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¿FUE ESCRITO EL EVANGELIO DE JUAN POR OTRO “JUAN”?

Thursday, April 22nd, 2010

Un gran reto a la autoría apostólica del Evangelio de Juan ha venido recientemente de Richard Bauckham.  En su trabajo Jesus and the Eyewitnesses (Jesús y los testigos oculares), Bauckham argumenta de una manera persuasiva que los Evangelios reflejan testimonios de testigos oculares.  Según Bauckham, la fuente ideal de literatura greco-romana antigua no fue el observador desapasionado, sino el testigo ocular.  Los Evangelios escritos, según Bauckham, contienen historia oral relacionada a la transmisión personal del testimonio de testigos oculares, no simplemente la tradición oral que es resultado de la transmisión colectiva y anónima de la materia.  “En este contexto,” contiende Bauckham, “los doce sirvieron como “una comisión de autoridad.” 

De importancia especial en esta consideración es el frase, “desde el principio,” que se encuentra en varios puntos estratégicos en los Evangelios y en la documentación del Nuevo Testamento (por ejemplo: Lucas 1:2; 1 Juan 1:1; ver Juan 1:1).  Hay varios otros recursos literarios usados para enfatizar el carácter del Evangelio de testimonio de testigos oculares, tal como el “inclusio del testimonio de testigos oculares” (ver Marcos 1:16-18 y 16:7 para Pedro; Juan 1:40 y 21:24 para el “discípulo amado”).  Según Bauckham, el proceso de transmisión de la tradición de Jesús resultando en nuestros Evangelios canónicos escritos es mejor entendido como una tradición formal controlada en lo cual los testigos oculares desempeñaron una parte importante y continúo.

Con respecto al Evangelio de Juan, Bauckham contiende que el “discípulo amado por Jesús” debe ser considerado el autor, pero él identifica Juan el Mayor como el autor, no Juan el apóstol, hijo de Zebedeo, fundamentalmente, parece, por su lectura de la evidencia patrística (Papia, Polícrates, Ireneo) y por su entendimiento a la referencia de los “hijos de Zebedeo” en Juan 21:2.  En cuanto al punto final, Bauckham considera que el anonimato del discípulo amado a lo largo del Evangelio sea un obstáculo insuperable a la autoría apostólica del Evangelio de Juan, ya que los “hijos de Zebedeo” son mencionados por nombre; él cree que el discípulo amado es uno de los dos discípulos no identificados en esa lista.

Esto puede ser, pero parece que no haya buena razón por qué Juan el apóstol (si fuera el autor) no pudiera haber puesto a sí mismo  inadvertidamente en la escena sin quitar su anonimato como autor.  Dicho de otra manera, dado que el “discípulo amado por Jesús” debe ser uno de los siete discípulos mencionados en Juan 21:2, pero como no puede ser Pedro, Tomás o Nataniel, hay por lo menos la posibilidad de uno en cuatro que sí es Juan el hijo de Zebedeo, y si se descarta a su hermano Santiago (como debiera hacer; ver arriba) la probabilidad suba a uno en tres.  El argumento a favor de Juan el apóstol como el autor resulta          más convincente cuando uno se considera la siguiente lista de las preocupaciones con el argumento de Bauckham:

(1)   Marcos 14:17-18 y Lucas 22:14 claramente ponen a los Doce en el Aposento Alto con Jesús en la Última Cena; esto va en contra de la tesis de Bauckham que el autor no fue uno de los Doce y aparece poner a un testigo ocular apostólico (Pedro como la fuente para Marcos) contra otro (eso del “discípulo amado”).

(2)   Aparte de la cuestión de si otros pudieran haber estado presentes  en la Última Cena, ¿cuál es la verosimilitud histórica de que alguien aparte de los Doce estaba al lado de Jesús en la Última Cena,  aun más dado que sabemos que Judas (uno de los Doce) estaba del otro lado de Jesús?  La respuesta tiene que ser, “casi ninguna.”

(3)   Bauckham no dice nada de la fuerte conexión histórica entre Pedro y Juan el apóstol en toda la evidencia dispuesta del Nuevo Testamento (los cuatro Evangelios, Hechos, y Gálatas; ver arriba).  Esto es especialmente significante a la luz del hecho que Pedro y el “discípulo amado” son incontestablemente y coherentemente conectados en el Evangelio de Juan.

(4)   La presencia de la frase “supongo” (oimai en griego) en Juan 21:25 es un mecanismo de modestia autoral (quedando con la etiqueta de “discípulo amado”) que apoye la integridad del Evangelio completo como del mismo autor, identificado en el Evangelio como testigo ocular en ciertos puntos estratégicos (por ejemplo: 13:23; 19:35).

(5)    Metodológicamente, la pregunta surge de la legitimidad de poner una gran cantidad de peso de la lectura de uno sobre la evidencia patrística en contra de la evidencia interna de los propios Evangelios; parecería que, al final, la lectura más convincente de la evidencia interna debería ser dado el mayor peso.

(6)   ¿Cuál es la probabilidad, a la luz de la teoría de Bauckham, que el testigo ocular primario del Evangelio de Juan es un no-apóstol –aún uno cuyo testimonio es superior a lo de Pedro?  Respeto a esto, la pregunta surge de si la iglesia primitiva hubiera recibido tal Evangelio, especialmente si fuera escrito una generación después de los Evangelios Sinópticos y a la luz de la importancia crucial puesto sobre la apostolicidad en el proceso canónico. 

(7)   ¿Por qué omitió el autor el nombre de Juan, aparte de lo del Bautista?  Seguramente es sorprendente que alguien tan importante como Juan el apóstol ni fue mencionado en el Evangelio (aparte de Juan 21:2).  ¿No sería considerablemente más probable que, de hecho, él es el “discípulo amado” y el autor del cuarto Evangelio? 

(8)   ¿Cuál otro Juan alguna vez fue atribuido la autoría del Evangelio de Juan en la iglesia primitiva?  Aparte de las citas ambiguas de Papia en Ecclesiastical History (Historia eclesiástica) escrito por Eusebio mencionadas arriba, y una referencia dudosa a Juan en Hechos 4:6 por Polícrates, la respuesta de nuevo es “ninguno.” 

