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DEJA QUE DIOS SEA VERAZ Y QUE CADA HOMBRE UN MENTIROSO

Tuesday, July 13th, 2010

En el curso de la historia del mundo, muchos han creado varias maneras de la salvación.  Casi todas las religiones hechos por hombres tienen una cosa en común: están basadas en una esfuerza humana propia.  Entre las religiones principales, el cristianismo es único en que, si bien, el énfasis cae típicamente en lo que la persona debe hacer para obtener la salvación, el cristianismo enfoca en lo que un hombre—Jesucristo—ha hecho para todos los humanos y lo que ahora está disponible para todos a base de una confianza sencilla en Cristo.

Por lo tanto, las palabras de Pablo suenan en su carta a los romanos: “Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas.  Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen.  De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó” (Romanos 3:21–24).

En su día, Jesús fue preguntado por judíos religiosos, “¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios exige?” (Juan 6:28).  Esto siempre ha sido, y siempre será, la búsqueda humana equivocada para complacer y apaciguar a Dios por una esfuerza humana propia.  Pero ¿cuál fue la respuesta de Jesús?  Fue esto: “Ésta es la obra de Dios: que crean en aquel a quien él envió” (Juan 6:29).  Jesús y Pablo están de acuerdo: la confianza en Jesús para la salvación en base de su obra en la cruz es lo único que se requiere.

¡Qué evangelio tan glorioso!  ¡Qué noticias tan maravillosas!  Por si dependiera de nosotros, nunca pudiéramos hacer lo suficiente para superar nuestra naturaleza pecaminosa o reparar el daño hecho por nuestro pecado.  No sólo murió Jesús, el Dios-hombre, una muerte perfecta que expiaba los pecados, sino también vivió una vida perfecta y sin pecado.  En un intercambio maravilloso, la vida y la muerte de Jesús son acreditadas a la cuenta de los que confían en Cristo: “Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios” (2 Corintios 5:21).

CON DIOS, NO HAY PARCIALIDAD

Monday, May 10th, 2010

Los rabíes judaicos del tiempo de Jesús normalmente evitaron a las mujeres y también se alejaron de los samaritanos.  Por lo tanto, la mujer samaritana quien vino al pozo en Sicar tenía por lo menos  dos cosas en su contra.  Más, su estilo de vida inmoral, y Jesús tenía toda la razón para evitar el contacto con esta mujer.  Hasta la mujer misma estaba sorprendida que Jesús le hablara: “¿Cómo se te ocurre pedirme agua, si tú eres judío y yo soy samaritana?” (Juan 4:9).  Y añade el evangelista, “como los judíos no usan nada en común con los samaritanos.”  Al regresar de sus compras en el pueblo, los discípulos de Jesús también “se sorprendieron de verlo hablando con una mujer” (Juan 4:27).

En contraste, todos en el tiempo de Jesús hubieran sentido honrados a entablarse en conversación con Nicodemo, un miembro del Sanedrín, el concilio que gobernaba los judíos.  Jesús le llama, “maestro de Israel” (Juan 3:10).  Este maestro le visitó a Jesús por la noche para preguntarle tácitamente en cuanto a la naturaleza de sus enseñanzas.  De la misma manera, las autoridades judaicas habían investigado las actividades de Juan el Bautista (Juan 1:19).  Luego, en el juicio judaico antes de la crucifixión de Jesús, el sumo sacerdote le interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y sus enseñanzas (Juan 18:19).  No obstante, cuando apareció Nicodemo en la puerta de Jesús, no fue intimidado Jesús.  Al contrario, le desafió nacer de nuevo.

Desde los tiempos del Nuevo Testamento, la iglesia ha tenido problemas en tratar igual a los ricos y a los pobres.  Tanto Pablo como Santiago exhortaron a los creyentes a no dar trato preferente a los ricos (1 Timoteo 6:17-19; Santiago 2:1-7).  Al no mostrar parcialidad, Jesús demostró un rasgo divino, porque Dios no es uno que hace acepción a las personas.  Tú y yo no debemos pensar que por nuestra posición social—por ejemplo, como un profesor de un seminario, o un ciudadano recto de nuestra comunidad—que Dios nos va a tratar de una manera diferente que cualquiera otra persona.  Como Dios le dijo a Samuel, “No te dejes impresionar por su estatura, pues yo lo he rechazado.  La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón” (1 Samuel 16:7).

Doce tesis sobre la misión de la iglesia en el siglo veinte uno

Monday, May 10th, 2010

Hay pocas tareas más urgentes que la de la iglesia en reflejar sobre la naturaleza de su misión y formular un claro entendimiento de su tarea en el mundo de hoy.  Como escribió Pablo, “Así que yo no corro como quien no tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire” (1 Corintios 9:26).  He desarrollado los siguientes 12 tesis como una contribución humilde a la conversación en curso sobre este tema.  Por favor, lee las tesis y comenta sobre cualquier cosa con lo que no estás de acuerdo o algo que he omitido.  Esto será muy útil mientras modifico el contenido para una publicación próxima. 

LOS DOCE TESIS

(1)   La misión de la iglesia—tanto en la creencia como en la práctica—debe ser fundada

en la teología bíblica de misión.  Esto requiere la reflexión sostenida sobre la enseñanza bíblica de misión en ambos Testamentos; una conciencia de las complejidades involucradas en captar el significado de tal teología bíblica de misión; y la adopción de una posición humilde hacia la Escritura como la única fuente legítima de revelación divina y en consecuencia de la comprensión de la iglesia de su misión.

(2)    Reflexión sobre la misión de la iglesia debe ser basada en la afirmación de la

autoridad única y completa de la Escritura.  A menos que las convicciones de la iglesia con respeto a su misión y las estrategias que ella concibe a base de estas creencias son completamente comprometidas y rendidas a la autoridad de la Escritura, la pureza del pensamiento y de la práctica de la iglesia con respeto a su misión será comprometida, y pensamientos concebidos de las ciencias sociales inevitablemente echará levadura a la masa de su misiología.

(3)    La misión de la iglesia debe ser comprendida fundamentalmente en términos de la

fidelidad de la iglesia y de la receptividad al mandato misionario dado por el Señor Jesucristo como está grabado en la Escritura.  Si la iglesia debe participar en la misión como está impulsada por la iniciativa de Dios en Cristo (como seguramente es el caso), entonces la misión de la iglesia debe ser concebida como esencialmente receptiva y figurativa por naturaleza.  No hay necesidad de “sobreponer” o “ir más allá de” la Escritura en las creencias de la iglesia y en la práctica de su misión.

(4)    El entendimiento de la iglesia de su misión debe ser hermenéuticamente sólido.  Esto

requiere la consideración de hechos tales como que mientras los Sinópticos enfoquen en la enseñanza de Jesús sobre el “reino de Dios,” en lugar de esto Juan habla de la “vida eterna.” Esto parece advertir contra elevando el “reino de Dios” como la única paradigma por lo cual la misión de la iglesia debe ser entendida.  También, Pablo enfatiza la centralidad del evangelio (por ejemplo: Romanos 1:1–2, 16–17) y provee enseñanza sobre la iglesia como el cuerpo de Cristo, los dones espirituales, y la organización apropiada de la iglesia incluyendo las calificaciones de sus líderes (Romanos 12:3–8; 1 Corintios 12–14; y las Epístolas de prisiones y pastorales). 

