Mi anterior columna sobre la soltería ha generado muchas respuestas, algunas favorables, y otras negativas. Algunos dicen que malinterpreté el libro de Debbie Maken; otros no aceptaron mi propuesta Bíblica de la trayectoria acerca de la soltería. Debo aclarar que mi columna digital no tenía como intención la revisión del libro de Maken; la mencioné a ella solo en el primer y en el último párrafo para relacionar mis comentarios a la escena contemporánea. Mi propósito principal fue presentar la enseñanza Bíblica sobre la soltería como una forma de resumen del capítulo sobre la soltería en mi libro en inglés, Dios, matrimonio y familia, God, Marriage & Family. También debo hacer notar que el resumen no sustituye la lectura del capítulo entero. La señora Maken ahora ha respondido a mi columna, y hallo su respuesta en inglés constructiva y edificante al cristalizar algunos de los asuntos pertinentes.
Es probable que aquellos que no me conocen personalmente o quienes no han leído mi libro completo, o al menos el capítulo sobre la soltería, malinterpreten mi posición. Sin embargo, el asunto no está servido por mal interpretaciones, así que comencemos corrigiendo algunos malentendidos. En primer lugar, Maken dice que yo aconsejo a los solteros, “en lugar de buscar en las Escrituras,” buscar en sus sentimientos, porque dije en mi columna original que, y para ser justos, si alguno tiene ansiedad en cuanto a la posibilidad de tener el don de soltería, de seguro no lo tiene. Así que en su escrito, Maken está de acuerdo a vivir conforme a las Escrituras y yo abogo por vivir de acuerdo a los sentimientos. Rechazo esta caracterización mía ya que dediqué virtualmente toda mi columna a presentar la enseñanza Bíblica acerca de la soltería, de manera que el hecho de citar una sola oración de mi escrito fuera de contexto es tanto injusto como desorientador.
Segundo, algunos han dicho que soy, en esencia, “pro-soltería” y no promuevo el matrimonio como la norma de hoy día. Esto es falso. Yo creo que el matrimonio es la norma hoy día, como lo aclaró Jesús en Mateo 19. Habiendo dicho esto, Jesús, en el mismo pasaje, procede a hablar en términos positivos acerca de la excepción de esta norma, es decir, absteniéndose de casarse por el cuidado al reino de Dios. Así que la mía es una proposición de “ambos y” (incluyente) en lugar de “uno o el otro” (excluyente).
Por esta razón, tercero, creo que el asunto principal es: ¿Cuál es el “don” del que Pablo está hablando en 1ra a los Corintios 7 (y Jesús en Mateo 19)? Maken y otros aquí han dicotomizado entre el “don del celibato” (el cual ellos dicen que existe, en un ámbito muy estrecho; para aquellos “llamados … a lograr algo de proporciones monumentales” para citar a Maken) y el “don de la soltería” (cuya existencia ellos niegan). Para aclarar puede ser útil notar que ni “celibato”ni “soltería”son términos Bíblicos; la expresión utilizada más frecuentemente en este contexto en las Escrituras es agamos en griego, que quiere decir “no casado.” En lugar de erigir una dicotomía Bíblica, por lo tanto, será mejor hablar de la gente que ha recibido de Dios el don de permanecer no casados por el bienestar del reino de Dios. Para algunos, este llamado es permanente (aparentemente esto, entre otras cosas es lo que Maken quiere decir cuando usa la palabra “celibato”), mientras que para otros es temporal (¿el uso del término “la soltería” usado por Maken?).
He aquí el punto crítico: ¿Cómo sabe una persona quien no está casada si su estado de no casada es permanente o temporal? Maken dice, si la comprendo correctamente, “Asuma que es temporal a menos que usted posea el alto estándar del ‘servicio monumental.’ ” Además, ansíe el día en que el estado de no casado llegue a su fin (es decir, casarse). Yo tendría menos certeza en asumir que, en virtualmente cada caso, una persona que está sin casarse debe apurarse a casar debido a que el matrimonio es la norma Bíblica. Note lo que Maken hace aquí. Primero distingue entre los términos celibato y soltería (ninguno de los cuales existe en la Biblia) supone que solo el celibato es un don y luego, sin sorpresa alguna, ¡halla que la soltería es anti Bíblica! Esto es razonamiento circular y no prueba nada. Y nos quedamos con la pregunta, “¿Qué es lo que Pablo llama el don divino en 1ra a los Corintios 7?” (y a los que Jesús se refiere cuando dice que han “renunciado al matrimonio por el reino de los cielos”en Mateo 19).
Lo que es más, una vez que Maken sostiene categóricamente que la soltería es anti Bíblica (su definición, en contra del celibato), la implicación, si comprendo su argumento correctamente, es que cada persona que está soltera o soltero es por razones anti Bíblicas. Tengo hombres y mujeres que han escrito en mi columna digital que están satisfechos con su soltería, y otros (a favor del punto de vista de Maken) los han reprendido por el enfoque positivo que los primeros dan acerca de la soltería. Esto lo recibo como un punto de vista crítico y en conflicto con la posición sin críticas de Pablo hacia otros en Romanos 14 y 15. Creo que intrínseco al punto de vista de Maken existe una cierta actitud de arrogancia y crítica que dice, “Yo sé la voluntad de Dios para tu vida, y si tú piensas en forma diferente a la mía, estás equivocado. Confía en mí, yo sé lo que dicen las Escrituras.”