La fuerza acumulativa de la lista sugiere que el argumento de Bauckham, mientras que por lo general es acertado afirmando la importancia del testimonio de testigos oculares para los Evangelios, es demasiado parcial al examinar la evidencia de la autoría del Evangelio de Juan.  De hecho, es difícil evitar la impresión que la autoría no-apostólica del cuarto Evangelio es prácticamente asumido desde el principio del argumento de Bauckham.  Esto es aún más sorprendente dado que la autoría apostólica parece ser el corolario más natural de la tesis total de Bauckham.  Después de todo, el punto de Bauckham no es meramente que testimonio de un testigo ocular—el testimonio de cualquier testigo ocular—es importante para el Evangelio, sino que estamos ocupados de cuestiones aquí con el testimonio de un testigo ocular apostólico, o sea, testimonio de un testigo ocular creíble porque viene de los que estuvieron más cercano a Jesús en su ministerio terrenal.  En este sentido, es difícil ver como un testimonio de un generalmente desconocido “Juan el mayor”—que no fue mencionado en ninguno de los Sinópticos ni en las otras escrituras del Nuevo Testamento no escritas por Juan—satisficiera el propio criterio de Bauckham.  Por el otro lado, la autoría apostólica del Evangelio de Juan, junto con la importancia de Pedro como testigo secundario, cabría perfectamente con la teoría total de Bauckham.

Por estas y otras razones, aceptamos y coincidimos con la tesis total de Bauckham acerca el carácter del testigo ocular de los Evangelios pero no encontramos convincente su caso contra la autoría apostólica del Evangelio de Juan.  Lo más probable, en nuestra opinión, es la opinión que el Evangelio de Juan, tal como los otros tres Evangelios canónicos, son fundados en el testimonio de un testigo ocular apostólico, y que, de hecho lo de Juan es el Evangelio escrito por el apóstol más cercano a Jesús durante su ministerio terrenal.  En turno, esta afirmación sólo cabe históricamente con el apóstol Juan, quien, según el testimonio unificado de Mateo, Marcos, y Lucas, era uno de los tres miembros del círculo íntimo de Jesús junto con Pedro y Santiago, el hermano de Juan.

NOTA: La publicación de arriba fue adaptado de Andreas J. Köstenberger and Scott R. Swain, Father, Son and Spirit: The Trinity and John’s Gospel (NSBT 24; Leicester, UK/Downers Grove, IL: InterVarsity, 2008), 31–33 (Padre, Hijo y Espíritu: la Trinidad y el Evangelio de Juan).  Para mayor información, vea Andreas J. Köstenberger y Stephen O. Stout, “The Disciple Jesus Loved: Witness, Author, Apostle: A Response to Richard Bauckham’s Jesus and the Eyewitnesses,” Bulletin of Biblical Research 18/2 (2008): 209–32 (“El discípulo amado por Jesús: testigo, autor, apóstol: una respuesta a Jesús y los testigos oculars por Richard Bauckham); y Andreas J. Köstenberger, “‘I Suppose’ (oimai): The Conclusion of John’s Gospel in Its Literary and Historical Context,” in The New Testament in Its First Century Setting: Essays on Context and Background in Honour of B. W. Winter on His 65th Birthday, ed. P. J. Williams, A. D. Clarke, P. M. Head, and D. Instone-Brewer (Grand Rapids: Eerdmans, 2004), 72–88 (“’Supongo’ (oimaí): La conclusión del  Evangelio de Juan en su contexto literario e histórico,” in El Nuevo Testamento en su escenario del primer siglo: ensayos sobre el contexto e información de fondo en honor de B.W. Winter en su cumpleaños de 65 años).

PABLO COMO INTÉRPRETE DE LAS ESCRITURAS DE ISRAEL

Thursday, April 22nd, 2010

Como parte de mi papel como Director de los estudios de doctorado en el Seminario Southeastern, estoy enseñando un seminario integrador sobre varios temas pertinentes para un estudiante doctoral de primer año.  Esta tarde, nuestro profesor visitante es el Dr. Richard Hays de la Universidad Duke.  Los siguientes comentarios son diseñados para preparar la escena del seminario, en donde darán presentaciones los 21 estudiantes sobre tres pasajes paulinos, 1 Corintios 10:1–22; 2 Corintios 3:1–18; y Romanos 9:30–10:13, con el propósito de hablar del papel de Pablo como intérprete de las Escrituras de Israel.  Mis comentarios son reproducidos abajo como intento darlos.

Es un honor tener con nosotros hoy el Dr. Hays.  El Dr. Hays es un erudito prolífico en el campo de estudios del Nuevo Testamento, estudios de Jesús, estudios paulinos, y de éticas cristianas para nombrar algunos.  El Dr. Hays está ampliamente conocido por su libro The Moral Vision of the New Testament (La visión moral del Nuevo Testamento), que, de mi punto de vista, es el mejor libro sobre este tema, y por sus dos obras sobre el tema que consideraremos hoy Echoes of Scripture in the Letters of Paul (1989) (Ecos de la Escritura en las cartas de Pablo) y The Conversion of the Imagination (2005) (La conversión de la imaginación).  Dr. Hays, estamos muy agradecidos de que nos pudiera acompañar hoy para dirigir esta sesión del seminario integrador de hoy.  ¡Bienvenido!

Yo no soy ningún experto paulino, y conozco mis limitaciones, entonces, en breve cederé el tiempo al Dr. Hays.  Pero, antes, si me permiten unos comentarios personales: Hace pocos años participé en un simposio sobre el tema del uso del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento en la Universidad McMaster reunido bajo los auspicios de Stanley Porter.  Los documentos revisados del seminario han sido publicados por Eerdsman bajo el título Hearing the Old Testament in the New Testament (2006) (Escuchando el Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento).  En esa conferencia, los presentadores leyeron sus documentos sobre varios autores del Nuevo Testamento y su uso en el Antiguo Testamento.  Yo tenía la tarea imposible y nada envidiable de responder a cada uno de esas presentaciones. 

Por nuestros propósitos hoy, restringiré mis comentarios al trabajo sobre Pablo en esa conferencia, que fue dado por James Aageson, profesor de estudios bíblicos en la Universidad Concordia.  Aageson escribió un libro que propone, inocentemente, que las palabras de Pablo (incluso su uso del Antiguo Testamento) fueron “escrito por nuestro bien” (una alusión al 1 Corintios 10).  En su documento para el congreso, él elabora esta tesis.   La primera cosa que hizo Aageson era poner al Pablo de los Hechos en contra del Pablo de las Epístolas, diciendo que en Hechos Pablo se ve comprobando de las Escrituras que Jesús es el Cristo (por ejemplo: 17:2–3; 28:23) mientras que en las Epístolas, según Aageson, Pablo raras veces cita las Escrituras para establecer su Cristología.  Mi respuesta para esto fue que aun por el bien del argumento, si concedimos el punto de Aageson, es muy probable que la diferencia se encuentre en el hecho de que en los Hechos se muestra a Pablo participando en predicaciones misioneras (por eso su esfuerzo de mostrar de las Escrituras que Jesús es el Cristo) mientras sus cartas por lo general están destinados a los creyentes.  Si fuera así, parece que no haya incongruencia alguna entre los dos “Pablos.”   

