Archive for December, 2007



Más que un pacto

Wednesday, December 5th, 2007

En nuestro libro en inglés, God, Marriage & Family Dios, matrimonio y familia, sostenemos que el matrimonio es un pacto, de hecho, incluso más que un pacto. Tambien notamos que el matrimonio es una institución divina con características de pacto.

Algunos que se aferran al punto de vista de “no permitir el divorcio y ni el segundo matrimonio” han objetado esta caracterización debido a que no afirma completamente la indisolubilidad del matrimonio bajo todas las circunstancias como lo requiere este punto de vista. Ellos caracterizan al matrimonio como un “pacto en el cual Dios participa” y presuponen que los pactos del Antiguo Testamento tales como el pacto Abrahámico son paradigmáticos para la relación entre esposo y esposa.

Pero, ¿es acaso Dios una parte del pacto matrimonial en la misma y exacta manera en la que es parte del pacto Abrahámico y otros pactos del Antiguo Testamento?

El pacto Abrahámico fue entre Dios y Abraham (representando al pueblo de Dios); el matrimonio es entre un hombre y una mujer ante Dios y basada en el hecho de que Dios instituyó en matrimonio en el momento de la creación. Dios es una parte en el pacto Abrahámico (al entrar al pacto con compromisos, al hacer ciertas promesas, prometer cumplir, etc.); Dios es testigo del pacto matrimonial entre el hombre y la mujer, así como el Creador. Él no es una parte en matrimonio particular alguno de la misma manera en que Él es parte de los pactos que Él ha iniciado directamente e ingresado, como el pacto Abrahámico.

Desde mi punto de vista, el discurso de Albert Mohler es perfectamente correcto cuando dice que “el matrimonio se presenta [en la Biblia] como una institución sagrada, un pacto hecho entre el hombre y la mujer delante de su Creador.”

Por esta razón, si un matrimonio falla, no es porque Dios haya fallado, ni por ser él Creador y testigo garantice la indisolubilidad de un matrimonio en particular (como lo enseña la iglesia Católica, al llamar al matrimonio un “sacramento” y desaprobando el divorcio). Los matrimonios pueden resquebrajarse, muy probablemente por adulterio, el cual se castigaba en el Antiguo Testamento con apedreamiento hasta la muerte. Los matrimonios en aquel entonces eran disciplinados estrictamente con la muerte del cónyuge adúltero. ¡No eran indisolubles!

Si los pactos del Antiguo Testamento fueran indisolubles, ¿por qué hubo una necesidad de un “nuevo pacto” (ver el libro de los Hebreos” al citar Jeremías 31)? Y, ¿por qué tantos individuos israelitas no entraron al reposo de Dios (la salvación) como nos recuerda la carta a los Hebreos?

La razón, propongo, es porque solo en Cristo y en el nuevo pacto que instituyó con la iglesia que los verdaderos creyentes están de manera inextricablemente conectados con Dios en una relación de pacto inquebrantable. Es el plan y la voluntad de Dios que los matrimonios sean monógamos y de por vida, pero como Jesús y Pablo lo permiten, los matrimonios pueden ser corregidos en determinadas circunstancias claramente delineadas.

Por esta razón deberíamos tener cuidado de no equiparar simplemente todos los pactos en las Escrituras y permitir, en cambio, que las Escrituras mismas informen a nuestro entendimiento acerca de la naturaleza del matrimonio.

Algo más: ¿Es simplemente una coincidencia que el término “pacto” tal como la palabra griega para pacto, diathēkē) no sea usada para el matrimonio en el Nuevo Testamento? Por el contrario, Pablo, en su mayor discurso acerca de este asunto en Efesios 5:21 al 33, utiliza una analogía de la relación entre Cristo y la Iglesia. Esto implica los principios de liderazgo y sumisión, auto sacrificio, amor y respeto. En Cristo, la relación matrimonial es restaurada como la unión de “una carne” que debió haber sido desde el principio, así como Cristo y la iglesia mantienen una unión íntima, con Cristo como la cabeza y la Iglesia como el cuerpo de Cristo.

El matrimonio es un pacto, definido como una “institución divina a la cual ingresan un hombre y una mujer ante Dios,” pero es más que eso. Es una unión en una carne, redimida y restaurada en Cristo, de manera que la pareja Cristiana pueda traer gloria a Dios testificando de su señorío, su auto sacrificio y amor en toda sumisión y respeto.

El don de la soltería (Parte 3)

Wednesday, December 5th, 2007

Antes de regresar al loable asunto del reino de cambiar pañales, Debbie Maken ha, en sus propias palabras, procurado “diseccionar” mi respuesta   de una anterior columna. Como veremos, ella “diseccionó” mi respuesta, pero muy selectivamente y en muchos lugares para confusión de los lectores.

El disparo inicial es que aquellos en mi “campamento” (¿?) están “hablando de ambos lados de” la boca. Esta es una manera sorprendente e inflamatoria de comenzar su crítica, especialmente a la luz de su anterior columna objetando su tono. ¿Es este el tono que ella quiere usar para modelar el discurso en forma apropiada? Y acerca de la sustancia de su comentario, ¿Hablaron Jesús y Pablo en aquel entonces de ambos lados de sus bocas también, ya que ambos afirmaron que el matrimonio es la norma y el resto de los que están sin casar, por la causa del reino de Dios como un don divino, la excepción?

Maken se refiere luego a “un examen sumamente subjetivo para la soltería” que yo uso “de manera que la regla general del matrimonio pueda ser tragada entera.” No estoy muy seguro de lo que quiere decir con “tragada entera.” Diré más acerca de la parte “sumamente subjetiva” más adelante.

La única respuesta de Maken a mi punto acerca del cual deberíamos dejar la decisión de casarse o no en el caso individual de una persona sola y a la guía del Espíritu Santo es el enunciado sarcástico, “Sabiendo que no soy a quien el Espíritu Santo ha aligerado mi carga significativamente. Descanso mucho mejor de noche ahora.” Sin embargo, sarcasmo no es sustituto para el argumento.

Ella continua al afirmar que la soltería “no es una cuestión de libertad cristiana” como lo es el hecho de comprar un carro. ¿Aboga ella a continuación por obligar a la gente a casarse? (En adelante [ver más abajo] ella siempre habla del matrimonio como un “requerimiento.”) Algunas asociaciones vienen a la mente a este respecto.

Expresa entonces Maken una preocupación “por el cónyuge que ellos [la persona que pecaminosamente no procuró casarse] han podido tener.” Estos son asuntos ampliamente complejos en los cuales se pueda profundizar teológicamente, y finalmente sería mejor dejar estos asuntos a la soberana providencia de Dios.

Ella llega a decir que, “para la mayoría de la historia, los solteros cristianos fueron guiados por el Espíritu Santo para procurar matrimonios temprano en la vida, pero ahora el Espíritu Santo está dirigiendo equipos de cristianos solteros a procurar casarse tardíamente en sus vidas. ¿Está tomando Dios un desvío en su historia redentora?” este comentario niega la comprensión de la naturaleza cultural de ciertas tradiciones matrimoniales. En el antiguo cercano oriente, las chicas se casaban muy jóvenes, a los trece años, y eran entregadas a sus novios en matrimonio por sus padres en la forma de matrimonios arreglados. Se pagaba una dote, etc. (ver mi libro en inglés de Dios, matrimonio y familia). ¿Está Maken diciendo que todas estas tradiciones del antiguo cercano oriente son permanentes y normativas para todas las culturas de hoy en día, incluyendo la de los Estados Unidos? ¿Aboga ella por el matrimonio de chicas a la edad de trece años, que nunca hayan conocido a su futuro marido, sus padres recibiendo una dote y todo lo demás? Estos parecen ser las implicaciones de sus comentarios. Sin embargo, de nuevo, muy pocos podrían apoyarla en estos comentarios hermenéutica teológica y culturalmente.

Cuestiono si Maken está en lo cierto al decir que la decisión o no de casarse está en el mismo nivel ético de la decisión entre cometer o no un aborto, o si Cristo es o no el único Salvador. No hay ningún “don del infierno” en las Escrituras, pero hay un don al permanecer sin casarse por causa del reino de Dios. Son esas, en mi opinión, unas analogías muy pobres. (Notar que no estoy diciendo que la señora Maken es una mala persona, simplemente que ella está usando unas analogías muy malas.)