El hecho es que las Escrituras no dicen que ni Débora, ni Juan ni Sandra o Pedro deban casarse o tener el divino don de la soltería (o, más precisamente, debería quedarse sin casar por el bien del reino de Dios). Las Escrituras proveen parámetros generales (tales como Génesis 2 o las posiciones de Jesús y Pablo), y a nivel personal cada individuo está llamado a discernir la guía personal de Dios para ellos a medida que son guiados por el Espíritu Santo.
Ahora Maken dice en su respuesta que su posición y la mía (la cual, como ella menciona, es ampliamente aceptada hoy y que representa el punto de vista más aceptado) son mutuamente excluyentes. Yo veo las cosas diferente, ella y yo estamos de acuerdo en los siguientes puntos:
- El matrimonio es la norma para los creyentes de hoy así como lo fue en los tiempos del Antiguo Testamento (Génesis 2; la confirmación de Jesús de Génesis 2 en Mateo 19);
- Permanecer sin casarse es una excepción a la norma y se presenta como un don divino en las Escrituras (Mateo 19, 1 Corintios 7).
La diferencia principal, a mi juicio, viene de la extensión o grado en el cual Dios puede llamar individuos a permanecer sin casarse. No estoy seguro de cómo llega Maken a probar cuales son “los logros monumentales.” Ni tampoco comprendo sobre qué base juzga cuan raro (o virtualmente inexistente) es este divino llamado. Tal vez ella esté reaccionando en forma exagerada aquí en contra de ciertas enseñanzas y prácticas; no estoy seguro. En Mateo 19, Jesús se refiere globalmente a “algunos … otros … y otros”; no hay mención alguna a unos pocos o a una cantidad limitada. De la misma manera, en 1ra a los Corintios 7:7, la discusión es general: “cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro.” Pareciera que Maken está importando su noción acerca de la rareza del “don”a estos pasajes; yo no la puedo encontrar allí.
Además, aunque Maken esté en lo cierto en su conclusión final, yo pongo en tela de juicio algunas de las posiciones que ella asume al defenderla. Por ejemplo, ella dice que porque “Dios es el mismo ayer, hoy y por los siglos, su ley no cambia,” el matrimonio es la norma y la soltería es la excepción. Puede que así sea, pero difícilmente por la razón que Maken cita. Es verdad que Dios no cambia nunca, pero eso no descarta el hecho que Dios pueda emprender un curso con la humanidad que se mueva, por ejemplo, del sistema de sacrificios animales al sistema de alabanza en espíritu y en verdad aparte de los sacrificios (a no ser que sea en sentido metafórico). Otro ejemplo podría ser dar (tal como ofrendar; ver mi serie de artículos en dos partes acerca de “diezmar”). Hay mucho desarrollo en las Escrituras, y decir que esto es inconsistente con la naturaleza de Dios no es argumento defendible teológicamente.
Además, Maken parece implicar, basada en 1ra a Timoteo 3:2 (“fiel esposo”) que los líderes de la iglesia deben ser casados. Esta es también una posición precaria que sostienen unos pocos (si es que los hay) estudiantes desinformados (ver mi estudio de este pasaje en inglés, de la recientemente revisada y publicada versión del Comentario del Expositor Bíblico, Expositor’s Bible Commentary Vol. 12, pp. 524–25).
En lugar de lo que comúnmente se cree, Pablo asume (una posición razonable) que la mayoría de los candidatos para una posición estén casados y por ello detalla los requisitos maritales y familiares. Es ilegítimo argumentar del silencio para inferir acerca de los requisitos maritales en 1ra a Timoteo 3:2 que Pablo requiera el matrimonio en todos los líderes de la iglesia. Más aún, es difícil creer la razón por la que Pablo se excluiría a sí mismo (o gente como él) de ser elegible para liderar una iglesia porque no estaba casado. Nótese además que en ningún lugar de la carta a Timoteo (destinatario de la carta en cuestión) se menciona que Timoteo fuese casado.
Hay muchos otros argumentos en respuesta a Maken que parecen precarios y expuestos a ser cuestionados, tales como, “La razón por la que tenemos la soltería ha aumentando desproporcionadamente hoy en día es porque ya no apreciamos el matrimonio” (el énfasis fue añadido por el Dr. Köstenberger en su columna original en inglés). Este análisis es excesivamente simple y Maken atribuye el aumento de la soltería a una sola y única causa cuando la situación es considerablemente más compleja. Para estar seguro que el matrimonio está amenazado hoy, la cual es la razón principal por que escribí mi libro en inglés Dios, matrimonio y familia, God, Marriage & Family hace un par de años.
De hecho, estamos de acuerdo en nuestra preocupación de defender el matrimonio y de recomendarlo. Además, yo, de una, además, quiero recomendar la soltería como un estado legítimo (aunque excepcional) para aquellos que han recibido este divino don y llamado.
