferior de las Escrituras. Es simplemente un asunto en el que el contexto original es importante y hace diferencia en la aplicación.

Otros han argumentado que mientras cada pasaje no puede ser aplicado “literalmente” o “directamente,” podemos determinar el principio de trasfondo y eterno a través de un proceso que llaman “principización.” Aparte de la monstruosidad verbal que se ha creado aquí (“principización” no lo reconocen los revisores electrónicos de palabras ni en inglés, principlization, ni en castellano. Tampoco está en los diccionarios, y yo espero en que permanezca ausente). Dudo que esa “principización” pueda resolver los problemas en lo que se refiere a interpretación. Es, difícilmente, la cura mágica que se dice ser. Para dar uno o dos ejemplos, ¿Cuál es el principio sobre el cual se fundamentan algunos de los ejemplos dados anteriormente? Que deberíamos ayudar a los ancianos que están en la cárcel por la fe, especialmente en el invierno? ¿Que deberíamos evitar interminables predicaciones, especialmente cerca de la medianoche cuando tenemos jóvenes entre la audiencia? La lista podría continuar.

Afortunadamente, por supuesto, en muchos casos la aplicación es considerablemente más directa. Muchas órdenes en las Escrituras, tales como la necesidad de perdonar el uno al otro, el amar uno al otro, y el mostrar compasión hacia los demás se aplica directamente a nosotros. (Aunque, incluso aquí, yo plantearía que es importante comprender el contexto original y la razón por la cual fue dado el mandamiento y a quien es aplicado hoy en día.) En pocas palabras, creo que las epístolas son más fáciles de aplicar debido a la convergencia, al menos por una extensión significativa, entre la audiencia original y la contemporánea: en ambos casos, se trata de creyentes en la era de la iglesia, aquellos que tienen al Espíritu Santo pero que necesitan crecer en Cristo y aprender a caminar de una manera digna de su llamado. Esto, incidentalmente, hace a los Evangelios algo más difíciles de aplicar, porque ahora estamos tratando con individuos, incluso los doce apóstoles, quienes no habían sido aún regenerados y en quienes aún no vivía el Espíritu Santo. (Lo siento, pero no puede usar las negaciones de Jesús por parte de Pedro o las dudas de Tomás como excusas que está bien involucrarse en este tipo de conducta también.)

Parte del problema en aplicar las Escrituras, por lo tanto, es el hecho que puede haber y a menudo lo es, una diferencia en el contexto original y la audiencia y la contemporánea. Para dar un ejemplo, ¿Qué tan adecuado es exhortar su audiencia hoy en día al enseñar el libro de los Hebreos que no deben regresar a su pasada forma de vivir sino recibir a Cristo y vivir para él? Nadie en nuestra audiencia podrá ser tentado a regresar al sistema del antiguo pacto, ¡puesto que la mayoría de ello no serán judíos! O practicar sacrificios de animales y demás. Me atrevo a decir que si esa es nuestra aplicación, errará distanciadamente el blanco (aunque por la misericordia de Dios, su palabra aún hará la obra, debido a que está viva y activa y es más penetrante que toda espada de dos filos, Hebreos 4:12). De manera que lo que debemos hacer es someternos y reconocer que hay una diferencia entre la situación de la audiencia original y la contemporánea y hacer previsiones debido a esta diferencia y adaptar nuestra aplicación de tal manera que es apropiada para nuestra audiencia moderna, incluso si esto significa que nuestra aplicación sea algo más indirecta. En el escenario actual, podemos querer hablar acerca de los peligros del nominalismo o presuposiciones o algo parecido.

El propósito de esta columna no es establecer el asunto de la aplicación de una vez y por todas, ni es proveer guías específicas de adecuación apropiada. Es simplemente dar una nota de precaución y de retarnos a todos nosotros a reconocer, primero, que la aplicación es la parte más crítica, sino la más difícil, en el proceso interpretativo, y, segundo, que la aplicación debe proceder de una manera juiciosa y matizada. Solo si confrontamos algunos de los singulares retos enfrentados por la aplicación, seremos obreros que no tienen de qué avergonzarse, sino que usa bien la palabra de verdad (2da a Timoteo 3:16).

¿Qué piensa usted? Me encantaría escuchar sus pensamientos acerca de cómo aplicar las escrituras adecuadamente a medida que enseñamos y predicamos la Palabra.