Segundo, Aageson planteo la cuestión que si debemos buscar o no reproducir la hermenéutica de Pablo o su exegética de las Escrituras hoy día.  La respuesta de Aageson: no sólo es imposible a causa de nuestros contextos diferentes, tampoco es deseable porque sería una “violación de nuestra propia responsabilidad de aproximarse a los textos de la Escritura, incluso las cartas de Pablo, como agentes interpretativos que toman nuestros contextos con la misma seriedad que Pablo tomó los suyos.”  Entonces, lo que Aageson hace aquí es poner el contexto de Pablo en contra del contexto de intérprete contemporáneo, y después procede a afirmar la prioridad del contexto contemporáneo contra el de Pablo.

Él sigue diciendo que, “la interpretación de las Escrituras no debería (o quizá, no podría) ser reducida a una mera tarea de intentar a descubrir el significado en los textos de la Escritura… Mejor dicho, es una tarea generativa y creativa que es invariablemente abierta.  Mi respuesta a este derrumbe de los horizontes de interpretación bíblica es, “¿Porqué no intentar primeramente a identificar el significado de Pablo y después determinar el significado de su mensaje para el lector contemporáneo?”  Al final y al cabo, el problema inminente para Aageson es el de un vacío de autoridad, si aquella autoridad está arrancada del autor bíblico (Pablo) y transferida al lector contemporáneo.  Parece que él percibe esto cuando habla del “riesgo de entrar en una casa pos-moderna de espesos interpretativos,” pero él es impávido, agregando que “cómo la lectura de Pablo de la Escritura aún agregaba un elemento más a la tradición rica de interpretación pos-bíblica” [es decir: la interpretación del Antiguo Testamento], entonces “nuestro lectura de le Escritura hará semejantemente.” 

En mi respuesta a Aageson, expresó mi asombro a esta declaración.  ¿Será que no hay diferencia entre Pablo y tú y yo?  Y, ¿qué de la afirmación constante de Pablo desde el principio de sus cartas en cuanto a su apostolado?  Aageson objetó que un enfoque tradicional en la interpretación del uso de Pablo del Antiguo Testamento (del que, al aparecer, soy culpable) resulte en “traducir los textos en una manera mecánica, arcaica e inánime.”  Sí, dice que “puede,” pero ¿tiene que ser?  Luego en su documento, Aageson llevó su posición un paso más, discutiendo que la iglesia no debe sólo repetir los pensamientos de Pablo sobre un tema dado, sino debe entender que “Pablo invita a cada generación teológica a la cuestión de nuevo.”  A que yo respondió: –¿y llegar a conclusiones diferentes a las de Pablo?

Esto parece ser la implicación de la declaración de Aageson, y, efectivamente, él procede a decir que “Pablo no pronunció la última palabra” en cuanto al tema de Israel y la iglesia en Romanos 9-11 sino “provocó y contribuyó a las conversaciones de la iglesia que continúan sobre el tema.”  Entonces, Pablo inició la conversación y dio sus contribuciones, pero no debemos sentirnos atados por sus conclusiones y sus declaraciones.  Esto parece ser una vista sorprendentemente bajo de Pablo y una vista sorprendentemente alta de Aageson mismo y de ti y de mí como intérpretes de hoy.

Y, si eso fuera poco, Aageson sigue diciendo que en nuestra lectura hoy, el apostolado de Pablo será “cumplido de nuevo en nuestro tiempo.”   No sólo es que Pablo tuviera “bordes rugosos” y “lagunas conceptuales” en su uso de la Escritura, sino Aageson detecta hasta un “mal leído” de la Escritura de parte de Pablo (aunque Aageson no elabora este punto).  Al leer las cartas de Pablo, a uno no le da la impresión que Pablo se viera a sí mismo como sólo iniciando la conversación y expresando su propia opinión humilde.  Más bien, sus escritos en total exudan la confianza que, por la gracia de Dios y su comisión apostólica, Pablo ha resuelto ciertos asuntos controversiales, como lo de la participación gentil en la iglesia en términos iguales con los judíos, una vez para siempre.

Es una cosa decir que Pablo luchaba con temas difíciles que desafiaban una determinación fácil o que reconoció humildemente sus propias limitaciones en entender los misterios divinos, como él hace en Romanos 11: 33-36, y otra cosa mantener que Pablo leyó mal la Escritura y que nosotros debemos encontrar soluciones teológicas por nuestra cuenta.  Así que presento que hay otras, y mejores maneras de entender que la Escritura haya sido escrita “también por nuestro bien” que sustituir nuestra propia interpretación de la Escritura para aquellas de Pablo y los autores bíblicos.  De nuevo, bienvenido Dr. Hays, el tiempo es tuyo.

ALGO EN PENSAR: CAMINANDO SOBRE EL AGUA DE LA VIDA

Thursday, March 25th, 2010

Pocos de los milagros de Jesús, certificados en los cuatro evangelios canónicos, son tan increíbles como su caminar sobre el agua (ver Marcos 6:45-52).  Como su transformar grandes cantidades de agua al vino, este milagro de la naturaleza desafía la explicación humana.  No es que los no creyentes no hayan intentado explicar el evento por una explicación naturalista.  Por ejemplo, recientemente alguien sugirió que Jesús era simplemente saltando de una roca a otra, rocas escondidas apenas abajo de la superficie del agua.  Esto podría ganar el primer premio de la imaginación, pero es tan transparentemente un intento a explicar lo inexplicable que es instantáneamente contraproducente y nos dice más de la incredulidad de la persona quien propone la “solución” que de lo que más probablemente ocurriera. 