(5)    La misión de la iglesia debe comprendida en última instancia en términos

teocéntricos en vez de antropocéntricos.  Misiones son parte de la obediencia a Dios de la iglesia, igual como morir en la cruz por los pecados del mundo fue parte de la obediencia del enviado Hijo a quien le envió, Dios el Padre (ver, por ejemplo, Juan 17:4, 19:30).  Por lo tanto, el evangelio y su verdad que perdura y relevancia para los pecadores perdidos debe ser el punto principal de referencia mientras que la iglesia se dedica a su misión en vez de necesidad humana y los contextos contemporáneos culturales, políticos, económicos y sociales.

(6)    La misión de la iglesia comprendida correctamente y bíblicamente debe ser trinitaria

en su orientación, pero no al costo de descuidar los papeles definidos de las tres personas de la Deidad.  La misión de la iglesia debe ser impulsada por la iniciativa de Dios Padre, avanzada en la base de la misión de redención y la comisión de Cristo, y apoderada por el Espíritu Santo.  En este sentido, no hay dicotomía entre la misión de la iglesia siendo Trinitaria y Cristo céntrico—debe ser ambos.

(7)   El contexto contemporáneo de la misión de la iglesia, mientras importante, no

debería anular la obligación de la iglesia a la autoridad de la Escritura, su necesidad de ser fundada en la teología bíblica de la misión, y la comprensión de su tarea en términos de fidelidad al evangelio.  Una vez que se pone el contexto y la experiencia al mismo nivel de la Escritura, el primero, de hecho, toma precedencia, y la autoridad de la Escritura está debilitada con el resulto inevitable que la integridad del evangelio está comprometida. 

(8)   La iglesia es el agente ordenado por Dios para su misión en el mundo hoy.  De la

misma manera que es en Cristo que Dios ha escogido centrar su programa de salvación-histórico, Cristo es la cabeza de su cuerpo, la iglesia.  Como escribe Pablo, “En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido.  Éste garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13-14).  El deseo de Pablo es que, “¡a él [Dios] sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos!  Amén” (Efesios 3:21).

(9)   La manera en que se extiende el reino de Dios en el mundo hoy es por creyentes

regenerados viviendo su fe cristiano en sus esferas de la vida asignadas por Dios: la iglesia, sus familias, su lugar de trabajo, las sociedades en donde viven (Efesios 5:18-6:9; 1 Pedro 2:13-3:7).  Esta realización excluye tanto una escatología demasiado desarrollada como un escapismo o un heroísmo de otro mundo que tiene el efecto de eludir las estructuras sociales y familiares principales en este mundo ordenadas por Dios.

(10)           No hay una transformación social verdaderamente duradera aparte de la

conversión personal por medio de arrepentimiento y la fe en el Señor Jesucristo.  Yo creo que Enoch Wan tiene la razón al enfatizar la indispensable naturaleza personal e individual de la fe en Cristo y al advertir contra una reacción exagerada contra un entendimiento excesivamente individualista de la enseñanza bíblica sobre misiones.  Al mismo tiempo, se debe reconocer que las misiones son la tarea de la iglesia, no la tarea de individuos aparte de su membrecía en una iglesia local dada.

(11)           La organización humana no implica necesariamente una falta de reconocimiento

de Dios y su iniciativa en misión.  Aunque esto puede ser, y ha sido, el caso en la historia de la iglesia y su misión, también es cierto que el opuesto de organización es caos, y las escrituras del Nuevo Testamento (especialmente el libro de los Hechos) indican que la iglesia primitiva tomó pasos decididos para organizarse para llevar a cabo su misión exitosamente.  Designó y comisionó a misioneros; plantó redes de iglesias y estableció líderes; etcétera.

(12)           La tarea de la iglesia hoy es cultivar, renovar, y plantar iglesias compuestas de

una membrecía regenerada espiritualmente y constituidas en conformidad con la enseñanza bíblica respeto al liderazgo de la iglesia.  Esta es la tarea inconclusa de la iglesia hoy indicada por la naturaleza abierta del Libro de Hechos y mandado por los pasajes de comisión del Nuevo Testamento.  Como dijo Jesús, “Y este evangelio del reino se predicará en todo el mundo como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14; cf. Marcos 13:10).

PARA MÁS ESTUDIO

Ver Christopher J. Wright, The Mission of God: Unlocking the Bible’s Grand Narrative (La misión de Dios: abriendo el gran narrativo de la Biblia) (Downers Grove: InterVarsity, 2006); Andreas J. Köstenberger, The Missions of Jesus and of the Disciples according to the Fourth Gospel (La misión de Jesús y sus discípulos según el cuarto evangelio)  (Grand Rapids: Eerdmans, 1998); Andreas J. Köstenberger and Peter T. O’Brien, Salvation to the Ends of the Earth: A Biblical Theology of Mission (Salvación hasta los confines de la tierra: una teología bíblica de misión)  (NSBT 11; Leicester, UK: InterVarsity, 2001); and Eckhard J. Schnabel, Early Christian Mission (La misión cristiana primitiva)  (2 vols. Downers Grove: InterVarsity, 2004). See also Andreas J. Köstenberger and Scott R. Swain, Father, Son and Spirit: The Trinity and John’s Gospel (Padre, Hijo y Espíritu: la Trinidad y el Evangelio de Juan) (NSBT 24; Leicester, UK: InterVarsity, 2008).

¿QUÉ ES UN COMENTARIO EXEGÉTICO?

Monday, May 10th, 2010

 

Muchas gracias a los quienes han respondido a mi publicación más reciente sobre el intento autoral vs. la respuesta del lector.  Recibí un mensaje sarcástico que decía, “¿Puedes creer que alguien atrevería criticarte?”  Sin embargo, este individuo leyó mal mi intención, que no fue quejarme sobre una crítica injusta, sino presentar para discusión varios temas que, en mi punto de vista, son muy significativos para los que tienen una vista alta de la Escritura, incluyendo lo siguiente: (1) ¿Está a cargo el lector o el autor? (2) ¿Es autónomo el texto bíblico? (3) ¿Cuál es la tarea de la exegesis? (4) ¿Cuál es el papel de la comentarista?  Y etc.

 

Para darles un poco más trasfondo de la reseña, fue escrita por un miembro de la facultad de la Universidad Nyack, quien tiene títulos de la Universidad Wheaton (B.A.), del Seminario Evangélico Trinidad (M.A.), y Westminster (Ph.D.).  Aparte de los párrafos citados, la crítica fue positiva en gran parte. 

 

Volviendo a leer la parte más crítica del análisis que cité en mi publicación anterior, me llama la atención las referencias repetidas a “literario”: se menciona tanto “arte literario” como “estudios literarios” dos veces.  Parece que el crítico mantenga una hermenéutica que considera la significación textual como en algún sentido autónoma del autor (sea humano o divino) y como aprehendido por el lector en reflexión sobre un texto dado.  En su respuesta, Mike Bird correctamente indica el trabajo de Kevin Vanhoozer y Anthony Thiselton aquí, quienes han mostrado que los autores son agentes comunicativos y que los textos comunican hechos cuyos significados no pueden ser derivados legítimamente en aislamiento de la intención autoral. 