Maken me atribuye entonces el principio y la creencia que una “persona soltera no ‘satisfecha’…puede ser ‘auto-engañada.’” Yo ni dije esto y ni lo creo tampoco. Permítame preguntar, sin embargo: ¿Está Maken diciendo que todas las personas que no están casadas están auto engañadas? Este parece el caso. De ser así, yo argumentaría que este es una posición altamente arrogante, crítica y altamente inflamatoria para que persona alguna la sostenga.

Maken también habla de mi “intercambiable uso de ‘soltería’ y ‘celibato’” y llama esto “descuido.” He aquí lo que realmente escribí:

Para clarificar, puede ser útil notar que ni “celibato”ni “soltería” son términos Bíblicos; la expresión más frecuentemente usada en este contexto en las Escrituras es agamos, “sin casarse.” En lugar de erigir una dicotomía Bíblica, por lo tanto, será mejor hablar de gente divinamente dotada para permanecer sin casarse por el reino de Dios.

Después de esto, Maken reitera su punto que debemos predicar el matrimonio (y tener hijos) a quienes no se han casado tal y como debemos predicar a Cristo a todos. Ya me dirigí a este punto anteriormente. De nuevo, permítanme decir que estos con asuntos teológicos complejos, y creo que Maken vadea en estos sin la preparación adecuada.

Maken procede a afirmar que “estar casado con el cónyuge de nuestra juventud es requerido por Dios en las Escrituras” y que no debemos “privatizar nuestra soltería como una incógnita cósmica puramente dependiente de nuestras circunstancias o conciencia o las direcciones personales del Espíritu Santo.” Acerca de la apelación de Maken al pasaje de Proverbios, esto constituye un mal uso de las Escrituras, porque (1) el pasaje en Proverbios habla de permanecer casado y no de casarse; y (2) es ilegítimo usar este pasaje como soporte Bíblico para el matrimonio como un “requerimiento.” Hasta donde yo sé, en ningún lugar de las Escrituras se usa lenguaje de “requerimiento”con respecto al matrimonio. Y acerca de la terminología de Maken, de “privatizar,” tal vez “personalizar” hubiese sido un mejor término. De hecho, la guía del Espíritu Santo es personal, ¿Lo es o no?

Con respecto a la afirmación de Maken de que ella tiene un “examen objetivo” o si una persona debería o no casarse, debería recordarse que Mateo 19:11–12 y 1ra a Corintios 7:7 estipulan un don divino de permanecer sin casarse por el reino de Dios. ¿Cuál prueba “objetiva” sugiere Maken para determinar si alguien tiene el don? ¿La prueba del “logro monumental”? ¿La prueba “de la inmunidad a la tentación sexual”? Estos difícilmente son pruebas más objetivas que las que ella expone como excesivamente subjetivas.

Ella cita a Mateo 19 y 1ra a los Corintios 7 como apoyo a la noción de que “la naturaleza fundamental del hombre requiere el matrimonio, y que si deja de casarse en un tiempo determinado, está colocando su cuerpo y su espíritu en una situación de peligro.” Encuentro difícil de ver como tales pasajes de la Biblia sostienen lo enunciado por Maken. Además, cita el catecismo de Westminster, aunque en todas las demás ocasiones es sumamente crítica a la teología reformada (incluyendo a sus proponentes como John Piper). Esto parece ser el caso de citar fuentes cuando parecen apoyar el argumento, pero dejar de citarlos cuando no. Esto es ampliamente conocido como “el uso selectivo de la evidencia” y no califica como erudición seria.

Más adelante, Maken presenta a Jeremías y Juan el Bautista como prototipos de aquellos que han permanecido sin casarse debido al reino de Dios. Para estar seguros, estos dos individuos pertenecen a esta categoría, pero ¿cómo sabe Maken que son típicos? Ni Jesús ni Pablo citan específicamente a Jeremías ni a Juan el Bautista, o a ningún otro individuo específico (a no ser Pablo a sí mismo), ni llegan ellos a decir que este don es “raro” o algo parecido, como mencioné en mi columna digital anterior (no hay respuesta de Maken acerca de este asunto).

En conclusión, Maken sostiene que ella tiene “un cuadro entero” de teólogos de su lado, así como el “precedente histórico … las Escrituras, y … la buena lógica antigua.” De ser así, uno se pregunta la razón por la que Maken, a la vez, da la impresión de ser la voz que clama en el desierto en este asunto (disculpen por la alusión a Juan el Bautista).

Mencioné al principio que Maken es altamente selectiva en “diseccionar” mi columna digital anterior. He aquí una lista de tópicos que yo presenté y los cuales ella no menciona:

  • Su argumento de que 1ra a Timoteo 3:2 excluye a los hombres no casados de servir en el liderazgo de la iglesia (hasta donde sé no es sostenido por ningún comentarista serio que haya sido publicado hoy en día); además, ella requiere que aquellos que estén casados también tengan hijos, pero ella nunca explica las implicaciones de este requerimiento con respecto a aquellos que son incapaces de procrear;
  • Su razonamiento de que debido a la naturaleza inmutable de Dios el matrimonio es la norma desde Génesis 2 y no puede ahora ser cambiada a la soltería como un don divino (a propósito, ¿cómo adapta ella este argumento con el enunciado de Jesús de que en el estado eterno no habrá más matrimonio? Si Dios no cambia, y su propósito inmutable es el matrimonio, ¿Cómo podemos interpretar lo dicho por Jesús que en el cielo no habrá más matrimonio?);
  • Mi argumento que ni en el enunciado de Jesús ni en el de Pablo a este respecto (Mateo 19 y 1ra a los Corintios 7, respectivamente) se hace referencia alguna a que la soltería sea considerada como algo “raro”o “escaso” o limitado a “logros monumentales” (“la prueba objetiva de Maken”).

Maken parece, además, que no puede o no desea reconocer que yo abogo por el matrimonio como norma hoy en día y el evitar el matrimonio para aquellos que han recibido este don. Como mencioné en mi columna anterior, esta es un área en la cual ella y yo estamos de acuerdo (sea que ella esté o no preparada para reconocerlo). No es útil para alguien que mantiene una posición extrema (como Maken, quien sostiene que el matrimonio es un “requisito” virtualmente universal) intentar empujar a alguien que mantiene un punto de vista diferente hacia el extremo opuesto. Lo que a ella le parece estar hablando de ambos lados de la boca es de hecho un esfuerzo por sostener perspectivas Bíblicas en tensión, lo cual es precisamente lo que Jesús y Pablo trataron de hacer en mateo 19 y 1ra a los Corintios 7. Yo le invito a leer ambos pasajes y ver si tanto Jesús como Pablo buscaban afirmar la legitimidad tanto del matrimonio como de los demás que aún están sin casarse por el reino de Dios por aquellos divinamente dotados en estos pasajes de la Biblia. En mi opinión no está claro como Maken puede afirmar que tiene las Escrituras de su lado mientras que ella no mantiene el mismo balance característico de Jesús y Pablo en la adjudicación que ella hace de este asunto.

En conclusión, estoy asombrado por la naturaleza tan centrada en los hombres y el énfasis en el trabajo de Maken. Ella llama a quienes no están casados a “tomar las cosas en serio y procurar el matrimonio.” ¿Es la realidad tan simple como ella lo dice? ¿Es la falta de una seria intención realmente el mayor y el más importante de los problemas y tomar las cosas en serio con respecto al matrimonio la solución? Parece que el énfasis de Maken es casi en la iniciativa del hombre (o de la mujer), mientras que la providencia de Dios y la guía del Espíritu Santo son menospreciadas. ¿No deberíamos confiar en Dios acerca del momento y la forma en que él nos guía en esta área tan intensivamente personal de nuestras vidas? Al final, uno se pregunta que tan cristiano es el razonamiento de Maken y hasta que punto un teología sin profundidad oculta un enfoque en las personas que van a tratar de forzar la mano de un recalcitrante y ambivalente Dios quien ha dejado por tanto tiempo a los humanos a merced de sus propios estratagemas y mecanismos.

Ver mis anteriores columnas aquí y aquí.

Alerta: Algunas próximas publicaciones

Wednesday, December 5th, 2007

“¿En qué andas?” “¿En qué estás trabajando?” Estas son preguntas que me hacen a veces. Ya que usted pregunta, he aquí mi respuesta.

Acaba de salir, en septiembre 2006, el volumen 12 del Comentario del Expositor Bíblico en inglés, Expositor’s Bible Commentary (ed. Tremper Longman y David Garland), el cual incluye mis comentarios en 1ra y 2da a Timoteo y Tito en las páginas 488–625.