Desde el llamado tiempo de “la Ilustración,” deístas y otras anti-sobrenaturalistas han buscado concebir guiones de causa y efecto que quiten lo milagroso de la Escritura.  Uno de ellos fue uno de los Padres fundadores de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, quien expuso los “principios de un deísmo puro” supuestamente enseñado por Jesús, “omitiendo la cuestión de su deidad.” La Biblia de Jefferson, que no fue publicado hasta el 1895 por el nieto de Jefferson, comienza con el relato del nacimiento de Jesús, omitiendo toda mención de los ángeles, la profecía, los milagros, la Trinidad, o la deidad de Jesús.  El relato concluye con estas palabras, “Ahora, en el lugar donde fue crucificado, había un jardín; y en el jardín, un nuevo sepulcro, donde no había sido puesto ningún hombre.  Allí pusieron a Jesús.  Y arrollaron una gran piedra a la puerta del sepulcro, y partieron.”  ¡Fin de la historia!  No resurrección. 

¡Cuán diferente es este relato que lo que contaron los testigos oculares con respeto a Jesús en la Escritura!  Es poco probable que alguien hubiera fabricado este tipo de historia donde Jesús camina sobre el agua, y también invitó a Pedro a salir del barco para caminar hacia el sobre el agua, a menos que en realidad él acordara el suceso.  El caminar sobre el agua, a su vez, hubiera invocado claramente la memoria de la Escritura, según lo que Dios “se basta para extender los cielos; somete a su dominio las olas del mar” (Job 9:8).  Al ver a Jesús, sus seguidores estaban tan asustados que pensaron que fue un fantasma y gritaron.  Después, como nos cuenta Marcos, “Estaban sumamente asombrados” y “tenían la mente embotada” (Marcos 6:51-52).  Aún cuando Jesús respira por la última vez, el centurión Romano que está frente a la cruz grita, “¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!” (Marcos 15:39).

“¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y las olas le obedecen?” (Mateo 8:27).

LA RECAPITULACIÓN DE LA TUMBA DE JESÚS

Friday, March 12th, 2010

Ya es hora para concluir el tema de “La tumba familiar de Jesús,” ¿no te crees?  Yo concluyo que este es un caso extremo de intentar demasiado.  El libro, que en su subtítulo pretende tener “La evidencia que podría cambiar la historia” y la pretensión sensacionalista que este propone, a lo mejor va a ser tirado en el montón de basura de las teorías descartadas de la arqueología bíblica. 

A ver si estás de acuerdo que, con una evaluación sobrio, esto es lo que conocemos de “La tumba familiar de Jesús”:

  1.  El “Yeshua bar Yehosef” (si de veras esto sea una lectura correcta) casi seguramente no puede ser el Jesús de la Biblia.  Este hombre tenía un hijo llamado “Yose,” pero en nuestras fuentes históricas hay un silencio completo en relación a que Jesús de la Biblia tenía un hijo llamado “Yose” o cualquier otro nombre. 
  2. El “Mariamenou-Mara,” que supuestamente fuera la esposa de “Yeshua bar Yehosef,”  María Magdalena, casi seguramente no es María Magdalena, y pudiera haber sido relacionada a “Yeshua” (quien, casi seguramente no fuera el Jesús de la Biblia) en cualquier número de formas.  No hay evidencia histórica en absoluto que María Magdalena fuera conocida como “Miriamene” en el transcurso de su vida o en el momento de su entierro.  Es curioso que ésta es la única inscripción en griega (que no fue explicado por los creadores del documental de “La tumba de Jesús”).
  3. La “María,” que supuestamente sea la madre de Jesús, es sólo una entre una gran cantidad de mujeres que llevaba ese nombre en Palestina en el primer siglo.  No hay información alguna referente a su relación familiar con “Yeshua bar Yehosef.”
  4. No se conoce nada acerca de la persona llamada “Matia” (el nombre que cae en noveno lugar de nombres más comunes en Palestina en el primer siglo).
  5. “Yose” era una forma abreviada común de “Yehosef” (el nombre del padre de “Yeshua”).
  6. “Yehuda bar Yeshua” era el hijo de “Yeshua bar Yehosef.”

Entonces las únicas relaciones familiares demostrables son las siguientes:

            Yehosef

            [padre de]

            Yeshua

            [padre de]

            Yehuda

Los tres son nombres muy comunes, con Yehosef siendo el nombre en segundo lugar de nombres más comunes en Palestina en el primer siglo, Yeshua cae en sexto lugar de nombres más comunes, y Yehuda en cuarto lugar de nombre más comunes.  

Además de esto, de hecho es que no sabemos cómo “Mariamenou-Mara,” “Maria,” “Yose,” y “Matia” fueron relacionados con estas personas.

Respecto a esto, es muy importante recordar que aunque sólo tenemos inscrito los nombres de seis personas en el osario de esta tumba, pudo haber sido hasta 35 personas enterradas en esta tumba familiar.  Seguramente esto debe tener un porte importante al computar las estadísticas, pero, hasta ahora lo han pasado por alto.

Agrega a esto el hecho que las inscripciones están en hebreo, árabe, y griego, puede sugerir que tengamos una tumba de generaciones múltiples (notado por Witherington).

Una pregunta final: A la luz del hecho que “Mariamenou” está en el caso genitivo y “Mara” era una forma abreviada común de “Marta,” ¿será posible que el nombre de la mujer fuera “Marta [hija de] Miriamene [María]”?

En conclusión, yo creo que la última semana o los últimos diez días alrededor de la emisión del documental de “La tumba de Jesús” han sido muy instructivos.  Han sido instructivos en consideración a la necesidad de pasar cuidadosamente por el tamiz la evidencia antes de saltar a conclusiones.  Han mostrado la necesidad de conocimientos especializados en estudios bíblicos, arqueología, estadísticas, y etc.  También han revelado una ignorancia masiva respeto a la naturaleza de la resurrección de Jesús y la manera en que es indispensable para la fe cristiana. 

Seguramente, mientras preparamos por la celebración de la Pascua, debemos una deuda de gratitud a Dios para la manera en que usó los creadores del documental “La tumba de Jesús” para profundizar nuestro aprecio por la muerte, el entierro, y la resurrección de Jesús—el evangelio cristiano—y por la manera en que estos eventos han sido representado fidedignamente en el Nuevo Testamento.  El mito propagado por los creadores del documental “La tumba familiar de Jesús” no llega ni cerca a la realidad de la resurrección de Jesús de la Biblia.  Ciertamente, lo que algunos quisieran usar para ganancias personales, Dios quiso usar para nuestro bien y su gran gloria.