 

Como observa Jeremy Pierce astutamente en su comentario, en vez de sólo empoderar al lector para interpretar significado textual de cualquier manera que él o ella escoge, en realidad la crítica intenta proveer evidencia textual que el cortejar de Yahweh a su gente caprichosa como un amante resuena en Juan 4.  Entonces la pregunta se convierta en: ¿Por cuál criterio o crítica, si no por la intención autoral (sea humano y/o divino), debiéramos juzgar la validez o la verosimilitud de esta clase de interpretación?  Parece que sea en esta coyuntura crítica que surge la distinción entre la teología bíblica y un enfoque posmoderno de la respuesta del lector.  Varios de ustedes que respondieron a mi previa publicación, en mi opinión, optaron correctamente a favor del primero mientras rechazaron el segundo. 

 

Ahora parece que el crítico, por su parte, usa el criterio de placer estético derivado por el lector al contemplar los posibles significados textuales.  Considera las siguientes citas: “Yo disfrute el proceso de contemplarlo”; “me llevo a un aprecio más profundo de Yahweh como amante”; “[los estudiantes]…merecen tener sus imaginaciones e impulsos estéticos completamente comprometidos” (énfasis añadido).  El papel del comentador, en tal escenario, es lo de presentar una variedad de posibilidades de significado (invariablemente haciendo borroso las líneas entre la intención autoral y el significado construido por el lector) para estimular la imaginación artística y los impulsos estéticos del lector (pos)moderno.  

 

Pero, de hecho, ¿es esto el papel del comentador bíblico, concebido correctamente, especialmente, uno podría agregar, en un “Comentario exegético” (el libro bajo revista es parte del Comentario exegético sobre la serie del Nuevo Testamento Baker)?  En su esencia, “exégesis” implica “sacar” el significado de un texto dado que está allí, algo que Adolf Schlatter llama una “hermenéutica de percepción.”  Esto significa que el papel del exegético es, por lo menos inicialmente, lo de “ver lo que está allí” en lugar de agregar o interpretar al texto significados ausentes cuando está juzgado por el criterio de intención autoral.  Quizá pudiera crear una categoría nueva de comentarios–y probablemente pronto será: “El comentario posmoderno sobre el Nuevo Testamento,” cuyo propósito podría ser satisfacer la demanda que los lectores “merecen tener sus imaginaciones y sus impulsos estéticos completamente comprometidos.”  Pero, en mi punto de vista, es ilegítimo criticar un “Comentario exegético” por no hacer esto, porque esto es entender mal la tarea correcta de exegesis (por lo menos la manera en que ha sido concebido convencionalmente). 

 

Sin embargo, en un nivel exegético, sigo vacilando en abrazar el simbolismo de “Yahweh como un amante cortejando” en Juan 4, porque esto aproxima a una lectura alegórica del texto cuando una lectura más literal de este narrativo parece más acorde con el género de este texto.  No hay una conexión textual necesaria entre Jesús siendo llamado el novio en el capítulo anterior y en Juan 4; el escenario del pozo de Jacob trae una dimensión salvación-histórica (Jesús es mayor que Jacob, cf. Juan 1:51); la petición de Jesús para algo de tomar en el versículo 7 y la referencia a comida en el versículo 32 apenas “marcan la historia como un tipo de escenario de compromiso”; y la inmoralidad sexual de la mujer no debe ser espiritualizada o alegorizada, pero es una parte natural de su interacción con Jesús que expone el pecado de la mujer para mostrar su necesidad para un Salvador (cf. Juan 3:3–5).

 

Dicho esto, la discusión presente muestra, de nuevo, que se encuentra varios desacuerdos, al final, no en un nivel exegético sino hermenéutico.  ¿He sido excesivamente recalcitrante en privar a lectores quienes “merecen tener sus imaginaciones e impulsos estéticos completamente comprometidos?”  ¿Soy yo el equivalente exegético del “Grinch quien robó la Navidad” de los que buscan festejar en un buffet exegético de delicias culinarias de interpretaciones, sea intención autoral o no?  O, ¿he sido cuidadoso en observar los parámetros apropiados puestos por la tarea de exegesis que son esenciales en cumplir la tarea interpretativa como está resumido en 2 Timoteo 2:15: “Esfuérzate por presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que interpreta correctamente la palabra de verdad”?

Comentarios favoritos del Nuevo Testamento

Monday, May 10th, 2010

Una de las preguntas que con más frecuencia me hacen es, “¿Cuales son los comentarios que recomiendas para un estudio serio del Nuevo Testamento?”  Al final, he compilado mi lista.  Sujeto a más redacción, aparecerá en un texto hermenéutico próximo, Invitation to Biblical Interpretation (Invitación a la interpretación bíblica), para salir en la Invitation to Theological Interpretation Series (Serie de invitación de la interpretación teológica) en un par de años. 

 

Mientras tanto, aquí está la lista:

 

Mateo

 

Blomberg, Craig L. Matthew (Mateo). NAC. Nashville: Broadman, 1992.

Carson, D. A. “Matthew” (“Mateo”). EBC 8. Grand Rapids: Zondervan, 1984, 3–599.

Davies, W. D. and Dale C. Allison. A Critical and Exegetical Commentary on the Gospel according to Saint Matthew (Un comentario crítico y exegético del evangelio según San Mateo). ICC. 3 vols. Edinburgh: T. & T. Clark, 1989, 1991, 1997.

Hagner, Donald A. Matthew (Mateo). 2 vols. WBC. Dallas: Word, 1993, 1995.

Keener, Craig S. A Commentary on the Gospel of Matthew (Un comentario sobre el evangelio de Mateo). Grand Rapids: Eerdmans, 1999.

Wilkins, Michael. Matthew (Mateo). NIVAC. Grand Rapids: Zondervan, 2004.

 

Marcos

 

Evans, Craig A. Mark 8:27–16:20 (Marcos 8:27-16:20). WBC. Nashville: Thomas Nelson, 2001.

France, R. T. The Gospel of Mark: A Commentary on the Greek Text (El evangelio de Marcos: un comentario sobre el texto griego). NIGTC. Grand Rapids: Eerdmans, 2002.

Garland, David E. Mark (Marcos). NIVAC. Grand Rapids: Zondervan, 1996.

Guelich, Robert A. Mark 1–8:26 (Marcos 1–8:26). WBC. Dallas: Word, 1989.

Gundry, Robert H. Mark: A Commentary on His Apology for the Cross (Marcos: un comentario sobre su apología de la cruz). Grand Rapids: Eerdmans, 1993.

Lane, William L. Commentary on the Gospel of Mark (Comentario sobre el evangelio de Marcos). NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1974.

 

Lucas

 

Bock, Darrell L. Luke (Lucas). 2 vols. BECNT. Grand Rapids: Baker, 1994, 1996.