El Dr. Köstenberger actualmente trabaja en un libro sobre interpretación Bíblica, con el título tentativo en inglés de, Invitation to Biblical Interpretation, o dicho en castellano, Invitación a la Interpretación Bíblica.

¿Tiene usted un buen matrimonio?

Tuesday, January 29th, 2008

¿Diría usted que usted tiene un buen matrimonio? Algunos de ustedes pueden responder afirmativamente a esta pregunta (esperamos que su cónyuge también lo haga); otros pueden reconocer que hace falta mucho trabajo por hacer antes que usted pueda sostener que tiene un buen matrimonio.

En todo caso, ¿por qué aspirar a tener un buen matrimonio? ¿Simplemente para decir que se siente bien acerca de tener un buen matrimonio? Y, ¿Qué significa tener un “buen matrimonio”? ¿Cuándo es un matrimonio un buen matrimonio? Y, ¿Es mejor que la mayoría de los otros matrimonios de la gente que nosotros conocemos?

Aclaro que “Tiene usted un bien matrimonio?” no es la pregunta correcta. Una mejor pregunta sería, “¿Glorifica su matrimonio a Dios?”

En lugar de pensar en tener un buen matrimonio como un fin en sí mismo, o usando estándares humanos relativos para comparar nuestros matrimonios o con el ideal popular de algún libro del tema de moda, el objetivo del matrimonio que glorifique a Dios afianza nuestro matrimonio donde debe estar afianzado: en el plan eterno y soberano de Dios.

¿Qué es un matrimonio que glorifica a Dios según las Escrituras? Entre otras cosas, esto significa:

(1) Ambos cónyuges están creciendo en Cristo (“sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, en Cristo,” Efesios 4:15) no solo el esposo (los esposos tienen la responsabilidad dada por Dios de alimentar a sus esposas espiritualmente, Efesios 5:25-28) o solo la esposa (una triste realidad en muchos matrimonios donde el esposo es espiritualmente pasivo).

(2) Ambos cónyuges exhiben fruto, tanto física (hijos) como espiritualmente (ambos están involucrados en el servicio cristiano, tanto en forma individual como conjunta). Puesto que el hecho que una pareja sea fructífera y se multiplique está en el centro del propósito de la creación de Dios (Génesis 1:26-28), y no deberíamos egoístamente ponernos de primero, sino tener y criar hijos fortalecidos y amonestados en el Señor (o considerar la adopción si la pareja no pudiera tener hijos).

(3) El matrimonio es entre discípulos de Cristo llenos del Espíritu Santo (Efesios 5:18) quienes están comprometidos a su Señorío y autoridad por encima de todas las cosas. Él es el centro del plan de Dios, no ellos, o incluso su matrimonio (Efesios 1:10). Un matrimonio que verdaderamente honre a Dios no se enfoca en la familia; se enfoca en Dios a través de Cristo.

En un matrimonio como este, el esposo y la esposa están muy ocupados creciendo en Cristo y sirviéndole en equipo, y con su familia, como para preguntarse “¿Tenemos un buen matrimonio?” Sí tienen un buen matrimonio pero no porque tenerlo sea su máxima aspiración, sino porque cualquier cosa que hacemos buscando honrar y glorificar a Dios (incluyendo como conducimos su matrimonio) resultará en bendiciones.

Que Dios sea glorificado en nuestros matrimonios,  para su mayor gloria y para nuestro bien.

Si desea un estudio más detallado acerca del matrimonio y la familia dentro del supremo propósito de Cristo vea el libro en inglés  God, Marriage & Family (Crossway, 2004).

Predica la Palabra (2da a Timoteo 4:1-2)

Tuesday, January 29th, 2008

El apóstol Pablo escribió trece de los veintisiete libros del Nuevo Testamento y dejó una marca indeleble en la iglesia cristiana. Aparte de sus nueve cartas a las iglesias (la mayoría de las cuales él mismo había plantado), escribió además cuatro cartas personales, una para Filemón, otra para Tito y dos para Timoteo, su más destacado discípulo. Mientras que la primera epístola canónica de Pablo, la carta a los Romanos, nos provee de una expresión de peso de la teología del apóstol, es la segunda a Timoteo la que nos construye una intensidad hacia la exhortación en un esfuerzo por asegurar el futuro de la iglesia más allá de la era apostólica.