FUENTES USADAS: Para una discusión excelente de lo que ya conocemos de los seis nombres en las inscripciones del osario, ver el reportaje de Richard Bauckham “The alleged ‘Jesus family tomb’” (“La tumba supuestamente conocido como la tumba familiar de Jesús”).  También ver Craig Blomberg, “Did They Really Find Jesus’ Bones?” (“¿De veras encontraron los huesos de Jesús?”) y los cuatro blogs significantes de Ben Witherington con las fechas 26 y 28 de febrero y el 1 y 5 de marzo.  Aquí se encuentra una lista útil de algunos de las mejores respuestas de la teoría de “La tumba de Jesús.”

¿Es Jesús Dios?

Friday, March 12th, 2010

Un lector respondió al blog del Dr. Köstenberger preguntando “¿Es Jesús Dios?”

El lector afirma que Jesús es engendrado, o sea, creado, y así, como Dios es sólo uno y no tres, Jesús tenía un principio.

También afirma que Jesús es únicamente el Hijo de Dios, y no Dios.  Dice que Jesús nunca remitió a sí mismo como Dios.  Mejor dicho, Jesús llamó a Dios su “Dios” o su “Padre.” 

La respuesta del Dr. Köstenberger:

Te agradezco por tu respuesta a mi blog.

Estoy completamente de acuerdo contigo cuando dices que “Debemos permitir que las Escrituras sean nuestra única fuente para la verdad, aunque contradigan lo que nos han enseñado nuestros queridos maestros y pastores.”  Te desafiaría a vivir de acuerdo con esta máxima tuya y a considerar cuidadosamente los siguientes pasajes de la Escritura donde Jesús está claramente llamado “Dios.”

  • Romanos 9:5: “Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas.  ¡Alabado sea por siempre!  Amén.”
  • Filipenses 2:5-6: “Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios.”
  • Tito 2:13: “nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.”
  • Mateo 1:23: “lo llamarán Emanuel (que significa “Dios con nosotros”).”
  • Hebreos 1:8: “Pero con respecto al Hijo dice: “Tu trono, oh Dios, permanece por los siglos de los siglos.”
  • 2 Pedro 1:1: “nuestro Dios y Salvador Jesucristo.”
  • Juan 20:28: [Tomás adorando a Jesús:] “¡Señor mío y Dios mío!”
  • 1 Juan 5:20: “Y estamos con el Verdadero, con su Hijo Jesucristo.  Éste es el Dios verdadero y la vida eterna.” 

Observa que en todos estos pasajes, no sólo le llaman a Jesús el “Hijo de Dios” sino “Dios.”  Observa también de que estos pasajes abarcan todo el Nuevo Testamento, incluyendo Mateo, Juan, Pablo, Pedro, y el autor de Hebreos.  Y finalmente observa que los primeros cristianos, como Tomás, adoraron a Jesús como Dios.  Esto es el testimonio de la Escritura. 

Sinceramente,

Andreas J. Köstenberger

LA TUMBA DE JESÚS

Friday, March 12th, 2010

Como has escuchado, James Cameron, el director de la película Blockbuster, “Titanic,” está para hundir un barco aún más enorme—el cristianismo.  Él afirma que los huesos de Jesús y los de su madre, sus hermanos, su esposa, y su hijo llamado Judas, fueron encontrados en unas urnas (cajas de huesos) en una tumba en Jerusalén.   Anoche, en el programa de Larry King Live, Cameron y su colaborador, Simcha Jacobovici, afirmaron que ellos produjeron un documental para la televisión (saldrá el 4 de marzo en el Discovery Channel) simplemente con el esfuerzo de “reportar las noticias” para que la gente pueda sacar su propio opinión.  Aún, según Ben Witherington, Simcha es un judío ortodoxo practicante.  ¿De veras debemos creer que la “revelación” que se han encontrado los huesos de Jesús—y por eso no hubo una resurrección—no es un asunto religioso para este hombre?  Para mí, por lo menos, esto tiene la marca del dólar todopoderoso escrito por todos lados.

Permítame enumerar algunos de los problemas flagrantes en la manera en que este encuentro (¡en los 1980s’!) está interpretado por Cameron y Simcha:

  • La afirmación que los huesos de María Magdalena fueron encontrados en una de aquellos osarios basado en que el nombre “Miriamene” (María) fue inscrito en la caja es falaz; la conclusión establecido aquí está completamente extraído del aire
  • El uso altamente sospechado de las estadísticas y la “evidencia” ADN para apoyar su caso; Jesús, José y María eran entre los nombres más populares en Palestina en el primer siglo, y, por supuesto, la mayoría del tiempo, las personas enterradas en la misma tumba fueron relacionados; como Witherington indica correctamente, “necesitaríamos una muestra de control independiente de varios miembros de la familia de Jesús para confirmar que estos fueron miembros de la familia de Jesús”—pero, por supuesto, no tenemos tal cosa
  • Todos los relatos más antiguos de la muerte y del entierro de Jesús indican que el cuerpo de Jesús no pudo ser encontrado y que no hubo sido movido; no hay ninguna prueba antigua en absoluto de una tumba familiar de Jesús
  • ¿Por qué estaría esta tumba familiar en Jerusalén?  Jesús nació en Belén y se creció en Nazaret
  • No hay evidencia histórica que Jesús tenia a un hijo llamado Judas; no hay evidencia histórica creíble que Jesús fuera casado, a María Magdalena o a cualquier otra (además, ver el primer punto arriba)
  • Si Jesús murió y después de unos años sus huesos fueron transferidos a un osario, y este osario fue puesto en una tumba familiar en Jerusalén, esto significaría que todos los primeros mártires Cristianos, incluyendo a los apóstoles, murieron a sabiendas por una religión fraudulenta; esto es muy inverosímil

Es difícil saber si uno debe dignificar este tipo de treta comercial sensacionalista con una refutación seria.  ¿Por qué planearían un judío ortodoxo y un cineasta de Hollywood no creyente el estreno de un documental para la tele negando la resurrección de Jesús justo antes de la Pascua?  ¿Por una erudición seria o por una ganancia máxima personal?

Dice Simcha que nosotros los cristianos debemos estar abiertos a las pruebas que nos presente.  Estoy de acuerdo; si los huesos de Jesús se encuentran en esa caja, el cristianismo está basado en una premisa falsa—la resurrección de Jesús (ver los narrativos de la resurrección en los Evangelios; las predicaciones de los apóstoles en el libro de Hechos; y el resumen de Pablo del evangelio en I Corintios 15:3-4).  Sin embargo, el problema con las “pruebas” de Simcha es que él está conectando los puntos demasiado rápido para llegar a su conclusión deseada.  Seguramente, tendrá que haber mejores pruebas para derrocar los hechos bien atestiguados de la resurrección de Jesús.