Fitzmeyer, Joseph A. The Gospel According to Luke (El evangelio según Lucas). AB. 2 vols. New York: Doubleday, 1981–85.

Green, Joel B. The Gospel of Luke (El evangelio de Lucas). Rev. ed. NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1997.

Marshall, I. Howard. Commentary on Luke (Comentario sobre Lucas). NIGTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1978.

Nolland, John. Luke (Lucas). WBC. 3 vols. Dallas: Word, 1990–93.

 

Juan

 

Carson, D. A. The Gospel According to John (El evangelio según Juan). PNTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1991.

Keener, Craig S. The Gospel of John: A Commentary (El evangelio de Juan: un comentario). Peabody, MA: Hendrickson, 2003.

Köstenberger, Andreas J. John (Juan). BECNT. Grand Rapids: Baker, 2004.

Morris, Leon. Commentary on the Gospel of John (Comentario sobre el evangelio de Juan). Rev. ed. NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1995.

Ridderbos, Herman N. The Gospel of John: A Theological Commentary (El evangelio de Juan: un comentario teológico). Grand Rapids: Eerdmans, 1997.

 

Hechos

 

Barrett, C. K. A Critical and Exegetical Commentary on the Acts of the Apostles (Un comentario crítico y exegético sobre Los Hechos de los apóstoles). ICC. 2 vols. Edinburgh: T. & T. Clark, 1994–98.

Bock, Darrell L. Acts (Hechos). BECNT. Grand Rapids: Baker, 2007. [para salir más tarde este año]

Bruce, F. F. Commentary on the Book of Acts (Comentario sobre el libro de Hechos). Rev. ed. NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1988.

Fitzmyer, Joseph A. The Acts of the Apostles (Los Hechos de los apóstoles). AB New York: Doubleday, 1999.

Longenecker, Richard N. “Acts” (“Hechos”). EBC 9. Grand Rapids: Zondervan, 1981, 207–753.

 

Romanos

 

Cranfield, C. E. B. A Critical and Exegetical Commentary on the Epistle to the Romans (Un comentario crítico y exegético de la epístola a los Romanos). ICC. 2 vols. Edinburgh: T. & T. Clark, 1975–79.

Dunn, James D. G. Romans (Romanos). WBC. 2 vols. Dallas: Word, 1988.

Moo, Douglas J. The Epistle to the Romans (La epístola a los Romanos). NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1996.

Schreiner, Thomas R. Romans (Romanos). BECNT. Grand Rapids: Baker, 1998.

Wright, N. T. “The Letter to the Romans” (“La carta a los Romanos”). New Interpreter’s Bible. Nashville: Abingdon, 2002, Vol. 10, 393–770.

 

1 Corintios

 

Barrett, C. K. A Commentary on the First Epistle to the Corinthians (Un comentario de la primera epístola a los Corintios). Harper’s New Testament Commentary. New York: Harper, 1968.

Blomberg, Craig L. 1 Corinthians (1 Corintios). NIVAC. Grand Rapids: Zondervan, 1994.

Fee, Gordon D. The First Epistle to the Corinthians (La primera epístola a los Corintios). NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1987.

Garland, David E. 1 Corinthians (1 Corintios). BECNT. Grand Rapids: Baker, 2003.

Thiselton, Anthony C. The First Epistle to the Corinthians: A Commentary on the Greek Text (La primera epístola a los Corintios: un comentario sobre el texto griego). NIGTC. Grand Rapids: Eerdmans, 2000.

 

2 Corintios

 

Barnett, Paul. The Second Epistle to the Corinthians (La segunda epístola a los Corintios). NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1997.

Garland, David E. 2 Corinthians (2 Corintios). NAC. Nashville: Broadman & Holman, 1999.

Hafemann, Scott J. 2 Corinthians (2 Corintios). NIVAC. Grand Rapids: Zondervan, 2000.

Harris, Murray, J. “2 Corinthians” (“2 Corintios”). EBC 10. Grand Rapids: Zondervan, 1976, 301–406.

Martin, Ralph P. 2 Corinthians (2 Corintios). WBC. Waco: Word, 1986.

 

Gálatas

 

Bruce, F. F. Galatians (Gálatas). NIGTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1982.

Dunn, James D. G. The Epistle to the Galatians (La epístola a las Gálatas). HNTC. Peabody, MA: Hendrickson, 1993.

Fung, R. Y. K. The Epistle to the Galatians (La epístola a las Gálatas). NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1988.

George, Timothy. Galatians (Gálatas). NAC. Nashville: Broadman & Holman, 1994.

Hays, Richard B. “The Letter to the Galatians” (“La carta a las Gálatas). New Interpreter’s Bible. Nashville: Abingdon, 2000, Vol. 11, 181–348.

Longenecker, Richard N. Galatians (Gálatas). WBC. Dallas: Word, 1990.

 

Efesios

 

Best, Ernest. A Critical and Exegetical Commentary on Ephesians (Un comentario crítico y exegético sobre Efesios). ICC. Edinburgh: T. & T. Clark, 1998.

Bruce, F. F. The Epistles to the Colossians, to Philemon, and to the Ephesians (La epístolas a los Colosenses, a Filemón y a los Efesios). NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1984.

Hoehner, Harold W. Ephesians: An Exegetical Commentary (Efesios: un comentario exegético). Grand Rapids: Baker, 2002.

Lincoln, A. T. Ephesians (Efesios). WBC. Dallas: Word, 1990.

O’Brien, Peter T. The Letter to the Ephesians (La carta a los Efesios). PNTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1999.

 

Filipenses

 

Fee, Gordon D. Philippians (Filipenses). NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1995.

Hawthorne, Gerald. Philippians (Filipenses). WBC. Rev. and exp. by Ralph P. Martin. Nashville: Nelson, 2004.

O’Brien, Peter T. The Epistle to the Philippians (La epístola a los Filipenses). NIGTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1991.

Silva, Moisés. Philippians (Filipenses). BECNT. Grand Rapids: Baker, 1993.

Thielman, Frank. Philippians (Filipenses). NIVAC. Grand Rapids: Zondervan, 1995.

                           

Colosenses y Filemón

 

Bruce, F. F. The Epistles to the Colossians, to Philemon, and to the Ephesians (Las epístolas a los Colosenses, a Filemón y a los Efesios). NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1984.

Dunn, James D. G. Epistles to the Colossians and to Philemon: A Commentary (Epístolas a los Colosenses y a Filemón: un comentario). Grand Rapids: Zondervan, 1998.

Garland, David E. Colossians and Philemon (Colosenses y Filemón). NIVAC. Grand Rapids: Zondervan, 1998.

Martin, Ralph P. Colossians and Philemon (Colosenses y Filemón). WBC. New Century Bible. Grand Rapids: Eerdmans, 1973.

O’Brien, Peter T. Colossians, Philemon (Colosenses, Filemón). WBC. Waco, TX: Word, 1982.

Wright, N. T. The Epistles of Paul to the Colossians and to Philemon (Las epístolas de Pablo a los Colosenses y a Filemón). TNTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1986.

 

1–2 Tesalonicenses

 

Bruce, F. F. I and II Thessalonians (I y II Tesalonicenses). WBC. Waco, TX: Word, 1982.