Hace pocos años, participé en una conferencia acerca del uso del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento en la Escuela de Divinidad McMaster en Hamilton, Ontario en Canadá. Los documentos de la conferencia han sido publicados, en inglés, en un formato revisado en  Hearing the Old Testament in the New Testament (ed. Stanley E. Porter; Grand Rapids: Eerdmans, 2006). Entre los contribuyentes están Stanley Porter, Dennis Stamps, Timothy McLay, Michael Knowles, Craig Evans, Paul Miller, James Aageson, Sylvia Keesmaat, Kurt Richardson, y este servidor. Mis ensayos “El uso de las Escrituras en las Pastorales, las Epístolas Generales y el libro de Apocalipsis” (“The Use of Scripture in the Pastoral and General Epistles and the Book of Revelation”) y “Escuchar el Antiguo Testamento en el Nuevo: Una respuesta,” (“Hearing the Old Testament in the New: A Response,”) se encuentran en las pp. 230–54 y 255–94, respectivamente. El libro reúne ensayos acerca del uso del Antiguo Testamento y del Nuevo relacionados con la retórica, la Septuaginta (LXX) y cada uno de los libros de Nuevo Testamento. Haría un excelente texto para una clase en el uso del Antiguo y Nuevo Testamentos.

Hablando del uso del Antiguo Testamento en el Nuevo, pronto se publicará, en inglés, una gran obra de referencia editada por D. A. Carson y G. K. Beale, Commentary on the Use of the Old Testament in the New (Grand Rapids: Baker). (Comentario acerca del uso del Antiguo Testamento en el Nuevo). Esta nueva obra de referencia se presentará en formato de comentario desde Mateo hasta Apocalipsis, y comentará todas las instancias significativas del uso del Antiguo Testamento en el Nuevo. Entre los colaboradores están Eckhard Schnabel, Douglas Moo, Rikki Watts, los editores y este servidor (en el Evangelio según Juan). Se prevé que el libro esté disponible en Noviembre del 2007 para la Conferencia Anual de la ETS (Annual ETS Meeting).

Continuando en el mismo tema, también escribí el capítulo “Testament Relationships” (“Relaciones Testamentarias”) para la próxima aparición del Dictionary of Biblical Interpretation (ed. Stanley E. Porter), (Diccionario de Interpretación Bíblica), el cual saldrá a la venta en los próximos meses.

Otra publicación próxima es el ensayo de “El Bautizo en los Evangelios” (“Baptism in the Gospels” in Believer’s Baptism: The Covenant Sign of the New Age in Christ [ed. Thomas R. Schreiner and Shawn D. Wright; Nashville: B & H]). Ardel Caneday, Mark Dever, Duane Garrett, Steven McKinion, Jonathan Rainbow, Thomas R. Schreiner, Robert H. Stein, Stephen Wellum, Shawn D. Wright, y este servidor. El libro provee un tratamiento comprehensivo del bautizo en Estudio Bíblicos, historia eclesiástica y Teología Sistemática y está preparado para aparecer en enero del 2007.

Finalmente, el próximo ejemplar del Bulletin of Biblical Research 16/2 (2006) (Boletín de Investigación Bíblica) presentará la segunda parte de mi serie de dos acerca del diezmo (en colaboración con David A. Croteau), “Reconstructing a Biblical Model for Giving: A Discussion of Relevant Systematic Issues and New Testament Principles.” (La reconstrucción de un modelo Bíblico de dar: Una discusión de aspectos relevantes sistemáticos y principios del Nuevo Testamento.”)

Gracias por su interés. Es hora de regresar al trabajo…

Hermenéutica en la Bloguesfera: El género del “Blog”

Wednesday, December 5th, 2007

Si el pensamiento hermenéutico reciente nos ha enseñado algo, es que la interpretación Bíblica debe proceder de manera de conservar el género dado de un texto en particular. Se me ocurre a mí que si esto es verdad con respecto a la interpretación de pasajes Bíblicos, también es verdad con respecto a los blogs o columnas de opinión virtual.

¿Cuál es, entonces, el género de un “blog”? Reconozco que mi investigación aleatoria a este respecto (por ejemplo, la lectura concienzuda no científica de una variedad de blogs en el pasado año) indica que hay poco escrito al respecto. De hecho, el actual blog puede ser el primer esfuerzo para tratar precisamente con este tema.

Si se puede decir algo con autoridad acerca del sujeto, es que no hay ningún patrón uniformemente discernible con el género del “blog.” He aquí la manera en la cual algunos, casi siempre en un nivel implícito, parecen concebir de lo que se trata al escribir un blog, para ellos:

  • Diario: varios ingresos de notas que revelan información privada de manera algo pública; no hay una línea clara y nítida entre este género o el siguiente, aquel de “periódico”; técnicamente, los periódicos tienen la intención de una circulación mucho más amplia, mientras que los diarios son de naturaleza más privada
  • Periódico: muchos blogs toman la forma de notas personales, o viajes, reflexiones sobre Estudios Bíblicos, y más, al asumir que lo que un individuo dado encontró útil puede a su vez ayuda a otros
  • Documento académico: en algunos casos, alguien puede publicar una pieza de investigación, incluir notas al pie de página y material técnico, aunque esto es menos frecuente
  • Editorial: esta es la manera en que yo concibo algunas de mis notas; es mi opinión de un tema de relevancia contemporánea
  • Sermón u homilía: es frecuente y es lo que las Escrituras llaman una “palabra de exhortación” (Hechos 13:15; Hebreos 13:22), esto es, un mensaje designado para retar y estimular a otros a la integridad, al compromiso o a otras virtudes
  • Discusión de panel: algunos perciben esencialmente su blog como un foro para discutir donde ellos lanzan ideas y disfrutan estimular un intercambio con otros individuos de pensamiento similar
  • Tratado o ensayo: esto es similar a un documento académico, pero menos riguroso en su documentación; tiende a ser una exposición algo más extensa del punto de vista de una persona en un tema determinado

El propósito de esta pieza no es el de adjudicar cual es la manera “correcta”o “equivocada” de concebir un blog. Claramente, hay más de una manera legítima para escribir blogs o columnas digitales. Sin embargo, puede ser útil elevar nuestra conciencia de cómo concebimos nuestro propio blog y, lo que es igualmente importante, como leemos e interactuamos con los blogs de otros.

Anteriormente he escrito la razón por la cual escribo este blog. No considero el escribir un blog como un sustituto de trabajo de erudición sino como un mecanismo de distribución por medio del cual algunas veces el material más técnico puede ser simplificado, condensado y presentado en un formato más accesible. Esto es un ejemplo de mi compromiso de hacer la erudición sierva de la mayoría de la iglesia. Es además una modesta expresión de mi compromiso para ayudar a alimentar a los hambrientos y proveer al menos para algunos pocos niños necesitados.*

Se me ocurre que algunos de nosotros no somos muy buenos oyentes o lectores de los blogs de otros. Se ganaría mucho si intuyéramos el género apropiado del blog de otra persona y hacer las observaciones críticas de ese blog manteniéndolas con el género que el autor procura. Por ejemplo, si alguien escribe un blog de estilo editorial, ¿es justo criticar su trabajo como si se tratara de un documento académico? ¿Deberíamos responder a un blog tipo periódico como lo haríamos con un ensayo? Tampoco lo estaríamos al mantenernos dentro de los principios lógicos de interpretación o comunicación. Pero he visto algunos ejemplos de falta de identificación de género con la resultante ruptura de comunicación en la bloguesfera.

La etiqueta en el Internet  es importante, especialmente para los cristianos. La sabiduría y la madurez espiritual deberían ser la búsqueda primaria y el centro del deseo de cada blog cristiano. Pero mi tema hoy es mucho más estrecho. Lo que yo animaría a todos nosotros es a refinar y afilar nuestra habilidad para reflexionar inteligentemente, y a desarrollar habilidades en identificar adecuadamente cual género se representa en un determinado blog y responder en forma adecuada. De esta manera no trataríamos de embutir una pieza cuadrada en un agujero circular sino más bien, escribir blogs con clavos bien puestos (Eclesiastés 12:11) y en nuestras respuestas hablar palabras que son adecuadas y que refresquen en lugar de herir y ofender (Proverbios 25:11).

*Mi propio comentario.