Hacia el final de lo que llegó a ser la carta final de Pablo a Timoteo, el apóstol hace su último encargo. “Te encarezco” es una introducción solemne para una frase aún más solemne “delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino” (ver 2 Timoteo 4:1). La presente súplica excede a todas las anteriores en solemnidad, intensidad y urgencia. Mientras Timoteo realiza sus labores como el delegado apostólico de Pablo y conservándose dentro de la misma práctica de Pablo (2 Corintios 5:9-11), el apóstol quiere que él siempre tenga en mente la realidad de Dios y la certeza del regreso de Cristo.

El encargo final de Pablo a Timoteo es este (presentando una serie de cinco imperativos en griego): “Predica la Palabra” (en “la Palabra,” ver 1ra a Timoteo 4:12; 5:17). Timoteo ha sido instruido en las “santas Escrituras,”  las Escrituras (2da a Timoteo 3:14-17); son la misma Palabra, la palabra de Dios (2da a Timoteo 2:9), la “palabra de verdad” (2da a Timoteo 2:15), él es solemnemente llamado a predicar (Romanos 10:8; 1ra a los Corintios 15:2). Notablemente, esta predicación no está limitada a la edificación de los creyentes (2da a Timoteo 4:5). Se sobreentiende que se debe impartir a sus oyentes sana doctrina antes que decirles lo que ellos quieren escuchar.

La principal motivación de Timoteo no debe ser complacer a las personas; él deberá tomar primero su consejo y principalmente de la Palabra de Dios. Como dice John R. W. Stott, “No tenemos libertad para inventar nuestro mensaje, sino solo para comunicar ‘la palabra’ que Dios ha hablado y que ahora ha confiado a la iglesia en sagrada encomienda.” ¿Está la palabra de Dios siendo predicada en nuestras iglesias  hoy en día? Debemos proclamar la Palabra en lugar de simplemente sazonar y cocinar al gusto para las “necesidades percibidas” de la gente o usar el púlpito como plataforma para procurar nuestros propios planes personales.

Pablo agrega, primero, que el predicador debe proclamar la Palabra sea popular o no en ese momento (eukairōs akairōs, un oximorón; Marcos 6:21; 14:11; 2da a Timoteo 4:3). Esto desafió tanto a la sabiduría judía como a la griega. El predicador del Antiguo Testamento escribió que hay “tiempo para estar callado y tiempo para hablar” (Eclesiastés 3:7). La retórica convencional greco-romana sostenía de igual manera que el interlocutor cuidadosamente discerniera si ciertas formas de charlas serían oportunas en una situación o no.

De acuerdo a Platón, “el conocimiento de los tiempos para hablar y para mantener el silencio” es crucial (tēn eukairian te kai akairian; Phaedrus 272A). Lo más asombroso es la exhortación de Pablo a Timoteo a predicar la palabra incluso cuando su audiencia pueda no ser receptiva (algunos dicen que la referencia es meramente para la conveniencia propia de Timoteo, pero esto es poco probable).  A juzgar por el libro de los Hechos, esta era también la práctica propia de Pablo. Al final, predecir la respuesta de la audiencia no es la responsabilidad del predicador, tan solo el ser fiel a su llamado. Como escribe Teodoro de Mospuestia, “Cada ocasión constituye un tiempo oportuno para predicar.”

El material anterior es una adaptación de la obra en inglés de Andreas J. Köstenberger, “2 Timothy,” en The Expositor’s Bible Commentary, Vol. 12 (rev. ed.; Grand Rapids: Zondervan, 2006), 592–93.

El trasfondo de información y la interpretación Bíblica

Tuesday, January 29th, 2008

Existen algunos puristas que sostienen una forma de autonomía textual de acuerdo a la cual solo el texto es relevante para la interpretación y el uso de la información de trasfondo es anatomizado. Sin embargo, la mayoría encuentran que el uso de la información de trasfondo es útil, y vital en algunas ocasiones, en darle sentido a un pasaje Bíblico en particular o al libro entero.

 El caso para un uso juicioso de la información de trasfondo no ha sido ayudado por el exceso de aquellos quienes exageran el uso del trasfondo, al llegar al extremo que el claro mensaje de un pasaje determinado es hecho a un lado para mantener el interés en alguna información relevante de trasfondo.