ALGO EN PENSAR: CAMINANDO SOBRE EL AGUA DE LA VIDA

Monday, March 1st, 2010

Pocos de los milagros de Jesús, certificados en los cuatro evangelios canónicos, son tan increíbles como su caminar sobre el agua (ver Marcos 6:45–52). Como su transformar grandes cantidades de agua al vino, este milagro de la naturaleza desafía la explicación humana. No es que los no creyentes no hayan intentado explicar el evento por una explicación naturalista. Por ejemplo, recientemente alguien sugirió que Jesús era simplemente saltando de una roca a otra, rocas escondidas apenas abajo de la superficie del agua. Esto podría ganar el primer premio de la imaginación, pero es tan transparentemente un intento a explicar lo inexplicable que es instantáneamente contraproducente y nos dice más de la incredulidad de la persona quien propone la “solución” que de lo que más probablemente ocurriera.

Desde el llamado tiempo de “la Ilustración,” deístas y otras anti-sobrenaturalistas han buscado concebir guiones de causa y efecto que quiten lo milagroso de la Escritura. Uno de ellos fue uno de los Padres fundadores de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, quien expuso los “principios de un deísmo puro” supuestamente enseñado por Jesús, “omitiendo la cuestión de su deidad.” La Biblia de Jefferson, que no fue publicado hasta el 1895 por el nieto de Jefferson, comienza con el relato del nacimiento de Jesús, omitiendo toda mención de los ángeles, la profecía, los milagros, la Trinidad, o la deidad de Jesús. El relato concluye con estas palabras, “Ahora, en el lugar donde fue crucificado, había un jardín; y en el jardín, un nuevo sepulcro, donde no había sido puesto ningún hombre. Allí pusieron a Jesús. Y arrollaron una gran piedra a la puerta del sepulcro, y partieron.” ¡Fin de la historia! No resurrección.

¡Cuán diferente es este relato que lo que contaron los testigos oculares con respeto a Jesús en la Escritura! Es poco probable que alguien hubiera fabricado este tipo de historia donde Jesús camina sobre el agua, y también invitó a Pedro a salir del barco para caminar hacia el sobre el agua, a menos que en realidad él acordara el suceso. El caminar sobre el agua, a su vez, hubiera invocado claramente la memoria de la Escritura, según lo que Dios “se basta para extender los cielos; somete a su dominio las olas del mar” (Job 9:8). Al ver a Jesús, sus seguidores estaban tan asustados que pensaron que fue un fantasma y gritaron. Después, como nos cuenta Marcos, “Estaban sumamente asombrados” y “tenían la mente embotada” (Marcos 6:51–52). Aún cuando Jesús respira por la última vez, el centurión Romano que está frente a la cruz grita, “¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!” (Marcos 15:39).

“¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y las olas le obedecen?” (Mateo 8:27).

RESPUESTAS PARA LA GUÍA TELESPECTADORA

Tuesday, February 16th, 2010

Igual que muchos de ustedes, yo miré el programa especial sobre la tumba de Jesús en la tele que fue hecho por el Discovery Channel.  He aquí mis respuestas para las preguntas que propuse anteriormente en la guía telespectadora.

Posibles lagunas en la lógica:

¿A base de qué está hecha la afirmación que la persona muerta que se encuentra en la urna funeraria que se llama “Miriamene” puede ser identificada como María Magdalena?  UN MANUSCRITO DEL SIGLO 14 DE LOS HECHOS DE FELIPE.

¿A base de qué está hecha la afirmación adicional que María Magdalena era la esposa de Jesús?  PRUEBAS DE ADN QUE INDICA QUE NO COMPARTIERON LA MISMA MADRE.

¿Menciona el programa que “Miriamene e Mara” en vez de “María, conocida como la patrona” puede significar “María y Marta” (siendo “Mara” una forma corta de “Marta”; ver Richard Bauckham, Jesús y los testigos oculares, p. 89)?  NO, NO SE HIZO REFERENCIA.

¿Hay reconocimiento de otras posibles explicaciones de por qué el “Jesús” y la “Miriamene” no parecen compartir el mismo ADN, tales como que esta mujer podría haber sido la esposa de un hermano de este “Jesús” o que es alguien que fue puesto en la tumba para otra razón que ni es pariente?  NO HAY RECONOCIMIENTO.

(Nota, a propósito, que es completamente innecesario que los creadores de este especial de la tele afirmen que “Miriamene” es María Magdalena, y que María Magdalena es la esposa de Jesús.  No importa la identidad de “Miriamene,” si los huesos de Jesús se encuentran en una de esas urnas, esto destruiría el “cristianismo” en total y rebatirá la resurrección. )

Afirmaciones no comprobadas que faltan explicaciones:

¿Se ofrece alguna explicación del por qué la tumba de la familia de Jesús hubiera sido sitiada en Jerusalén? NO

¿Se ofrece explicación del por qué no existe evidencia antigua de tal tumba?  NO

¿Se ofrece alguna explicación de si existiera tal tumba, por qué no hubieran señalado los enemigos del cristianismo en el primero o segundo siglos que esta tumba existiera como prueba de que la afirmación cristianismo que la resurrección de Jesús fue falsa?  NO

¿Se ofrece explicaciones del por qué cuantos cristianos murieron una muerte mártir para lo que conocieron como una afirmación fraudulenta?  NO

Posibles exageraciones y abusos de la ciencia:

¿Se da la impresión que las estadísticas “prueban” que los huesos del “Jesús” que posiblemente fueron puestos en la urna fueron los del Jesús del cristianismo? [Acuérdate que las estadísticas apenas “prueban” cualquier cosa.]  REPETIDAMENTE, LLAMAN A LA EVIDENCIA ESTADÍSTICA “PERSUASIVA”

¿Hay reconocimiento de que existen más de 1,000 hombres llamado “Jesús” en el primer siglo en Palestina?  ¿Y que varios hombres llamados “Jesús” tenían padres con el nombre de José y María, porque eran nombres sumamente comunes?  Y etcétera.  SI, ESTÁ RECONOCIDO QUE 1 EN 4 MUJERES SE LLAMABAN MARÍA