Consejo del Apóstol: Usar bien la palabra de verdad (2da a Timoteo. 2:15–16)

Wednesday, December 5th, 2007

Nota: Las siguientes reflexiones son extractos de la obra en inglés de Andreas J. Köstenberger, “1–2 Timothy, Titus,” en The Expositor’s Bible Commentary, Vol. 12: Ephesians—Philemon (rev. ed.; Grand Rapids: Zondervan, 2006), pp. 580–81.

En contraste con los falsos maestros, Timoteo debe hacer cada esfuerzo (spoudazō, comparar con 2da a Timoteo 4:9, 21; Tito 3:12; Gálatas 2:10; 1ra a Tesalonicenses 2:17; Efesios 4:3) para presentarse a sí mismo (paristēmi—¿en alusión al ritual antiguo testamentario? Comparar con Romanos 6:13; 12:1; ver además 2da a los Corintios 11:2; Efesios 5:27; Colosenses 1:22, 28) a Dios como uno probado y aprobado (dokimos; comparar con Romanos 14:18; 16:10; 1ra a los Corintios 11:19; 2da a los Corintios 10:18; 13:7; el opuesto adokimos en 2da a Timoteo 3:8; Tito 1:16; comparar con 1ra a Corintios 9:27). Los herejes tuercen las Escrituras para que quepan en su propia teología; Timoteo debe modelar un uso apropiado de la Palabra de Dios. Pablo emplea tres imágenes futuras. La primera es la de un obrero (ergatēs; comparar con Mateo 9:37–38 par.; 1ra a Timoteo 5:19 comparar con Lucas 10:7) quien no necesita estar avergonzado (anepaischyntos; comparar con Josefo Ant. 18.243) pero que emplea correctamente la “palabra de verdad,” esto es, la exposición apostólica (Paulina) del mensaje salvador del evangelio.

Ya Pablo le había dicho a Timoteo que no se avergonzara del Evangelio (2da a Timoteo 1:8). Aquí la vergüenza es un resultado (finalmente un juicio de Dios, 1ra de Juan 2:28), no de temor de ser identificado con Cristo, sino de falta de entrenamiento adecuado y habilidades en el manejo de la Palabra de Dios. Análogamente, debe haber aquellos hoy que desean identificarse abiertamente con Cristo y predicar su palabra, pero quienes no han tenido un entrenamiento adecuado fracasan en usar la palabra de Dios adecuadamente y así deberán avergonzarse. Aquellas personas no necesitan más seguridad o compromiso sino un entrenamiento adecuado en comprender y comunicar el mensaje de las Escrituras (comparar con 2da a Timoteo 3:16, 17). Tal y como un obrero se enorgullece de su trabajo bien hecho, la predicación adecuada de la Palabra de Dios requiere entrenamiento y práctica.

La expresión “usa bien” (orthotomeō) transmite la noción de “cortar derecho” (al contrario de torcido) con posible referencia al trazado de un camino para hacer una senda derecha (comparar con Proverbios 3:6; 11:5 LXX; la mayoría de los padres interpretan el término como surcar o arar). En una era cuando las vías romanas eran ejemplos de habilidad ingenieril, esta metáfora habría comunicado muy bien. Cualquiera que haya sido el contexto, el punto aquí es que el trabajo del obrero debe hacerse con habilidad y cuidado. No hay lugar para incompetencia o atajos, y un obrero sin entrenamiento puede hacer más daño que bien. Jesús notó que “todo el que fuere perfeccionado será como su maestro” (Lucas 6:40). Pablo había sido “completamente entrenado”a los pies de Gamaliel (Hechos 22:3), y a los discípulos de Jesús los reconocían porque “habían estado con Jesús” (Hechos 4:13). La clave es usar la Palabra de Dios y mantenerla con su propósito inicial y comunicar su significado apropiadamente (comparar con 2da a los Corintios 2:17; 4:2 y contrastar con Hechos 13:10).

Como un obrero adecuadamente entrenado, Timoteo deberá no solo permanecer en la ruta correcta sino además asegurarse que aquellos bajo su cuidado comprendan los caminos a la verdad de Dios. No hay sustitutos para un entrenamiento completo en las Escrituras, incluso en una era en que la tecnología moderna ha hecho el aprendizaje de los idiomas bíblicos más sencillo y donde el Internet ha abierto nuevas avenidas a la educación teológica. Además, el tema principal del entrenamiento para el ministro cristiano debe ser “la palabra de verdad” (por ejemplo, la palabra que es verdad, un genitivo epexegético), no temas derivados varios. En el caso de Timoteo, su entrenamiento ha venido como resultado de su asociación ministerial con Pablo por tanto tiempo (2da a Timoteo 3:10–11; comparar con Hechos 16:1–5). Si el entrenamiento ministerial de hoy ha de ser efectivo, deberá haber tales oportunidades de prácticas y pasantías para los aspirantes a pastores y trabajadores cristianos. De la misma manera, las sectas distorsionan regularmente las enseñanzas de las Escrituras, con resultados desastrosos para sus miembros y convertidos.

El don de la soltería (Parte 2)

Wednesday, December 5th, 2007

Mi anterior columna sobre la soltería ha generado muchas respuestas, algunas favorables, y otras negativas. Algunos dicen que malinterpreté el libro de Debbie Maken; otros no aceptaron mi propuesta Bíblica de la trayectoria acerca de la soltería. Debo aclarar que mi columna digital no tenía como intención la revisión del libro de Maken; la mencioné a ella solo en el primer y en el último párrafo para relacionar mis comentarios a la escena contemporánea. Mi propósito principal fue presentar la enseñanza Bíblica sobre la soltería como una forma de resumen del capítulo sobre la soltería en mi libro en inglés, Dios, matrimonio y familia, God, Marriage & Family. También debo hacer notar que el resumen no sustituye la lectura del capítulo entero. La señora Maken ahora ha respondido a mi columna, y hallo su respuesta en inglés constructiva y edificante al cristalizar algunos de los asuntos pertinentes.

Es probable que aquellos que no me conocen personalmente o quienes no han leído mi libro completo, o al menos el capítulo sobre la soltería, malinterpreten mi posición. Sin embargo, el asunto no está servido por mal interpretaciones, así que comencemos corrigiendo algunos malentendidos. En primer lugar, Maken dice que yo aconsejo a los solteros, “en lugar de buscar en las Escrituras,” buscar en sus sentimientos, porque dije en mi columna original que, y para ser justos, si alguno tiene ansiedad en cuanto a la posibilidad de tener el don de soltería, de seguro no lo tiene. Así que en su escrito, Maken está de acuerdo a vivir conforme a las Escrituras y yo abogo por vivir de acuerdo a los sentimientos. Rechazo esta caracterización mía ya que dediqué virtualmente toda mi columna a presentar la enseñanza Bíblica acerca de la soltería, de manera que el hecho de citar una sola oración de mi escrito fuera de contexto es tanto injusto como desorientador.

Segundo, algunos han dicho que soy, en esencia, “pro-soltería” y no promuevo el matrimonio como la norma de hoy día. Esto es falso. Yo creo que el matrimonio es la norma hoy día, como lo aclaró Jesús en Mateo 19. Habiendo dicho esto, Jesús, en el mismo pasaje, procede a hablar en términos positivos acerca de la excepción de esta norma, es decir, absteniéndose de casarse por el cuidado al reino de Dios. Así que la mía es una proposición de “ambos y” (incluyente) en lugar de “uno o el otro” (excluyente).

Por esta razón, tercero, creo que el asunto principal es: ¿Cuál es el “don” del que Pablo está hablando en 1ra a los Corintios 7 (y Jesús en Mateo 19)? Maken y otros aquí han dicotomizado entre el “don del celibato” (el cual ellos dicen que existe, en un ámbito muy estrecho; para aquellos “llamados … a lograr algo de proporciones monumentales” para citar a Maken) y el “don de la soltería” (cuya existencia ellos niegan). Para aclarar puede ser útil notar que ni “celibato”ni “soltería”son términos Bíblicos; la expresión utilizada más frecuentemente en este contexto en las Escrituras es agamos en griego, que quiere decir “no casado.” En lugar de erigir una dicotomía Bíblica, por lo tanto, será mejor hablar de la gente que ha recibido de Dios el don de permanecer no casados por el bienestar del reino de Dios. Para algunos, este llamado es permanente (aparentemente esto, entre otras cosas es lo que Maken quiere decir cuando usa la palabra “celibato”), mientras que para otros es temporal (¿el uso del término “la soltería” usado por Maken?).