Green, Gene. The Letters to the Thessalonians (Las cartas a los Tesalonicenses). PNTC. Grand Rapids: Eerdmans, 2002.

Marshall, I. Howard. I and II Thessalonians (I y II Tesalonicenses). New Century Bible. Grand Rapids: Eerdmans, 1983.

Morris, Leon. The First and Second Epistles to the Thessalonians (Las primera y segunda epístolas a los Tesalonicenses). Rev. ed. NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1991.

Wanamaker, Charles A. The Epistles to the Thessalonians (Las epístolas a los Tesalonicenses). NIGTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1990.

 

1–2 Timoteo, Tito

                  

Johnson, Luke Timothy. Letters to Paul’s Delegates: 1 Timothy, 2 Timothy, Titus (Cartas a los delegados de Pablo: 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito). New Testament in Context. Valley Forge, PA: Trinity Press International, 1996.

Knight, George W. III. The Pastoral Epistles (Las epístolas pastorales). NIGTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1992.

Köstenberger, Andreas J. “1 and 2 Timothy, Titus” (“1 y 2 Timoteo, Tito”). EBC. Rev. ed. Grand Rapids: Zondervan, 2006, 487–625.

Marshall, I. Howard. The Pastoral Epistles (Las epístolas pastorales). ICC. Edinburgh: T. & T. Clark, 1999.

Mounce, William D. Pastoral Epistles (Epístolas pastorales). WBC. Nashville: Thomas Nelson, 2000.

Quinn, Jerome D. and William C. The First and Second Letters to Timothy (Lsa primera y segunda cartas a Timoteo). ECC. Grand Rapids: Eerdmans, 2000.

 

Hebreos

 

Attridge, Harold. The Epistle to the Hebrews (La epístola a los Hebreos). Hermeneia. Philadelphia: Fortress, 1989.

Bruce, F. F. The Epistle to the Hebrews (La epístola a los Hebreos). NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1990.

Ellingworth, Paul. The Epistle to the Hebrews (La epístola a los Hebreos). NIGTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1993.

Hagner, Donald A. Hebrews (Hebreos). NIBC. Peabody, MA: Hendrickson, 1990.

Lane, William L. Hebrews (Hebreos). WBC. 2 vols. Dallas: Word, 1991.

 

Santiago

 

Davids, Peter H. Commentary on James (Comentario sobre Santiago). NIGTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1982.

Johnson, Luke Timothy. The Letter of James (La carta de Santiago). AB. New York: Doubleday, 1995.

Martin, Ralph P. James (Santiago). WBC. Waco, TX: Word, 1988.

Moo, Douglas J. The Letter of James (La carta de Santiago). PNTC. Grand Rapids: Eerdmans, 2000.

Richardson, Kurt. James (Santiago). NAC. Nashville: Broadman & Holman, 1997.

 

1–2 Pedro, Judas

 

Bauckham, Richard J. Jude, 2 Peter (Judas, 2 Pedro). WBC. Waco, TX: Word, 1983.

Davids, Peter H. The First Epistle of Peter (La primera epístola de Pedro). NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1990.

Grudem, Wayne A. The First Epistle of Peter (La primera epístola de Pedro). TNTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1988.

Michaels, J. Ramsey. 1 Peter (1 Pedro). WBC. Waco, TX: Word, 1988.

Moo, Douglas J. 2 Peter and Jude (2 Pedro y Judas). NIVAC. Grand Rapids: Zondervan, 1996.

Schreiner, Thomas R. 1, 2 Peter and Jude (1, 2 Pedro y Judas). NAC. Nashville: Broadman & Holman, 2003.

 

1–3 Juan

 

Akin, Daniel L. 1, 2, 3 John (1, 2, 3 Juan). NAC. Nashville: Broadman & Holman, 2001.

Bruce, F. F. The Epistles of John (La epístola de Juan). Grand Rapids: Eerdmans, 1979.

Kruse, Colin G. The Letters of John (Las cartas de Juan). PNTC. Grand Rapids: Eerdmans, 2000.

Marshall, I. Howard. The Epistles of John (Las epístolas de Juan). NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1978.

Smalley, Stephen S. 1, 2, 3 John (1, 2, 3 Juan). WBC. Waco, TX: Word, 1984.

Stott, John R. W. The Epistles of St. John (Las epístolas de San Juan). Rev. ed. TNTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1988.

Thompson, Marianne Meye. 1–3 John (1–3 Juan). IVPNTC. Downers Grove: InterVarsity, 1992.

 

Apocalipsis

 

Aune, David E. Revelation (Apocalipsis). WBC. 2 vols. Dallas: Word, 1997; Nashville: Thomas Nelson, 1998.

Beale, G. K. The Book of Revelation (El libro de Apocalipsis). NIGTC. Grand Rapids: Eerdmans, 1999.

Ladd, George Eldon. A Commentary on the Revelation of John (Un comentario de la revelación de Juan). Grand Rapids: Eerdmans, 1972.

Mounce, Robert H. The Book of Revelation (El libro de Apocalipsis). Rev. ed. NICNT. Grand Rapids: Eerdmans, 1997.

Osborne, Grant R. Revelation (Apocalipsis). BECNT. Grand Rapids: Baker, 2001.

 

NOTA: Para más recomendaciones, ver D. A. Carson, New Testament Commentary Survey (Un estudio de comentarios del Nuevo Testamento). 6th ed. Grand Rapids: Baker, 2007.

 

 

¿DIEZMAR O NO DIEZMAR? (Con David A. Croteau)

Thursday, April 22nd, 2010

            En una columna reciente de Baptist Press First Person, Mark Coppenger publicó una corrección de algo que había dicho cuando fue conferencista en el Seminario Southern: que el diezmo de la gente no debe ser basado en su ingreso neto sino su ingreso bruto.  En esto, Coppenger presuponía la respuesta (afirmativa) al asunto más fundamento: ¿En primer lugar, deberían diezmar los creyentes (i.e., dar por los menos el diez por ciento de su ingreso, sea neto o bruto)?  Coppenger no está solo en esta creencia.  De hecho, está asumido regularmente en un nivel popular y en muchos de nuestras iglesias, un “diezmo” mínimo requerido de diez por ciento.  Sin embargo, como personas del Libro, debemos tomar nuestra indicación de la Escritura, interpretada correctamente, que requiere una inspección de cerca de enseñanzas escriturales sobre el tema de diezmar y, en términos más generales, la mayordomía cristiana.

La palabra “diezmo” literalmente significa “décimo” y es usado comúnmente para referirse al requisito que uno dé el diez por ciento de su ingreso a Dios.  Sin embargo, desde el principio, hay que notar que en ninguna parte fue diezmado el dinero.  El diezmo del Antiguo Testamento siempre se refería al producto de la tierra o de la manada.  Algunos pueden responder que este fue el caso porque la gente vivía en una sociedad agrícola.  Mientras esto es cierto, sin embargo, el “dinero” está mencionado aproximadamente treinta veces sólo en Génesis (e.g., Génesis 17: 12, 13, 23, 27; 31:15; 33:19; etc.).  Por lo tanto, antes de que se mencione diezmar en la Ley Mosaico (Levítico 27:30), se ha aludido al dinero aproximadamente cuarenta veces.  ¡Hasta la última alusión al dinero antes de que se mencione el diezmar en la Ley Mosaico aun provee reglas para un sistema bancario anciano (Levítico 25:37)!