¿Usan las pruebas de ADN para deslumbrar el público, como unos deus ex machina, para encubrir un caso débil?  EVIDENCIA ADN ESTÁ SOBREENFATIZADO

¿Hay referencia al hecho de que ni tenemos ADN indiscutido de Jesús, ni tampoco de alguien de su familia?  NO

Otros posibles problemas no declarados:

¿Hay reconocimiento de que la inscripción “Jesús” es incierta de sí misma?  La Catalogue of Jewish Oussaries (Cataloga Judaica de urnas) de Rahmani publicado en la página de web de Discovery Channel, dice, “El primer nombre precedido por una marca-cruz grande es difícil leer porque las incisiones están torpemente talladas y muy rascadas.”  ¿A caso se mencionan esto en la programa? NO SE MENCIONA

¿Se admite en el programa que la única posible fuente que identifica “Miriamene” con María Magdalena son los Hechos de Felipe (disponible en un texto del siglo 14), que parece relacionar esta “Miriamene” con Marta y así identificándola, no con María Magdalena, sino con María de Betania?  NO HAY REFERENCIA DE QUE MIRIAMENE SE CONECTA CON MARTA EN LOS HECHOS DE FELIPE

En conclusión: Mientras mires el programa sobre la tumba de Jesús, en consideración de lo que está mencionado arriba en la “Guía Telespectadora”, pregúntate a ti mismo: “¿Cuán convincente es el caso de que la tumba contenía los huesos de Jesús, su esposa María Magdalena, y su hijo Judas y otros miembros de la familia de Jesús?”

Está alerta también para una posible parcialidad en el “reportaje,” como los creadores del “documentario” afirman, de las “noticias” y los “hechos.”  Aquí, la pregunta es, “¿tienen los reporteros, igual como miembros de un jurado, la responsabilidad de ejercitar cautela en conectar los puntos de un caso dado? Y ¿están obligados a reconocer la posibilidad de otras explicaciones además a las suyas?”

P.S.  He aquí lo que el Profesor Amos Kloner, quien supervisó el trabajo arqueológico en la “tumba de Jesús” en el 1980, dice sobre la teoría propagada por la especial del Discovery Channel: “Es una historia genial para la tele.  Pero es completamente imposible.  Son tonterías.  No existe la probabilidad de que Jesús y sus parientes tuvieron una tumba familiar.  Fueron una familia de Galilea sin conexiones en Jerusalén.  La tumba Talpiot pertenecía a una familia de clase media del primer siglo C.E.

PARA MAYOR INFORMACIÓN:   Materiales usados en la preparación de la información anterior incluyen: “‘Lost Tomb’ is no open-and-shut case” (‘La tumba perdida’ no es un caso evidente y simple), escrito por Sam Allis, Boston Globe (3 de marzo, 2007); una carta abierta de Paul Maier, departamento de historia, la Universidad de Western Michigan (25 de febrero, 2007); “Initial Impressions of The Jesus Family Tomb” (Impresiones iniciales de la tumba de la familia de Jesús), por Charles Quarles, presidente de Estudios Cristianos, Universidad de Louisiana (28 de febrero, 2007); y, “Kloner: A great story, but nonsense” (Kloner: una gran historia, pero de tonterías), escrito por David Horovitz, The Jerusalem Post Online Edition (La publicación de Jerusalén: publicación en línea) (27 de febrero, 2007).

Un Año Nuevo Para Fundamentos Bíblicos

Thursday, February 11th, 2010

“todo mortal es como la hierba, 

y toda su gloria como la flor del campo;

la hierba se seca

 y la flor se cae,

pero la palabra del Señor permanece para siempre.” (Isaías 40:6–8, citaba en 1 Pedro 1:24–25 NVI)

El tomar un tiempo personal entre la Navidad y el Año Nuevo me dio la oportunidad de reflexionar en mis prioridades personales de este año. Confieso de cierta cantidad de “fatiga de blog” antes de las vacaciones, pero he salido de mi tiempo de introspección más vigorizado creyendo aun más firmemente de que sólo un retorno a los Fundamentos Bíblicos nos dará una base suficientemente sólida en la realidad última tanto individualmente como creyentes como también colectivamente como el pueblo de Dios. Sólo “la palabra de Dios permanece para siempre” –las personas se parecen a las flores, aunque sean hermosas (porque son hechura de Dios) para una temporada, al final, se marchiten y se mueren.

El comienzo del 2007 marca dos iniciativas estratégicas para el ministerio de Fundamentos Bíblicos. La primera es la adquisición del nombre y el sitio www.biblicalfoundations.com. Cuando llega a ser completamente poblado, esta nueva página de web incluirá todas mis publicaciones y recursos sobre varios temas relacionados a la reconstrucción de fundamentos bíblicos para la casa, la iglesia y la sociedad. La página www.biblicalfoundations.org continuará publicando mi blog semanal, mi horario de enseñanzas y lecciones, y una variedad de otras publicaciones y recursos. Este segundo sitio pretende aumentar el impacto para la misión y el propósito del ministerio de Fundamentos Biblicos.

La segunda iniciativa es una serie de disciplinado de 12 semanas que ofreceré esta primavera en mi iglesia local, Richland Creek Community Church en Wake Forest, Carolina del Norte. Empezando el 11 de febrero, la serie seguirá el bosquejo de mi libro, Dios, el matrimonio, y la familia (God, Marriage and Family; Crossway, 2004), cada semana destacará un tema distinto relacionado con el matrimonio y la familia. El segmento introductorio de cada sesión será grabado en vídeo y lo puede conseguir en la página www.richlandcreek.com. Para mayor información sobre la serie, haz clic en esta página donde dice “itinerario” y también en la página de la iglesia Richland Creek. Si te encuentras cerca, nos encantaría si nos acompañarías en la iglesia.

A menudo nos encontramos tan ocupados con las muchas cosas buenas que no nos da tiempo enfocar la atención necesaria para llevar a cabo (con la ayuda de Dios) las cosas grandes que nuestro Señor nos ha llamado a perseguir. ¡Qué este año sea el año que tú y yo hagamos caso al llamamiento que hace el autor del libro de Hebreos: “…despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante! Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe, quien por el gozo que le esperaba, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza que ella significaba, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.” (Hebreos, 12:1–2 NVI). Ayúdanos, Señor Jesús, hacer esto para tu gloria y nuestro bien.