He aquí el punto crítico: ¿Cómo sabe una persona quien no está casada si su estado de no casada es permanente o temporal? Maken dice, si la comprendo correctamente, “Asuma que es temporal a menos que usted posea el alto estándar del ‘servicio monumental.’ ” Además, ansíe el día en que el estado de no casado llegue a su fin (es decir, casarse). Yo tendría menos certeza en asumir que, en virtualmente cada caso, una persona que está sin casarse debe apurarse a casar debido a que el matrimonio es la norma Bíblica. Note lo que Maken hace aquí. Primero distingue entre los términos celibato y soltería (ninguno de los cuales existe en la Biblia) supone que solo el celibato es un don y luego, sin sorpresa alguna, ¡halla que la soltería es anti Bíblica! Esto es razonamiento circular y no prueba nada. Y nos quedamos con la pregunta, “¿Qué es lo que Pablo llama el don divino en 1ra a los Corintios 7?” (y a los que Jesús se refiere cuando dice que han “renunciado al matrimonio por el reino de los cielos”en Mateo 19).

Lo que es más, una vez que Maken sostiene categóricamente que la soltería es anti Bíblica (su definición, en contra del celibato), la implicación, si comprendo su argumento correctamente, es que cada persona que está soltera o soltero es por razones anti Bíblicas. Tengo hombres y mujeres que han escrito en mi columna digital que están satisfechos con su soltería, y otros (a favor del punto de vista de Maken) los han reprendido por el enfoque positivo que los primeros dan acerca de la soltería. Esto lo recibo como un punto de vista crítico y en conflicto con la posición sin críticas de Pablo hacia otros en Romanos 14 y 15. Creo que intrínseco al punto de vista de Maken existe una cierta actitud de arrogancia y crítica que dice, “Yo sé la voluntad de Dios para tu vida, y si tú piensas en forma diferente a la mía, estás equivocado. Confía en mí, yo sé lo que dicen las Escrituras.”

El hecho es que las Escrituras no dicen que ni Débora, ni Juan ni Sandra o Pedro deban casarse o tener el divino don de la soltería (o, más precisamente, debería quedarse sin casar por el bien del reino de Dios). Las Escrituras proveen parámetros generales (tales como Génesis 2 o las posiciones de Jesús y Pablo), y a nivel personal cada individuo está llamado a discernir la guía personal de Dios para ellos a medida que son guiados por el Espíritu Santo.

Ahora Maken dice en su respuesta que su posición y la mía (la cual, como ella menciona, es ampliamente aceptada hoy y que representa el punto de vista más aceptado) son mutuamente excluyentes. Yo veo las cosas diferente, ella y yo estamos de acuerdo en los siguientes puntos:

  • El matrimonio es la norma para los creyentes de hoy así como lo fue en los tiempos del Antiguo Testamento (Génesis 2; la confirmación de Jesús de Génesis 2 en Mateo 19);
  • Permanecer sin casarse es una excepción a la norma y se presenta como un don divino en las Escrituras (Mateo 19, 1 Corintios 7).

La diferencia principal, a mi juicio, viene de la extensión o grado en el cual Dios puede llamar individuos a permanecer sin casarse. No estoy seguro de cómo llega Maken a probar cuales son “los logros monumentales.” Ni tampoco comprendo sobre qué base juzga cuan raro (o virtualmente inexistente) es este divino llamado. Tal vez ella esté reaccionando en forma exagerada aquí en contra de ciertas enseñanzas y prácticas; no estoy seguro. En Mateo 19, Jesús se refiere globalmente a “algunos … otros … y otros”; no hay mención alguna a unos pocos o a una cantidad limitada. De la misma manera, en 1ra a los Corintios 7:7, la discusión es general: “cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro.” Pareciera que Maken está importando su noción acerca de la rareza del “don”a estos pasajes; yo no la puedo encontrar allí.

Además, aunque Maken esté en lo cierto en su conclusión final, yo pongo en tela de juicio algunas de las posiciones que ella asume al defenderla. Por ejemplo, ella dice que porque “Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos, su ley no cambia,” el matrimonio es la norma y la soltería es la excepción. Puede que así sea, pero difícilmente por la razón que Maken cita. Es verdad que Dios no cambia nunca, pero eso no descarta el hecho que Dios pueda emprender un curso con la humanidad que se mueva, por ejemplo, del sistema de sacrificios animales al sistema de alabanza en espíritu y en verdad aparte de los sacrificios (a no ser que sea en sentido metafórico). Otro ejemplo podría ser dar (tal como ofrendar; ver mi serie de artículos en dos partes acerca de “diezmar”). Hay mucho desarrollo en las Escrituras, y decir que esto es inconsistente con la naturaleza de Dios no es argumento defendible teológicamente.

Además, Maken parece implicar, basada en 1ra a Timoteo 3:2 (“fiel esposo”) que los líderes de la iglesia deben ser casados. Esta es también una posición precaria que sostienen unos pocos (si es que los hay) estudiantes desinformados (ver mi estudio de este pasaje en inglés, de la recientemente revisada y publicada versión del Comentario del Expositor Bíblico, Expositor’s Bible Commentary Vol. 12, pp. 524–25).

En lugar de lo que comúnmente se cree, Pablo asume (una posición razonable) que la mayoría de los candidatos para una posición estén casados y por ello detalla los requisitos maritales y familiares. Es ilegítimo argumentar del silencio para inferir acerca de los requisitos maritales en 1ra a Timoteo 3:2 que Pablo requiera el matrimonio en todos los líderes de la iglesia. Más aún, es difícil creer la razón por la que Pablo se excluiría a sí mismo (o gente como él) de ser elegible para liderar una iglesia porque no estaba casado. Nótese además que en ningún lugar de la carta a Timoteo (destinatario de la carta en cuestión) se menciona que Timoteo fuese casado.

Hay muchos otros argumentos en respuesta a Maken que parecen precarios y expuestos a ser cuestionados, tales como, “La razón por la que tenemos la soltería ha aumentando desproporcionadamente hoy en día es porque ya no apreciamos el matrimonio” (el énfasis fue añadido por el Dr. Köstenberger en su columna original en inglés). Este análisis es excesivamente simple y Maken atribuye el aumento de la soltería a una sola y única causa cuando la situación es considerablemente más compleja. Para estar seguro que el matrimonio está amenazado hoy, la cual es la razón principal por que escribí mi libro en inglés Dios, matrimonio y familia, God, Marriage & Family hace un par de años.

De hecho, estamos de acuerdo en nuestra preocupación de defender el matrimonio y de recomendarlo. Además, yo, de una, además, quiero recomendar la soltería como un estado legítimo (aunque excepcional) para aquellos que han recibido este divino don y llamado.

En mi opinión, un elemento ausente en los comentarios de Maken acerca de 1ra a los Corintios 7 que daría luz a esta situación es el trasfondo particular de los comentarios de Pablo allí. Específicamente, pareciera que alguien enseñó en Corintios que la soltería es un estado que es espiritualmente superior al matrimonio y por lo tanto se le enseñó a los solteros que permanecieran solteros y a los casados que se divorciaran de sus cónyuges (¡a fin de ser solteros de nuevo y más espirituales!) o de vivir con su compañero de matrimonio en una relación de continencia (permanecer casados pero evitar las relaciones sexuales en el futuro). Todo esto debido al dualismo filosófico griego entre materia (vista como mala) y espíritu (visto como bueno). De la misma manera, en Éfeso (1ra a Timoteo 2:15; 4:3; 5:14) algunos menospreciaban el matrimonio y la creación y hasta prohibían del todo el matrimonio.

Es en este contexto, a medida que desarrollo el libro en inglés Dios, matrimonio y familia, God, Marriage, & Family, es que se deberían comprender los comentarios de Pablo. Por un lado, él aclaró que la soltería no es superior espiritualmente al matrimonio. La gente no debería evitar el matrimonio debido a esta creencia, ¡mucho menos deberían ellos divorciarse de sus cónyuges para ser más espirituales en un estado civil sin casarse! A la vez, Pablo intentó balancear sus comentarios al notar ciertas ventajas del permanecer sin casar para servir en el reino e incluso llamó a tal estado un “don”de Dios. Es esta corrección de una enseñanza que la soltería es espiritualmente superior lo que es importante que comprendamos. Es importante notar que incluso colocando la soltería en su lugar y en el contexto apropiado, Pablo todavía habla muy positivamente de ella y no la desacredita o condena en términos extremadamente reductores.