Los dos Testamentos ven el diezmo dentro del cuadro más grande de dar y adorar.  Antes de dar la Ley Mosaico, el diezmar no fue una práctica sistemática y continua sino una forma de dar aislado, hasta excepcional (Génisis 14:20; cf. Hebreos 7:4; Génisis 28:22).  La Ley Mosaico incluye estipulaciones respeto al Diezmo Levítico, Festival y al Pobre (o Beneficencia) (Levítico 27:30–33; Números 18:21; Deuteronomio 14:22–29).  En conjunto, el diezmo anual de los Israelitas superó el diez por ciento de su ingreso, sumando más del veinte por ciento.  De las siete referencias al diezmo en los libros históricos y proféticos del Antiguo Testamento, la referencia más importante es la de Malaquías 3:8 (cf. 2 Crónicos 31:5–6, 12; Nehemías 10:38–39; 12:44–47; 13:5, 12; Amos 4:4), donde la gente es instruida a traer sus “diezmos y ofrendas” (Levíticas) al “alfolí,” o sea el fondo del Templo, y se prometen bendiciones agrícolas para los que acceden. 

Hay que notar que en Malaquías, el retener los diezmos fue una señal de un patrón más grande de desobediencia.  El diezmo mencionado por el profeta es el Diezmo Levítico (Números 18:21).  Esta ofrenda, a que se refiere, fue una fuente principal de los ingresos para los sacerdotes y fueron ofrendas requeridas (no voluntarias).  La invitación de probar a Dios es limitada al contexto de Malaquías 3 y no debe ser universalizada.  Por esta razón, la prometida recompensa (agrícola), asimismo no se aplica a la gente quien diezma hoy.  Además, si este pasaje fuera aplicado consistentemente hoy, las ofrendas–las que los defensores del diezmo llaman la porción dada libremente que ocurre después de que uno haya diezmado–no son de la voluntad propia alguna, sino son requeridas iguales que los diezmos.  Por lo tanto, si alguien sólo diera el diez por ciento (no que sólo dieron el diez por ciento los Judíos), esta persona todavía estaría en pecado por robar la “ofrenda” de Dios. 

Las referencias al diezmo en el Nuevo Testamento son limitadas a tres pasajes.  En Mateo 23:23, el requisito del diezmo del Antiguo Testamento es entendido por el público de Jesús.  Los escribas y Fariseos fueron denunciados por establecer un orden de prioridades de las minucias de la Ley sobre asuntos más importantes.  Jesús no hablaba a los miembros de una iglesia, sino a los judíos todavía bajo el Pacto Antiguo y así obligados a diezmar.  Asimismo, en Lucas 18:9–14, Jesús denuncia el orgullo religioso inoportuno a base de guardar la Ley.  Por fin, Hebreos 7 se refiere a la ocasión cuando Abraham dio una décima parte a Melquisedec en el contexto de que el sacerdocio de Melquisedec es superior a lo del Levítico.  Ninguno de estos pasajes tienen el diezmo como su tema primario, y ninguno manda el diezmo para la era del nuevo pacto.  El caso para diezmar a base de consideraciones sistemática-teológica o pragmática más amplias de la misma manera falla en que, parecido a la circuncisión, Jesús cumplió el requisito de diezmar y lo sustituyó con un mandato a los creyentes del Nuevo Testamento para dar de sí mismos a Dios y dar liberalmente de sus medios (1 Corintios 9:1–23; 16:1–4; 2 Corintios 8–9; Filipenses 4:15–17).

¿Donde deja esto a los creyentes del Nuevo Testamento?  No estamos diciendo que está bien ser negligente con el dar.  De hecho, el Nuevo Testamento contiene la orientación suficiente para nuestro dar.  Segunda Corintios 8 nos dice que nuestro dar debe ser impulsado por las afinidades, por la gracia, y por el amor.  Sin embargo, no se menciona nada con respeto al diez por ciento.  Además, 1 Corintios 16 nos enseña que cada creyente debe dar; que debe dar regularmente y sistemáticamente (aunque la referencia allí sea para una colección especial); y que la cantidad es relativo al ingreso de uno.  Segunda Corintios 9 estipula que la cantidad debe ser basada en la disposición del corazón de uno (v. 7); que debemos dar con el propósito de hacernos carga de las necesidades de otros creyentes; y que nuestra motivación debe ser una de gratitud a Dios por todo lo que él ha hecho por nosotros.  Esto es solamente una muestra de los muchos principios que da el Nuevo Testamento para los creyentes con el propósito de dirigirles en su dar.

Para estudiar más de este tema, puede ver la serie de dos partes “’Will a Man Rob God?’ (Malachi 3:8): A Study of Tithing in the Old and New Testaments” (“’¿ Robará un hombre a Dios?’ (Malaquías 3:8): Un estudio del diezmo en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento”)   y “Reconstructing a Biblical Model for Giving: A Discussion of Relevant Systematic Issues and New Testament Principles,” (Reconstruyendo un modelo bíblico de dar: una discusión de temas sistemáticos pertinentes y principios del Nuevo Testamento”) Bulletin of Biblical Research 16/1 (2006): 53–77 y 16/2 (2006): 237–60, publicado en http://biblicalfoundations.org/pdf/pdfarticles/bbrtithing1.pdf y http://biblicalfoundations.org/pdf/pdfarticles/bbrtithing2.pdf.

PREDICA LA PALABRA (2 TIMOTEO 4:2)

Thursday, April 22nd, 2010

Llegando a la conclusión de lo que, al final, fue la última carta de Pablo a Timoteo, el apóstol da su último encargo.  “Te doy este solemne encargo” es una introducción solemne para la frase aun más solemne “en presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de venir en su reino y que juzgará a los vivos y a los muertos” (ver también 2 Timoteo 2:14).  Esta súplica excede todas las anteriores en solemnidad, intensidad y urgencia.  Mientras Timoteo cumple sus responsabilidades como el delegado apostólico de Pablo en conformidad con la propia práctica de Pablo (2 Corintios 5:9-11), el apóstol quiere que sea siempre consiente de la realidad de Dios y la certeza del regreso de Cristo.

El encargo concluyente de Pablo a Timoteo es éste (empezando una serie de cinco imperativos en el griego): “Predica la Palabra” (sobre “la Palabra” ver 1 Timoteo 4:12; 5:17).  Timoteo ha sido fundamentado rigurosamente en las “escrituras santas,” las Escrituras (2 Timoteo 3:14-17); es la misma Palabra—la Palabra de Dios (2 Timoteo 2:9) la “palabra de la verdad” (2 Timoteo 2:15) —él está llamado solemnemente a predicar (cf. Romanos 10:8; 1 Corintios 15:2).  Notablemente, esta predicación no está limitada a la edificación de los creyentes (2 Timoteo 4:5).  Esto implica impartir la sana doctrina a sus oyentes en lugar de decirles lo que quieren oír.