Aplicación: la parte más difícil de la interpretación

Thursday, February 11th, 2010

Entonces, has seguido los primeros dos pasos de la interpretación, la “observación” y la “interpretación.” Has buscado determinar la “significación” del texto en su contexto original, a sus lectores originales según el propósito del autor original, explorando lo que algunas personas llaman el “primer horizonte” de la interpretación bíblica. Has estudiado palabras complicadas, resumido el pasaje como parte de tu análisis fluido de tus pensamientos, y has considerado las cuestiones históricas-culturales de fondo.

Con oración, te has acercado a la tarea de la interpretación y dejado tus propios presuposiciones por un lado (por hacer lo que se llaman “distanciarse”) con el propósito de percibir lo que hay en el texto bíblico (poniendo en práctica lo que Schlatter ha llamado “hermenéutica de percepción”) en vez de imponer tu propio significado al texto. Casi has terminado. No obstante, queda todavía la parte más crítica y, discutiblemente, la más difícil de la tarea de la interpretación: la aplicación del texto a ti mismo y a tus estudiantes o al público.

¿Cómo aplicas hoy el mensaje de un texto bíblico dado en la actualidad? Se han dado varias respuestas para esta pregunta. Quizá una de las concepciones populares más común sea que cada texto de la Escritura aplica a cada persona (y lo hace directamente). Obviamente hay problemas con esta manera de abordar la aplicación. Cuando Pablo pide a Timoteo traer su abrigo e intentar llegar a verle antes del invierno, ¿cómo aplicamos tú y yo este mandato? ¿O, cómo aplicamos el pasaje en Hechos narrando la historia del caído del pobre Eutico de la ventana durante una de las largas predicaciones de Pablo? Y, ¿qué sobre los pasajes que tratan explícitamente con la nación de Israel antes de, o durante de uno de sus exiliados, amenazándolos con un castigo divino o prometiéndolos una restauración? Seguramente no nos encontramos en la misma situación hoy, entonces, cualquiera aplicación posible, a lo mejor sea indirecta. Puede ser que esto no me congracie con algunos de los lectores de esta publicación, pero en mi opinión, es bastante evidente que cada pasaje de la Escritura no aplica a cada persona de la misma manera hoy día (o, a cualquier tiempo de la historia de la iglesia), y esto no supone necesariamente una vista baja de las Escrituras. Simplemente, es una cuestión de la importancia del texto original y haciendo una diferencia en su aplicación.

Otros han argumentado que, aunque cada pasaje no pueda ser aplicado “literal” o “directamente,” podemos determinar el principio eterno y subyacente que está en juego por un proceso llamado “principalización.” Aparte del monstruosidad verbal creado aquí (“principalización” no está reconocido por mi corrector ortográfico ni se encuentra en mi diccionario, y yo, personalmente, espero que se quede así), dudo que “principalización” pueda resolver todos nuestros problemas en la interpretación. No es precisamente la cura mágica como algunos afirman. Por ejemplo, ¿cuál es el principio fundamental en los ejemplos mencionado arriba? ¿Qué debemos ayudar a los viejos encarcelados por la fe, especialmente en el invierno?  ¿Qué debemos evitar tiempos largos de predicación, especialmente cuando se acerca la medianoche cuando hay jóvenes en el público? Podríamos seguir con la lista.

Afortunadamente, por supuesto, en muchos casos la aplicación es considerablemente más directa. Muchos mandamientos en la Escritura, tales como los mandamientos de perdonar el uno al otro, el amar el uno al otro, y el mostrar la compasión hacia otros aplican directamente a nosotros.  (Aunque allí, discutiría que es importante entender el contexto original y la razón por la cual fue dado el mandamiento, y a quién se aplica el mandamiento hoy día.) En breve, yo creo que las epístolas son las más fáciles de aplicar por la convergencia, por lo menos a un nivel significante, entre el público original y lo contemporáneo: en ambos casos, estamos tratando con los creyentes de la edad cristiana, los quienes tienen al Espíritu Santo pero quienes necesitan crecer en Cristo y aprender como andar con él en una manera digno de su llamamiento. Dicho sea de paso, esto resulta en que los evangelios sean más difíciles de aplicar porque se trata de los individuos—incluyendo hasta los doce apóstoles—quienes, aún no hubieran sido regenerados y tampoco poseyeron la presencia del Espíritu Santo. (Lo siento, pero ya no puedes usar la negación de Pedro a Jesús o las dudas de Tomás como excusas que sea aceptable para ti involucrarte en esta clase de cosa también.)

Entonces, un parte de la dificultad de aplicar la Escritura es el hecho de que podría haber, y en muchos casos hay, una diferencia entre el contexto y el público original y el de los contemporáneos. Para dar solo un ejemplo, ¿cuán adecuado es exhortar al público de hoy cuando estás enseñando del libro de Hebreos que no debieren volver a su vida vieja, sino, adherirse a Cristo y vivir para él? Es dudoso que alguien en nuestro congregación sea tentado a regresar al viejo sistema del pacto— ¡la mayoría ni serán judíos!—o practicar el sacrificio de los animales, etcétera. Atrevo a decir que si eso sea nuestra aplicación, fallará en dar al blanco (aunque, por la gracia de Dios, su Palabra hará su trabajo, ya que es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos, Hebreos 4:12). Entonces, propongo que lo que debemos hacer es reconocer que existe una diferencia entre la situación del público original y el contemporáneo y tomar en cuenta esta diferencia cuando creamos nuestra aplicación de tal manera que sea apropiada para nuestro público moderno, aunque eso significa que nuestra aplicación sea más indirecta. Hoy día puede ser que nos interesaría hablar del peligro del nominalismo o la presunción, y por el estilo.

El propósito de esta publicación no es resolver una vez por todas la cuestión de la aplicación, tampoco es proveer pautas específicas de la aplicación apropiada. Es simplemente dar una nota de precaución y desafiarnos a reconocer, que en primer lugar, la aplicación es la parte más crítica, aunque sea la parte más difícil, del proceso interpretativo, y en segundo lugar, la aplicación debe proceder en una manera juiciosa y matizada. Solamente si nos enfrentamos con algunos de los desafíos únicos relacionados con la aplicación, seremos “como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”   (2 Timoteo 2:15).

¿Qué piensan? Me encantaría escuchar tus pensamientos de cómo aplicar correctamente la Escritura mientras enseñamos y predicamos la Palabra.

El Dr. Köstenberger está trabajando actualmente en un libro sobre la interpretación bíblica, con un título de Invitation to Biblical Interpretation (Invitación a interpretación bíblica).