Concluyo con unas pocas reflexiones personales. Parece que mucha de la preocupación de Maken tiene que ver con animar a los hombres a tomar más iniciativa y ser más responsable en buscar el matrimonio. Con esto estoy completamente de acuerdo. También acepto que algunas mujeres están muy preparadas para estar satisfechas con “estar casadas con Jesús”cuando ellas deberían preferir casarse con un esposo de carne y hueso. Ciertamente hay pastores y consejeros que proveen enseñanzas y consejos inútiles al respecto. Como es costumbre, hay un elemento de verdad en cada corrección o reacción exagerada. Sin embargo, aunque Maken esté en lo cierto, al menos en parte, al diagnosticar algunos de los problemas en la escena contemporánea, tengo severas preocupaciones con el propio punto de vista alternativo de Maken.

Para comenzar, si yo fuera soltero, yo no apreciaría el hecho de ser etiquetado básicamente como casi seguro que estoy fuera de la voluntad de Dios, si estoy satisfecho con mi soltería, y a la vez estoy oyendo que estoy engañándome a mí mismo o algo peor. Los solteros ya son excluidos frecuentemente de los asuntos sociales de la iglesia. Además el calificarlos como casi seguro de estar fuera de la voluntad de Dios difícilmente va a ayudarles en su situación, y esto, desde mi punto de vista, es desafortunado. Pienso que Dios nos tiene aquí no solamente para animar hacia el matrimonio a quienes son llamados al matrimonio (aunque no empujarles para que se apresuren a casarse), sino además para apoyar a aquellos pocos que se sienten satisfechos con su estado sin casar y verlo, sea permanente o temporalmente (¿y quién entre aquellos que no están actualmente casados sabe con certeza cuál es?), como el llamado de Dios para ellos. De hecho, como Pablo dice en 1ra a los Corintios, hay muchas ventajas para el que está sin casar al servir a la iglesia y al promocionar el reino de Dios (sea que Maken o yo describiéramos su contribución como “monumental” o no).

Cuando Maken escribe, “El llamado al matrimonio se aplica uniformemente a toda la humanidad,”yo simplemente le añadiría, “Excepto para aquellos llamados por Dios para permanecer sin casar, sea de por vida o por una temporada en sus vidas.” A pesar de las aseveraciones confidentes de Maken, nadie sabe con certeza cuántos caben en esa categoría sino solo Dios, y él es el único que necesita saberlo. No necesitamos decidir por alguien más si ellos son llamados a casarse o a permanecer sin casar. No somos el Espíritu Santo, así que ¿por qué no estamos satisfechos con dejar esta decisión al liderazgo de Dios en la vida de esa persona y a la propia conciencia y juicio de tal persona? Al fin y al cabo, es su vida, ¿no es así?

Aquellas mujeres que me han escrito diciendo que están amargadas por permanecer solteras muy seguramente no tienen el don de la soltería. Pero ¿por qué asegurar que nadie (o virtualmente nadie) más pueda tener tal don? Esto para mí, suena a una postura extrema, incluso crítica y prejuiciada, Creo que es más apropiado, sin mencionar que es la posición más Escritural, afirmar que el matrimonio es la norma y que la soltería es el llamado honorable y excepcional para aquellos que lo han recibido.

¿Es suficiente?

Jesús y la Biblia

Wednesday, December 5th, 2007

Puede parecer extraño que alguien quisiera oponer a Jesús en contra de la Biblia, pero en las semanas recientes la pregunta acerca de cual de estos es más importante, Jesús o la Biblia, ha tomado de nuevo el centro de atención en muchos círculos. Soy algo reacio en incorporarme a este asunto ya que no tengo publicada ninguna obra suficientemente importante como para aventurar algunos pensamientos y dirigirlos al presente debate.

Así como muchos argumentaron cuando este asunto fue debatido en la Convención Bautista del Sur en años recientes (donde algunos sostenían que Jesús está apropiadamente en el centro y de alguna manera algo apartado de las Escrituras), de la misma manera algunos argumentan ahora que Jesús (y no la Biblia) está apropiadamente en el centro de la teología Cristiana. De ser así, la Biblia no puede estar igualmente en el centro y en comparación con Jesús es una doctrina algo más periférica (aunque aún muy importante).

Un argumento avanzado en este aspecto es que si la Biblia fuera central, ¿Cómo han podido tener fe en Jesucristo las personas antes que el Nuevo Testamento fuese escrito? Desde un punto de vista, yo argumento que esto es dudoso para nosotros ya que el Nuevo Testamento ha sido escrito (desde hace 1900 años), y es nuestra fuente principal (en más de una manera) de información acerca de Jesús. Además, aunque el Nuevo Testamento no hubiese sido escrito, el Antiguo lo fue, y los primeros cristianos presentaron a Jesús como el cumplimiento de las Escrituras desde el principio.

Desde mi punto de vista, es esta observación la que está en el centro del problema de aquellos que aseguran la supremacía de Cristo sobre las Escrituras, doctrinalmente hablando: ¿Cómo conocemos a Jesús en primer lugar? Podría decirse que la única manera en que conocemos a Jesús verdaderamente es a través de las Escrituras. De la misma manera, si pensamos que las Escrituras son deficientes en alguna manera, entonces nuestro Jesús se verá diferente con respecto a la forma como se le presenta en los evangelios. Si las Escrituras son nuestra única fuente autoritativa confiable acerca de quien es Jesús, entonces ¿cómo podemos decir que Jesús es más importante que la Biblia y oponer uno contra el otro?

Pienso que esto es muy obvio, cuando miro los libros acerca de Jesús escritos por eruditos quienes no dan una importancia mayor a las Escrituras. Con esta gran restricción en su concepto de Jesús, su “Jesús” es anticipadamente diferente a la forma en la cual él es presentado en las Escrituras, y la brecha entre Jesús y las Escrituras se abre de manera que se forma una falsa cuña entre los dos que, en primer lugar, nunca ha debido estar allí.

Esto, por cierto, no es equivalente a requerir la creencia de la infalibilidad de la Biblia para la Salvación. No quiere decir que reconocemos la Biblia como primaria en el sentido de que por sí sola es nuestra fuente completa, fiel y autoritativa de información acerca de Jesús. No estoy seguro cuan útil es oponer el enfoque inductivo contra el deductivo en cuanto a infalibilidad de las Escrituras. De seguro que hay espacio para ambos enfoques, y lo que tenemos aquí es una falsa dicotomía, especialmente si la naturaleza de las Escrituras es comprendida adecuadamente dentro del ámbito de las doctrinas de Dios y de la revelación.

¿Jesús o la Biblia? ¡Qué decisión! ¿Es posible que la frase, “Simplemente denme a Jesús,” pueda llegar a ser para algunos una ruta de escape ilegítima para evadir una responsabilidad más firme a la totalidad de la enseñanza bíblica? Algunos dicen que les gusta Jesús, pero que no les gusta la iglesia. Nosotros acertadamente respondemos que esto es ilegítimo, pues la iglesia es central en el plan de Jesús (Mateo 16:16). ¿Van ahora algunos a decir que les gusta Jesús, pero que no les gusta la Biblia? (O sería sabio abrir la puerta para que algunos otros digan esto?

Personalmente, dudo que Jesús mismo se hubiera suscrito al punto de vista que lo ubicase por encima de las Escrituras. En cambio, las palabras de Schlatter, él se habría ubicado a sí mismo “debajo de las Escrituras,” como uno avalado por Moisés, los profetas, y los Salmos, y como aquel de quien las Escrituras testificaron (Lucas 24:27, 44; Juan 5:39, 46). Los apóstoles también lo vieron de esta manera. Pablo pudo hablar de “Las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.”Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar …” (2da a Timoteo 3:15–16).

Si fue lo suficientemente buena para Jesús, los apóstoles y la iglesia primitiva para encontrar la venida del Mesías predicha en las Escrituras, y para identificar a Jesús como el cumplimiento de estas predicciones, ¿no debería ser suficientemente buena para nosotros?