La motivación primaria de Timoteo no debe ser complacer a la gente; él debe tomar su dirección primeramente y siempre de la palabra de Dios.  Como dice John R. W. Stott, “No tenemos la libertad de inventar nuestro mensaje, sino sólo comunicar ‘la palabra’ que Dios ha hablado y que ahora ha cometido a la iglesia como una confianza santa.”  ¿Se predica la Palabra de Dios en nuestras iglesias hoy?  Debemos proclamar la Palabra en vez de sólo satisfacer las “necesidades sentidas” de la gente o usar el púlpito como plataforma para perseguir nuestras agendas personales. 

Pablo agrega, en primer lugar, que el predicador debe proclamar la Palabra si esto parece popular en el momento o no (eukairōs akairōs, un oxímoron; Marcos 6:21; 14:11; cf. 2 Timoteo 4:3).  Esto desafía la sabiduría judía igual que la greca-romana.  El predicador del Antiguo Testamento escribió que hay “un tiempo para callar, y un tiempo para hablar” (Eclesiastés 3:7).  Retórica convencional greca-romana mantuvo de modo parecido que el orador debe discernir cuidadosamente si ciertas formas de dirigirse son oportunas en una situación dada o no.

Según Plato, “un conocimiento de los tiempos para hablar y para guardar silencio” es crucial (tēn eukairian te kai akairian; Phaedrus 272A).  Aun más sorprendente es la exhortación de Pablo a Timoteo para predicar la Palabra aun cuando su público no es receptivo (algunos dicen que se refiere sólo a la conveniencia personal de Timoteo, pero esto es improbable).  Juzgando por el libro de los Hechos, esto también era la práctica de Pablo.  En fin, no es la tarea del predicador predecir la respuesta de su público, sólo la de ser fiel a su llamamiento.  Como ha escribido Theodore de Mopsuestia, “cada ocasión constituye un tiempo oportuno para predicar.” 

La material arriba es adaptada de Andreas J. Köstenberger, “2 Timothy,” (“2 Timoteo) en The Expositor’s Bible Commentary, Vol. 12 (rev. ed.; Grand Rapids: Zondervan, 2006), 592–93.

La inscripción presunta de María Magdalena

Thursday, April 22nd, 2010

En mi blog reciente de “La conclusión de la tumba de Jesús,” levanté una última pregunta: a la luz del hecho que “Miramenou” está en el caso genitivo y, “Mara” era una abreviatura común para “Marta,” ¿es posible que el nombre de la mujer fue, “Marta [hija de] Miriamene [María]”?

Planté esta pregunta a Richard Bauckham, profesor de estudios del Nuevo Testamento en la Universidad St. Andrews y autor del libro reciente Jesus and the Eyewitnesses (Jesús y los testigos oculares).  La respuesta de Bauckham: “Parecería raro que el nombre en caso genitivo viniera primero, mientras es normal para un nombre grabado en un osario estar en el caso genitivo indicando que el osario pertenece a esa persona.” 

Bauckham agregó, “Pero ver lo adjunto por Stephen Pfann, lo cual encuentro interesante y lo cual ofrece una solución mejor a toda la cuestión de esa inscripción particular.” 

Resulta que fui equivocado en mi sugerencia, pero acertado en mi presentimiento: la traducción de la inscripción del osario por el equipo de la Discovery Channel no puede ser sostenida al examinarla más rigurosamente.  Como Pfann muestra convincentemente, en vez de MARIAM(E)NEMARA (o MARIAMENOUMARA), “María conocida como la señora,” la inscripción se lea, MARIAMEKAIMARA, o, “María y Mar[t]a.”  Como documenta Pfann, la primera persona enterrada fue una MARIAME (María), y luego un segundo escriba agregó, “y Mar[t]a” cuando fueran añadido al osario los huesos de una persona por ese nombre.

¿Qué hace esto a la aseveración de Simcha Jacobovici en el documental de la Discovery Channel que aquí tenemos el osario de María Magdalena, la esposa de Jesús?  Quizás recuerdas que esto fuera discutido a base de una referencia presumida a María Magdalena en los Hechos de Felipe por el nombre, “Miriamne.”

A la luz de la nueva lectura propuesta por Pfann, lo cual seguramente es correcta, la teoría de Simcha evapora en el aire de lo cual salió la teoría en primer lugar (vea mi publicación original), porque resulta que, ni hay una “n” en el nombre MIRIAME.  Como nos muestra Pfann, esto hubiera haber sido una “N” escrita al revés, por lo cual no hay apoyo.

Por lo tanto, el paralelo presumido con los Hechos de Felipe estableciendo la identidad de MIRIAME como María Magdalena queda en el camino.  También queda en el camino la evidencia de ADN, ya que ahora sabemos que por lo menos hay dos personas enterradas en ese osario, una mujer llamada María y otra mujer llamada Marta.  ¿Cómo podemos saber a cuáles de las dos pertenecían los huesos que fueron sometidos a las pruebas de ADN?  Los resultados no comprueban nada en absoluto.

Para resumir, este último descubrimiento suena la sentencia de muerte a la teoría de Simcha que la tumba familiar de Jesús contiene los restos de Jesús, de su esposa María Magdalena, y de su hijo Judas.  También lanza dudas serias de la competencia de los creadores de “el documental de la tumba de Jesús” y sus consejeros.  En vez de ejercer cuidado en la lectura de la inscripción del osario en cuestión, saltaron a conclusiones y leyeron la inscripción de una manera equivocada.  Este es aún más perjudicial porque por su propia admisión, esto fue el elemento central del argumento que la tumba en cuestión contuvo los huesos de Jesús y de su familia.  Con esto, podemos cerrar al argumento una vez por todas.

En un artículo reciente de op-ed (opinión editorial) en USA Today, David Gushee, profesor de ética cristiana en la Universidad Mercer, escriba sobre lo que él llama el “aprieto Palin.” ¿Cuál es este predicamento? Como descubren los lectores de la pieza de Gushee, en realidad el aprieto no es de Palin, sino un dilema que está enfrentado los cristianos evangélicos conservadores: ¿debían apoyar el nombramiento de una mujer a una posición prominente de liderazgo cuyos valores comparten en gran medida? o, ¿debían rechazar su candidatura porque tradicionalmente se han opuesto a las mujeres en posiciones altas? En este dilema Gushee encuentra una ironía deliciosa, una ironía que él usa un artículo completo para aprovechar al máximo, haciendo una serie de preguntas investigadores a los cristianos evangélicos conservadores.

Thursday, April 22nd, 2010

En una publicación reciente de Zondervan, John Oswalt, un erudito desde hace mucho tiempo del Antiguo Testamento y el autor de un comentario sobre Isaías de dos tomos en la serie NICOT, habla sobre La Biblia entre los mitos.  A la luz de recientes libros polémicos escritos por autores como Peter Enns o Kenton Sparks, Oswalt trata de una cuestión importante: ¿Cómo es la Biblia (en realidad, el Antiguo Testamento) parecida a o diferente de otras literaturas ancianas (Cercano Oriente)?  ¿Es, para citar el subtítulo, “una revelación única o sólo literatura anciana?