En mi opinión, un elemento ausente en los comentarios de Maken acerca de 1ra a los Corintios 7 que daría luz a esta situación es el trasfondo particular de los comentarios de Pablo allí. Específicamente, pareciera que alguien enseñó en Corintios que la soltería es un estado que es espiritualmente superior al matrimonio y por lo tanto se le enseñó a los solteros que permanecieran solteros y a los casados que se divorciaran de sus cónyuges (¡a fin de ser solteros de nuevo y más espirituales!) o de vivir con su compañero de matrimonio en una relación de continencia (permanecer casados pero evitar las relaciones sexuales en el futuro). Todo esto debido al dualismo filosófico griego entre materia (vista como mala) y espíritu (visto como bueno). De la misma manera, en Éfeso (1ra a Timoteo 2:15; 4:3; 5:14) algunos menospreciaban el matrimonio y la creación y hasta prohibían del todo el matrimonio.
Es en este contexto, a medida que desarrollo el libro en inglés Dios, matrimonio y familia, God, Marriage, & Family, es que se deberían comprender los comentarios de Pablo. Por un lado, él aclaró que la soltería no es superior espiritualmente al matrimonio. La gente no debería evitar el matrimonio debido a esta creencia, ¡mucho menos deberían ellos divorciarse de sus cónyuges para ser más espirituales en un estado civil sin casarse! A la vez, Pablo intentó balancear sus comentarios al notar ciertas ventajas del permanecer sin casar para servir en el reino e incluso llamó a tal estado un “don”de Dios. Es esta corrección de una enseñanza que la soltería es espiritualmente superior lo que es importante que comprendamos. Es importante notar que incluso colocando la soltería en su lugar y en el contexto apropiado, Pablo todavía habla muy positivamente de ella y no la desacredita o condena en términos extremadamente reductores.
Concluyo con unas pocas reflexiones personales. Parece que mucha de la preocupación de Maken tiene que ver con animar a los hombres a tomar más iniciativa y ser más responsable en buscar el matrimonio. Con esto estoy completamente de acuerdo. También acepto que algunas mujeres están muy preparadas para estar satisfechas con “estar casadas con Jesús”cuando ellas deberían preferir casarse con un esposo de carne y hueso. Ciertamente hay pastores y consejeros que proveen enseñanzas y consejos inútiles al respecto. Como es costumbre, hay un elemento de verdad en cada corrección o reacción exagerada. Sin embargo, aunque Maken esté en lo cierto, al menos en parte, al diagnosticar algunos de los problemas en la escena contemporánea, tengo severas preocupaciones con el propio punto de vista alternativo de Maken.
Para comenzar, si yo fuera soltero, yo no apreciaría el hecho de ser etiquetado básicamente como casi seguro que estoy fuera de la voluntad de Dios, si estoy satisfecho con mi soltería, y a la vez estoy oyendo que estoy engañándome a mí mismo o algo peor. Los solteros ya son excluidos frecuentemente de los asuntos sociales de la iglesia. Además el calificarlos como casi seguro de estar fuera de la voluntad de Dios difícilmente va a ayudarles en su situación, y esto, desde mi punto de vista, es desafortunado. Pienso que Dios nos tiene aquí no solamente para animar hacia el matrimonio a quienes son llamados al matrimonio (aunque no empujarles para que se apresuren a casarse), sino además para apoyar a aquellos pocos que se sienten satisfechos con su estado sin casar y verlo, sea permanente o temporalmente (¿y quién entre aquellos que no están actualmente casados sabe con certeza cuál es?), como el llamado de Dios para ellos. De hecho, como Pablo dice en 1ra a los Corintios, hay muchas ventajas para el que está sin casar al servir a la iglesia y al promocionar el reino de Dios (sea que Maken o yo describiéramos su contribución como “monumental” o no).
Cuando Maken escribe, “El llamado al matrimonio se aplica uniformemente a toda la humanidad,”yo simplemente le añadiría, “Excepto para aquellos llamados por Dios para permanecer sin casar, sea de por vida o por una temporada en sus vidas.” A pesar de las aseveraciones confidentes de Maken, nadie sabe con certeza cuántos caben en esa categoría sino solo Dios, y él es el único que necesita saberlo. No necesitamos decidir por alguien más si ellos son llamados a casarse o a permanecer sin casar. No somos el Espíritu Santo, así que ¿por qué no estamos satisfechos con dejar esta decisión al liderazgo de Dios en la vida de esa persona y a la propia conciencia y juicio de tal persona? Al fin y al cabo, es su vida, ¿no es así?
Aquellas mujeres que me han escrito diciendo que están amargadas por permanecer solteras muy seguramente no tienen el don de la soltería. Pero ¿por qué asegurar que nadie (o virtualmente nadie) más pueda tener tal don? Esto para mí, suena a una postura extrema, incluso crítica y prejuiciada, Creo que es más apropiado, sin mencionar que es la posición más Escritural, afirmar que el matrimonio es la norma y que la soltería es el llamado honorable y excepcional para aquellos que lo han recibido.
¿Es suficiente?