El don de la soltería

Wednesday, December 5th, 2007

“¿Tienes 30 años de edad y aún soltero? Es tu propia culpa”—una edición de la publicación en inglés, Cristianismo hoy, Christianity Today review resume así el mensaje, al menos en parte, del controvertido libro, también en inglés, Enseriándose acerca de casarse: Nuevo análisis del don de la soltería (Getting Serious About Getting Married: Rethinking the Gift of Singleness), por Debbie Maken. La autora misma hizo el propósito de casarse a los 28 años de edad, se inscribió en una agencia cristiana en la red de Internet y en poco tiempo se casó. Sin embargo, la posición que aquellas que pasan los veinticinco años y están por llegar a los treinta sin haberse casado y que solo deberían culparse a sí mismas por escuchar enseñanzas evangélicas erróneas en este asunto ha creado revuelo entre aquellas que se declaran “inocente” y cuestionan la categórica premisa de Maken (las solteras deben casarse y aquellos que enseñan el “don de la soltería” deberían dejar de representar erróneamente las enseñanzas de la Biblia acerca de una soltería ordenada por Dios), ni para que mencionar su teología de la soltería.

¿Qué dice la Biblia acerca de la soltería? En mi libro en inglés, Dios, Matrimonio y familia: Reconstruyendo las fundaciones bíblicas, (God, Marriage, and Family: Rebuilding the Biblical Foundation), publicado por la misma editorial que el libro de Maken, dedico todo un capítulo, el nueve, titulado en inglés “Dedicación exclusiva al Señor: El divino don de la soltería,” (“Undivided Devotion to the Lord: The Divine Gift of Singleness”), a esta pregunta. La primera parte de este capítulo presenta una teología Bíblica de la soltería en el Antiguo y Nuevo Testamento además de una descripción de la soltería en la iglesia primitiva. Esto es seguido por tópicos relacionados con la soltería como la soltería y el ministerio, la cohabitación y el sexo prematrimonial, cortejo y citas, y la enseñanza acerca de la soltería dirigida a grupos en particular.

El espacio no me permite reproducir el capítulo entero, y refiero a los lectores de esta columna digital a la versión impresa para una cobertura completa. Unos pocos aspectos sobresalientes deben ser suficientes. En pocas palabras, lo que encuentro en los tiempos del Antiguo Testamento, es que la soltería era escasa entre los individuos con edad de casarse. Había aquellos que estaban en el inevitable estado de viudez como Noemí y Ruth (quien eventualmente se casó); eunucos a quienes ampliamente se les menospreciaba y excluía de la adoración congregacional y el sacerdocio (Levítico 21:20; Deuteronomio 23:1); aquellos que no se podían casar debido a enfermedades como la lepra o problemas económicos; aquellos que no se casaron debido a algún tipo de llamado divino (esto fue, sin embargo extremadamente extraño; ver Jeremías 16:1–4); los divorciados (Deuteronomio 24:1–4); y los solteros jóvenes en edad previa al matrimonio.

La situación parece marcadamente diferente en el Nuevo Testamento. Juan el Bautista, Jesús y Pablo fueron solteros, y tanto Jesús como Pablo mencionan el celibato. Jesús los llama “eunucos por causa del reino de Dios” (Mateo 19:12) y Pablo habla de la soltería como un “don de Dios” (1ra a los Corintios 7:7). Tanto Jesús como Pablo indican que tal llamado a la soltería le permite a hombres y mujeres solteros dedicar mayor y exclusiva atención al servicio religioso (ver especialmente 1ra a los Corintios 7:32–25). No hay duda, por lo tanto, que la soltería puede ser la voluntad de Dios para ciertos individuos; en aquellos casos, al menos, la soltería no es una maldición sino un don divino, tal y como “todo don perfecto desciende de lo alto” (Santiago 1:17). De hecho, en ciertas ocasiones y en ciertos momentos la soltería es preferible al matrimonio (1ra a los Corintios 7), aunque el matrimonio continúe como la norma (Matero 19:4–6).

Lo que es más, Jesús enseñó que el estado final de las personas no será casados sino que serán como los ángeles del cielo (Mateo 22:30). Es decir, que todos nosotros ¡pasaremos la eternidad como ángeles! Cuando investigué para escribir este capítulo de God, Marriage, and Family, me sorprendí al hallar que en las Escrituras hay una trayectoria, o un patrón, desde la soltería sea extraña y altamente indeseable (Antiguo Testamento) pasando por la soltería presentada como ventajosa para el servicio en el reino y un don divino (Nuevo Testamento) y llegando hasta la soltería como estado universal de la humanidad en el cielo.

En el libro discuto brevemente las posibles razones para este llamativo hecho (ver especialmente la tabla en la página 198 y los comentarios en las páginas 198 y 199). Para nuestro presente propósito es suficiente cerrar con las siguientes observaciones breves.

Primero, algunos grupos como la iglesia católica romana yerran gravemente cuando requieren el celibato para todos sus sacerdotes. Esto contradice explícitamente las enseñanzas de los primeros apóstoles (1ra a los Corintios 9:5); las instrucciones Paulinas acerca de los ancianos y obispos (1ra a Timoteo 3:2, 4–5, 12; Tito 1:6–7); y descartan de plano las severas advertencias de Pablo en pasajes tales como 1ra a Timoteo 4:3 que en el que la prohibición de casarse es equivalente a propagar las “doctrinas de demonios” (1ra a Timoteo 4:1). Ya he escrito acerca de esto abundantemente en inglés en alguna otra parte.

Segundo, aunque no requiramos la soltería en todos los líderes de la iglesia, no debemos ubicar la soltería como un estatus de segunda categoría o indeseable en la iglesia. Si Pablo llama a la soltería un “don divino,” esto implica que el don es bueno (aunque obviamente, no todos lo tienen). Además, si es llamado un don, es dado por alguien más, Dios, en lugar de originarse en la persona que tiene el don. Lo que nos lleva a la tan repetida pregunta, “¿Cómo sé yo si tengo o no el don?”

Para hacerla breve, mi respuesta a esta pregunta frecuentemente es, “Si te haces esta pregunta por temor a caer y pecar, probablemente quiere decir que no tienes este don.” Habiendo dicho esto, es imposible saber con certeza si alguien tiene o no el don hasta que uno muere. En algunos casos, puede ser la voluntad de Dios que una persona permanezca soltera por un tiempo y luego, en su vida, Dios le provee un compañero o una compañera matrimonial. Y hay muchas situaciones diferentes. En cualquier caso, como he mencionado, Jesús y Pablo aclaran que la soltería tiene sus ventajas para los cristianos y que no debe ser despreciada.

¿Tienes 30 años y aún estás soltera? ¿Tiene razón la autora del ya mencionado libro en su consejo para las mujeres en esa situación que lo mejor es que se despierten y se inscriban en una agencia de citas? No necesariamente. El espacio no me permite una revisión detallada del libro y del argumento de la autora. Es suficiente decir que el liderazgo de Dios es individual y personal y no puede ser reducido a una y solo una forma de guía. ¿Quién es ella para decir como puede Dios guiarte si eres mujer con unos treinta años y aún soltera? A la vez, puede haber un elemento de verdad en lo que ella dice. En algunos casos, y usted necesita examinar si este es el suyo o no, la soltería puede ser auto impuesta (si es en verdad la voluntad de Dios que una persona se case), y puede haber cosas que usted pueda y deba hacer para cooperar con el propósito de Dios en su vida (recordando por encima de todo, que Dios es soberano). Saber esto atrae a la sabiduría, oración, discernimiento, y confianza en el Dios quien solo te conoce y te cuida íntimamente, el Dios que tiene un plan maravilloso para tu vida, un plan que puede, pero no en la mayoría de los casos, incluir la soltería.

Para más información, ver el libro en inglés Dios, Matrimonio y familia God, Marriage, and Family así como mi commentary  comentario en inglés de las epístolas pastorales.

La cronología del evangelio según Juan

Wednesday, December 5th, 2007

En mi comentario en inglés BECNT acerca del Evangelio según Juan, BECNT commentary on John’s Gospel, propongo que Juan sigue un arreglo cronológico de su evangelio. Las fechas específicas presentadas a continuación se toman de la fecha de la crucifixión de Jesús en el año 33 d. C. Como es bien conocido, las dos mayores probabilidades para la crucifixión son 30 d. C (la fecha tradicional) y 33 d. C. Harold Hohner, entre otros, en el libro en inglés Aspectos cronológicos de la vida de Cristo, Chronological Aspects of the Life of Christ, y en su aporte sobre cronología en su Diccionario de Jesús y los evangelios, Dictionary of Jesus & the Gospels, proporciona (desde mi punto de vista) argumentos muy persuasivos para la fecha de 33 d. C. Incluidos en sus argumentos está la referencia que hace Lucas al decimoquinto año de Tiberio (14 a 37 d. C.) en Lucas 3:1 que muy probablemente se refiere al año 29 d. C. como la fecha del comienzo del ministerio de Jesús.