En esencia, Oswalt argumenta que mientras sin duda existen semejanzas superficies numerosas entre el Antiguo Testamento y otra literatura anciana, en un nivel más profundo de una cosmovisión subyacente, la diferencia es enorme: sólo el Antiguo Testamento interpone un reclamo robusto de una revelación divina, y cómo resultado, sólo los tres religiones que toman su indicio de la Biblia—el cristianismo, el judaísmo, y el islam—mantienen una revelación divina como componentes fundamentales de su cosmovisión.  Este descubrimiento simple, pero profundo trae una claridad muy necesitada al debate. 

Uno de mis partes favoritas de este libro es el capítulo 9, “Orígenes de la cosmovisión bíblica: alternativas.”  Los subtítulos respectivos cuentan el relato: “John Van Seters: El entendimiento de Israel de la realidad surgió como una ficción creativa tardío”; “Frank Cross: El entendimiento de Israel surgió en una prosa reescrita de un poema épico anterior”; “William Dever: El entendimiento de Israel es una imposición de un pequeño élite”; “Mark Smith: El entendimiento de Israel es un desarrollo natural de la religión semítico occidental.”  Entender las vistas alternativas es muy útil, especialmente para los estudiantes.

Sobre todo, el libro de Oswalt destaca en claridad del análisis y la presentación.  Es bien escrito y argumenta y defiende una tesis extremadamente importante: que en un nivel cosmovisión, el cristianismo y el judaísmo, con sus reclamos de la revelación divina, son únicos.  Quizá mi única crítica sea que las referencias mencionadas arriba de Peter Enns o Kenton Sparks son notablemente ausentes.  Esto puede ser porque Oswalt se concentró basicamente en la cosmovisión en vez de temas hermenéuticos o porque su tomo fue concebido anterior a la publicación de las obras de estos otros eruditos. 

En cualquier caso, recomiendo este tomo como un texto suplementario para cursos de estudio del Antiguo Testamento o incluso en cursos de apologético.  Esto es una contribución muy bienvenida en ambos campos, y estoy seguro que el libro de Oswalt encontrará seguidores leales y muchos lectores muy agradecidos.

EL APRIETO DE GUSHEE

Thursday, April 22nd, 2010

En un artículo reciente de op-ed (opinión editorial) en USA Today, David Gushee, profesor de ética cristiana en la Universidad Mercer, escriba sobre lo que él llama el “aprieto Palin.”  ¿Cuál es este predicamento?  Como descubren los lectores de la pieza de Gushee, en realidad el aprieto no es de Palin, sino un dilema que está enfrentado los cristianos evangélicos conservadores: ¿debían apoyar el nombramiento de una mujer a una posición prominente de liderazgo cuyos valores comparten en gran medida? o, ¿debían rechazar su candidatura porque tradicionalmente se han opuesto a las mujeres en posiciones altas?  En este dilema Gushee encuentra una ironía deliciosa, una ironía que él usa un artículo completo para aprovechar al máximo, haciendo una serie de preguntas investigadores a los cristianos evangélicos conservadores.

             Identificándose a sí mismo como un “cristiano evangélico moderado,” Gushee, quien mudó de la Universidad Union a Mercer hace poco, no pierde tiempo en identificar su adversario principal: el grupo conservador CBMW, el Council of Biblical Manhood and Womanhood (el Consejo de masculinidad y femineidad bíblica) quien propaguen en su declaración de Danver una vista “complementaria” de los papeles del género (también menciona que la “Convención de los bautistas del sur” tiene la prohibición de mujeres en servicio como pastoras).  Este enfoque “complementario” encuentra en las Escrituras la enseñanza que los hombres, como padres y esposos, deben ser la cabeza de su hogar, mientras que las esposas son llamadas a someterse a su liderazgo.  Los complementarios también creen que el papel del pastor o del anciano en las Escrituras está reservado para los hombres, basado en la enseñanza de pasajes como 1 Timoteo 2:11–13, que basa tal idea en el orden creado divinamente. 

            Gushee reconoce que 1 Timoteo 2 “aparece prohibir a las mujeres enseñar o tener autoridad sobre los hombres en la iglesia” y que Efesios 5:22–33 “llama a las mujeres ser sujetas a sus esposos,” pero él rechaza esto como “una visión teológica arcaica que daña a millones de mujeres cristianas piadosas y restringe el pleno ejercicio de sus habilidades.”  Él desafía a los conservadores teológicos quienes apoyen a Sarah Palin a reconocer que ellos hayan llegado a ser “plenos igualitarios” en la esfera política, y también señala que, si elegida vice–presidenta, y si John McCain muriera en oficina, Palin “estaría en una posición de autoridad sobre cada hombre en los Estados Unidos como presidenta.”  También él pregunta si, dado que Todd Palin, esposo de Sarah, es la cabeza de su casa, esto significa que la Gobernadora Palin, una vez vice–presidenta o presidenta, tendría que someter a su esposo al ejercitar sus cargos políticos. 

            Es cierto que estas son preguntas astutas, preguntas que, al parecer de Gushee, sean casi irrefutables y a las cuales los cristianos evangélicos conservadores no sean capaces de responder.  Mi propósito en esta breve respuesta no es dirigirme a las preguntas que presenta Gushee (aunque no creo que sean tan irrefutables que Gushee parece creer).  Por cierto, el nombramiento de Palin presenta todo tipo de temas interesantes que requieren más discusión.  Mi preocupación aquí es más bien con el foro que escoge Gushee para su asalto frontal contra sus compañeros cristianos evangélicos (aunque menos “moderados” que él).  He aquí mi pregunta: ¿es apropiado que Gushee busque burlarse de, o por lo menos avergonzarse a, sus hermanos y hermanas en Cristo por sus creencias “arcaicas” en las páginas de un periódico nacional? o ¿es esto el equivalente de creyentes trayendo demandas en contra de otros creyentes en un tribunal mundano, una práctica que Pablo condena en 1 Corintios 6?

            El mundo necesita el evangelio; no necesita ver a los cristianos evangélicos conservadores y “moderados” estar a la greña en un debate polémico público.  ¿Cómo sirven al evangelio el espíritu y el tono de Gushee en su contribución a “El Foro” en las páginas del USA Today?  ¿Cómo sirve para acercar a los perdidos más a Cristo y cómo los ayuda a llegar a un acuerdo con la salvación que él ofrece y el juicio  incurrido por ellos que rechazan lo que Dios ha hecho por ellos en Cristo?  ¿Cómo es caritativo y constructivo ese artículo?  Como lo veo yo, puede ser que los cristianos evangélicos conservadores estén enfrentando con “el aprieto de Palin,” pero por dirigirse al CBMW y los complementarios en su artículo op-ed en USA Today en la manera en que él escoge hacer, Gushee ha creado su propio aprieto.

            Andreas Köstenberger es el director de estudios doctorados y profesor del Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Bautista Southeastern en Wake Forest, Carolina del Norte.  También es el fundador de Fundamentos Bíblicos (www.fundamentosbiblicos.com), un ministerio dedicado a devolver la iglesia a los fundamentos bíblicos en la casa, la iglesia y la sociedad.