Pero simplemente porque se utilice en forma errónea o se abuse del uso de la información de trasfondo no significa que no pueda o no deba ser usada y aplicada responsable y apropiadamente. Por el contrario, esto, también pareciera ser parte de lo que Pablo llama “usa bien la Palabra de verdad” (2da a Timoteo 2:15).

En mis clases de interpretación Bíblica hablo de la tríada, historia, literatura y teología, la cual provee un marco de referencia apropiado para la comprensión de un determinado libro o texto de las Escrituras, cada una en su sitio, y en el balance y la proporción apropiados para disminuir las posibilidades de distorsión.

Un ejemplo de esto es 1ra a los Corintios 1 al 4, donde Pablo escribe que las divisiones de la iglesia corintia aparentemente se centran en la visión mundana de los corintios acerca del liderazgo, e incluso más específicamente, su enfoque de la retórica. El estilo prevalente (Sofista) de la retórica incluía impresionar a la audiencia con las propias credenciales de uno desde el mismo principio; halagando a los oyentes con amables cumplidos acerca de su ciudad; e incluso permitiendo a la audiencia escoger el tópico del conferencista. 

Por el contrario, Pablo  asegura que no vino con elocuencia (buscando impresionar a su audiencia; 1ra a los Corintios 1:17) mi con sabiduría de hombres (1ra a los Corintios 1:18-31) a fin de no alejarse de la cruz de Cristo como la demostración del poder y la sabiduría de Dios. Esta es la razón por la cual Pablo determinó no saber nada sino a Jesucristo, y éste crucificado (1ra a los Corintios 2:2)

Yo someto que es solamente si comprendemos el sentir retórico prevaleciente en el Corinto del primer siglo que somos capaces de apreciar completamente el argumento de Pablo en 1ra a los Corintios 1 al 4. De hecho, la interpretación de esta unidad de la Escritura es un ejemplo perfecto donde el trasfondo trasciende simplemente el “trasfondo”,  en 1ra a los Corintios 1 al 4, “trasfondo” (al contrastar el enfoque con la retórica) es el tema principal que divide a Pablo de los Corintios.

Leer este pasaje le hace a uno imaginar qué tan apropiado es para alguien en nuestros días postular elocuencia y sabiduría como las piedras fundamentales de la educación Cristiana “clásica.” ¿Cómo puede ser así si Pablo en 1ra a los Corintios 1 al 4 sostiene explícitamente lo contrario, es decir, que él no vino en sabiduría ni elocuencia (1ra a los Corintios 2:1, 4)? ¿Y vino Moisés a los antiguos israelitas con sabiduría y elocuencia?

Otros ejemplos además de 1ra a los Corintios (incluyendo los capítulos 7 al 16) donde el conocimiento de la información de trasfondo es crítico en la interpretación incluyendo las caras a los Colosenses (una herejía sincretista); Hebreos (un intento de algunos de retirarse del Cristianismo y volver al judaísmo); y 1ra de Juan (una forma inicial de gnosis que luego se desarrollo en un gnosticismo  global).

Típicamente, el tipo de información de trasfondo destilado en los llamados “asuntos introductorios” (por ejemplo datos como autoría, fecha, propósito, etc.) es tratado al principio de los comentarios, sermones, o estudios Bíblicos. Yo someto que esto es inadecuado. En su lugar, necesitamos integrar aspectos relevantes de trasfondo y de contexto histórico cultural en una lectura completa y en la interpretación de las Escrituras.

Para asegurarse, como ya he mencionado, el uso de la información de trasfondo ha recibido un mal nombre por parte de algunos que lo han aplicado errónea o excesivamente, pero esto no hace opcional los asuntos de trasfondo histórico.

El texto Bíblico no se originó en el vacío; sino que fue parte de un contexto de la vida real. Este contexto, que no es a menudo intuitivamente familiar a los lectores de hoy en día pero necesita ser cuidadosamente reconstruido y recreado con un trabajo de trasfondo responsable.

Creo firmemente que una aplicación balanceada de todos los tres elementos de la “trilogía hermenéutica”, historia, literatura y teología, producirá interpretaciones que son superiores a las lecturas superficiales de las Escrituras (o incluso simples lecturas “textuales”) aparte del contexto histórico cultural en el cual las Escrituras llegaron a ser escritas. 

Un buen recurso disponible en inglés sobre trasfondos Bíblicos, revisar el Zondervan Illustrated Bible Backgrounds Commentary.