La siguiente tabla es reproducida en esencia de las páginas 11 al 13 de mi comentario BECNT:

Tiempo

Lugar y Evento

Juan

Origen (1:1–18)

Eternidad pasada

El Verbo era con Dios

1:1–18

Ministerio inicial (1:19–2:12; d. C. 29–30)

Verano/otoño 29

Juan el bautista cerca del Jordán

1:19–34

Primera pascua y primer año completo de ministerio (2:13–4:54; d. C. 30–31)

7 de Abril de 30

Primera pascua de Jesús en Jerusalén, limpieza del templo

2:13–3:21

Primavera / verano 30

Juan el bautista cerca del Jordán

3:22–36

Dic. /Ene./Feb. 30/31?

Ministerio de Jesús en Samaria

4:1–45

Consecuentemente

La sanidad en Caná de Galilea

4:46–54

Segundo año de ministerio (capítulo 5; d. C. 31–32)

27 de marzo 31

Pascua no registrada por Juan

Mateo 12:1

21 al 28 de Oct. 31?

La controversia del Sabbath (Jerusalén)

5:1–47

La segunda pascua registrada por Juan y el tercer año de ministerio (6:1–11:54; d. C. 32–33)

13 ó 14 de abril, 32

Segunda pascua de Jesús registrada en Juan

6:1–21

Consecuentemente

La enseñanza de Jesús en la sinagoga de Capernaum

6:22–71

10 al 17 de Septiembre, 32

Jesús en la fiesta de los tabernáculos en Jerusalén

7:1–52; 8:12–59

Octubre o noviembre del 32?

Sanidad del hombre ciego, discurso del Buen Pastor

9:1–10:21

18 al 25 de diciembre del 32

Jesús en la fiesta de la Dedicación en Jerusalén

10:22–39

Enero o febrero 33

Jesús se retira a un área cercana al Jordán

10:40–42

Marzo del año 33?

Resurrección de Lázaro (Betania está cerca de Jerusalén)

11:1–53

Marzo del año33?

Jesús se retira a Efraín

11:54

Tercera Pascua en Juan, semana de la pasión, apariciones luego de la resurrección (11:55–21:25; d. C. 33)

Viernes, 27 de marzo 33

Jesús llega a Betania

11:55–12:1

Hasta donde yo sé, no existe una cronología detallada de Juan similar a la propuesta. Junto con la obra reciente en inglés de Craig Blomberg La confiabilidad histórica del evangelio según Juan (The Historical Reliability of John’s Gospel) y mi aporte, “John” (Juan), al comentario en inglés Zondervan Illustrated Backgrounds Commentary, creo que esta propuesta continua presentando una fuerte evidencia de la confiabilidad histórica del evangelio según Juan. La obra próxima a publicar por la casa editorial Eerdman de Richard Bauckham acerca de los evangelios como testigos oculares seguirá añadiendo a esta tendencia. El tiempo ha llegado para que los eruditos tomen el evangelio según Juan en serio, no solo en lo que respecta a teología sino también en cuanto a historia. Si el evangelio según Juan no es cierto históricamente hablando, ¿Cómo puede ser cierto en su teología?

¿Conocemos a Jesús?

Wednesday, December 5th, 2007

En su último trabajo, provocativamente titulado en alemán Kennen wir Jesus? Adolf Schlatter retó a sus lectores una vez más con la más grande de todas las búsquedas, conocer a Jesús, esto es, por encima de todo tener una relación personal con nuestro Señor cada vez más cercana a través de la comprensión de quien Él es y lo que vino a hacer, y como cada uno de nosotros encaja en su plan divino. Esto es contrario a nuestra tendencia natural de encajar a Dios en nuestros planes; lo que Dios quiere que el creyente regenerado haga en lugar de reorientar nuestras vidas de manera que podamos encajar en su plan, lo cual, en cualquier caso, es muy superior al plan que nosotros tenemos para nuestras vidas. La siguiente selección de las meditaciones o mini teología de Schlatter es de la traducción al inglés de esta obra, Do We Know Jesus? (Kregel, 2005; traducido al inglés por Roberto Yarbrough y Andreas Köstenberger). Es mi esperanza que muchos de ustedes al leer la selección tomen el volumen y lo lean todo como parte de su propia búsqueda de conocer a Jesús, y conocerle más íntimamente.

Desechad los antiguos pensamientos

5 de enero

Jesús comenzó a proclamar diciendo: “¡Arrepentíos! Porque el reino de los cielos está cerca.” (Mateo 4:17).

Nuevas ideas, nuevas metas, nuevos deseos, nuevas acciones, esta demanda claramente es el resultado de la venida de Jesús a los hombres. Su existencia testifica del hecho que el gobierno de Dios estaba cerca y que la obra de Dios se hacía por lo cual traía gente a su meta divinamente deseada. Esto, sin embargo, revoluciona toda nuestra perspectiva. Ni un solo pensamiento queda intacto. Para estar seguros, el mensaje transmitido a través de nuestros sentidos por la naturaleza permanece intacto. El hombre no es removido de la naturaleza. El sol aún brilla sobre él, pues él no es transformado en un espíritu sin cuerpo. No tenemos control sobre esta porción de nuestro estado mental. No podemos obtenerlo cuando nuestros sentidos fallen, ni podemos rechazar lo que la naturaleza nos muestra a través de ellos. Sino que a través de esta experiencia y conocimiento se nos da material que procesamos internamente. Transformamos nuestras percepciones en un todo, evaluamos lo que nos pasa, y creamos imágenes por las cuales estimulamos nuestros deseos y los enfocamos. Es este aspecto de nuestro objetivo que Jesús nos encarga a dirigir cuando él dice, “¡Aléjate de tus pensamientos!” Usamos diferentes palabras para ello: punto de vista general, filosofía, teología, moralidad, política. Estos términos contienen las diferentes maneras en las cuales operan nuestras facultades mentales.

Pero estas diferencias jamás invalidan el mandamiento de Jesús, el cual de manda de nosotros nuevos pensamientos y una nueva voluntad. Aunque nuestros pensamientos y nuestra voluntad llegan a ser nuevos por la simple renuncia a los antiguos pensamientos y al despojarnos de nuestros deseos pasados. Lo que es nuevo simplemente no suplementa lo viejo, más bien, lo reemplaza. Esto ocasiona una seria profundidad a la orden “renueva tus pensamientos,” y esto es lo que el lenguaje eclesiástico tenía en mente cuando llamó los deseos de Jesús, “arrepentimiento.” Pero esta palabra no expresa el elemento esencial de lo que Jesús busca, es decir, la transformación de nuestra conducta.

Expresamos, por lo tanto, que experimentamos fuertemente la batalla en la cual el llamado de Jesús nos ubica, porque él llama nuestros pensamientos y nuestros deseos reprensibles. Esta batalla afecta nuestra vida íntimamente y tiene, a su vez, consecuencias de largo alcance en nuestras relaciones los unos con los otros. En esta batalla son, incluso, nuestros más preciados pensamientos los que caen bajo la condena divina, y debemos juzgar como reprensibles aquellas aspiraciones a las que hemos dedicado nuestras vidas hasta ese punto. Esto no es proceso gradual, tales como cambios en cultura general donde un primer descubrimiento lleva a un segundo. Por el contrario, Jesús demanda una decisión y así trae división. Esto es inevitable porque el reino de Dios no es un suplemento ni una continuación de nuestra existencia natural. Nuestra relación con Dios es ahora ordenada por la voluntad de Dios y esto revoluciona nuestra condición.

Los discípulos proveen un ejemplo gráfico de la naturaleza de tal arrepentimiento. Cuando ellos consideraron su participación en el plan de Dios, ellos pensaron en la ley de Dios y cuando vieron el resultado en sus vidas, ellos asumieron que su final sería la muerte. Mientras buscaran el don de Dios en la ley, buscarían justicia en sí mismos. Pero ahora buscan el reino de Dios y su justicia y saben que reino no se caracteriza por el exigente Dios que llama a su pueblo a trabajar sino el que toma lugar a través de la revelación de su gracia. Así, ellos viven a cuenta de los que Dios produce para ellos, y ellos saben que el reino de Dios les trae la eterna compañía de Dios a ellos, otorgándoles vida eterna. Todo llegó a ser nuevo en los discípulos. Ellos fueron elevados a la libertad de la fe la cual es dada para el perdón de sus pecados, y ellos fueron liberados de su resignación a morir. Esto fue un cambio total.